Redes sociales
por Francisco José Súñer Iglesias

Estas últimas semanas, a raíz de la milésima actualización del Sitio, recibí algunos mensajes respecto a las redes sociales. En uno, por ejemplo, casi se me conminaba a abrir cuenta del Sitio en Facebook porque si no al pobre mortal se le hacía difícil y complicado seguir las actualizaciones, (sip, yo tampoco salgo de mi estupor) y en otro (y no es la primera vez) se me explicaba como tener presencia en Twiter mejoraría mi visibilidad en la red, haría subir el número de visitantes y hasta mejoraría el tema ese del tránsito intestinal.

Ciertamente, es una realidad irrefutable que, tal y como están las cosas a día de hoy, si un proyecto no tiene presencia, o al menos mención, en esas redes sociales su existencia es poco menos que irrelevante, sin embargo, el Sitio sobrevive, pero porque ha logrado su pequeña cuota de prestigio a base de constancia, no por tener el escaparate más grande. Particularmente, y visto el mecanismo obtuso que siguen, soy muy refractario a las redes sociales, en realidad más que a su uso al abuso y su conversión en una especie de mostrador electrónico bastante desconcertante.

Por lo pronto, me parecen muy empobrecedoras. No fomentan la creación de contenido, sino el puro chismorreo. Cuando la blogosfera estaba en auge la gente escribía, creaba, se daba pie a la reflexión un poco más pausada. Una vez que el asunto se redujo a poner enlaces en los muros, fotos más o menos espontáneas o lanzar breves comentarios casi sin elaborar, se pasó del razonamiento al exabrupto.

Al respecto, Twiter, es el rey ¿Quién se puede creer que en 140 caracteres se puede expresar algo más que el boceto de una idea a medio perfilar? Siendo estrictos, al no haber limitación en cuanto al número de mensajes, se pueden encadenar tantos 140 caracteres como se quiera, pero se supone que no es esa la filosofía del invento. De hecho nació como un micro diario, en el que reseñar rápidamente que se estaba haciendo y tan breves como fugaces pensamientos. Ahora se ha convertido en una especie de patio de vecinos en el que todo el mundo grita, a ser posible más alto que los demás, y en el que nadie oye (lee) más de lo que le interesa. Decididamente Tiuster, y dejando de lado reduccionismos simplones, es la mayor máquina de soltar majaderías que ha inventado la humanidad.

Del tiempo que se les dedica tampoco se habla. Ya bastante invierto en la actualización y mantenimiento del Sitio, y me resultaría prácticamente imposible añadir algunas horas más simplemente para atenderlas. No es un detalle nimio, en realidad pocos personajes relevantes, y ninguna empresa o institución, atienden personalmente sus redes sociales, para eso están los social manager, community manager, una nueva generación de portavoces electrónicos que se encargan de responder y actualizar los perfiles correspondientes. En casos hay auténticos equipos detrás de esos perfiles, algo absolutamente normal, aunque haya quien le parezca una falta de respeto. Simplemente no hay persona humana que sea capaz de gestionar el flujo de ida y vuelta que se puede llegar a generar. El Sitio, en su modestia, no generaría un trafico especialmente intenso, pero si lo justo como para comerme un cacho de vida, y a eso no estoy dispuesto. Gracias.

Las redes sociales sirven como mucho, para retransmitir flasazos de ideas apenas intuidas. No esperen de ellos una elaboración paciente de conceptos. El sistema ya lo ha conseguido, no se piensa, se lanzan frases más o menos hechas, más o menos ingeniosas pero sin contenido, y la inmediatez y visibilidad del medio a acabado por minar otras formas de entender la comunicación y, sobre todo, la reflexión.

Dicho todo esto, y pese a todas mis prevenciones y malas experiencias pasadas, no descarto que algún día cambie de idea y vuelva a tener presencia en Feisbuk y abra cuentas en Tuister (¡y hasta Gogleplus), que al menos su misión de tablón de anuncios la cumplen bien, pero no será mañana.

© Francisco José Súñer Iglesias
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