La última Estrella de Combate
por Marina Such

No hace mucho, en mi casa hubo un momento de proselitismo pro- Galáctica con el que conseguimos enganchar a dos personas que nunca habían oído hablar de la serie y a las que la ciencia-ficción no les va demasiado. Una de ellas se zampó las tres temporadas en dos meses, en una sobredosis que ni yo me atreví a hacer en su momento, y escuchar cómo pedían ser surtidos de nuevos capítulos para ver por dónde seguía la historia me hizo sentir envidia de esas personas que descubrían por primera vez a los cylones, a los demonios que acechan a Starbuck y la peculiar relación entre el almirante Adama y la presidenta Roslin.

Es evidente que la complejidad argumental y en algunos personajes de Perdidos nos tiene a todos especulando sin cesar y es una de las principales razones de que estemos enganchados a la serie. En complejidad, Galáctica no le anda a la zaga, con personajes llenos de contradicciones, capaces de las acciones más heroicas y de las más ruines, personajes que están en constante evolución y a los que nunca se juzga, y que se encuentran en una situación límite que saca lo mejor y lo peor de ellos. No es fácil contar de qué va para quien nunca la haya visto y las palabras nave espacial y robot le den urticaria. Tampoco servirá de nada repetir la retahíla de parabienes que le han dedicado los críticos estadounidenses, que varias veces la han nombrado la mejor serie del año, algo nada despreciable para una producción que emitida en un canal de cable como Sci Fi, y que han utilizado tantas veces eso de que es la serie más política en antena en EE. UU., que ya se ha convertido en un cliché.

En Serial Killer se preguntaban una vez por qué una serie de estas características no recibió más promoción. ¿La famosa alergia del público español a la ciencia-ficción? Puede ser. Siempre es un buen momento para darle una oportunidad a sus fascinantes cylones humanos, herederos directos de los replicantes de BLADE RUNNER, a sus humanos llenos de contradicciones y a sus evidentes metáforas con el mundo en el que nos ha tocado vivir. Es cierto que, tras un arranque brillante, Galáctica sufrió unos momentos de dudas y tropezones, para encarar la cuarta temporada con la expectación que da saber que la Tierra está al alcance de la mano. Yo no soy imparcial. Junto con Perdidos, es mi máxima obsesión macguffinera, por lo que nunca me cansaré de recomendarla, que es justo lo que voy a hacer a continuación.

Para los profanos que nunca hayan oído hablar de Galáctica, ni sepan cómo empezar a verla, deben tener en cuenta que lo primero de todo es una miniserie de unas tres horas (en dos episodios), que es el remake directo de la serie original de 1978 en la que ésta se apoya. Después, ya vienen las tres temporadas emitidas hasta la fecha (de 13, 20 y 20 capítulos, respectivamente), y la película RAZOR. Entre la segunda y la tercera temporadas se emitieron por Internet diez mini-episodios agrupados bajo el nombre de The resistance, y eso es todo lo que hay. Teniendo en cuenta que la miniserie puede hacerse un poco pesada, si no nos atrevemos a verla para decidir si seguimos con los cylones o no, yo siempre recomiendo echarle un vistazo a 33, el primer episodio de la primera temporada, algo así como un segundo piloto, que establece a la perfección los personajes y el tono de la serie y que es de los mejores capítulos que nos ha dejado la televisión reciente de USAmerica. Y llamadme gafapasta, pero también es preferible la versión original. En el doblaje no sólo se pierde el frak marca de la casa, o el mítico So say we all, también se diluye la chulería de Starbuck, la seguridad (y la voz rasposa) de Adama, la seducción de Seis, la ironía y locura de Baltar...

© Marina Such
(782 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El Diario de Mr. MacGuffin el 28 de febrero de 2008