Second Life y la envidia del pene
por Héctor Horacio Otero

Comencé mi segunda vida en Second Life bajo el Nombre de Adamm Dalglish. Como me había inscrito cuando todavía tenía solo dial up, mi primera apariencia fue algo así como es lo que hay, no la elegí, era un punk musculoso con pelo violeta. Así me teletransporté a ver a un amigo, que se había encontrado en el Puerto Madero Virtual con una vecina de Quilmes. Estaban prendidos los parlantes y comencé a escuchar A este lo conocés, boluda, no porque nos acordaríamos, con ese pelo. Hola, hola, que tal. Yo no tengo micrófono, así que me empezó a dar una vergüenza bárbara. Traté de explicar lo que pasaba chateando mientras mi amigo en su casa se iba a abrir su puerta y por lo tanto tenia su avatar inactivo. Qué está haciendo boluda, esté escribiendo a maquina. Eso fue demasiado, un retorno a los 15 años, con la ventaja de que esta vez pude salir volando. Con ayuda de mi hijo de nueve años, mi avatar windsurfeó y planeó con un planeador y con ayuda de mi hija de diez años salí de levante —contra mi voluntad— e incorpore dos bailes tipo caño.

Ya con banda ancha me hice una nueva apariencia, que intenté más acorde. Quede con cara de muñeca de porcelana mofletuda, así que me estoy resignando. Me encontré con una amiga, pero ella nos veía como espantapájaros. Misterios de la red.

Lo que mas me gusto fue una disco llamada Hechicera en Ibiza, porque hay un tobogán de agua; me tire dos veces, de panza y sentado. Ayer a la noche trate de ganar algo de dinero, y logre dos linden dollar por bailar quince minutos en una disco de Money Island. Me parece que también va a ser duro llegar a fin de mes en mi segunda vida.

¿Por qué Second Life te regala un avatar con todos los detalles pero sin genitales? Nadie regala lo que se puede vender...El tema es que visité una playa nudista en Buzios. Mi avatar era una representación políticamente correcta de un varón (lease como un ken de barbie, todo liso por allí debajo). Además de que tontamente trate de representar a mi cuerpo real (parecía un subhumano frente a los otros cuerpos perfectos) los demás tenían algo que yo. Y tenían bastante de ese algo.

Inmediatamente puse en el buscador free penis (se pueden imaginar los lugares que me sugirió); recuerden que solo tengo linden US$2 en mis bolsillos. Me teletransporté a donde me pareció más adecuado. Al llegar, me di cuenta que era un supermercado de penes. Los que parecía mas reales y tenían movimiento y eyaculaban y todos los chiches (había muestras para probarlos) costaban más de linden US$350. Tendría que bailar días para conseguir ese dinero; no estoy tan desesperado (aunque lo consideré, para que mentir).

Así que tomé dos gratis, uno para sexo vertical y otro para sexo horizontal. Ni siquiera tienen mi mismo color de piel (parecen unas prótesis). Tardé en aprender cómo se agregan los adefesios, para luego darme cuenta que si uno se pone ropa encima no los cubre. Por si los necesito para alguna acción (una acción sola en realidad, con variantes a los sumo) me parece bueno tenerlos en el inventario. Si me voy a animar a usarlos en una playa nudista (a decir verdad, no encontré ninguna playa con gente bañándose y asoleándose); dudo que en las playas nudistas caminen señores con tanto espíritu.

Seguí buscando penes gratis (que mal que suena); ahora enfocado a encontrar un pene en reposo para poder usar bajo la ropa (o más como un nudista decente —o cuanto menos, disimulado—). Llegue a un lugar donde regalaban de todo (menos penes) y me envicié: avatar de Darth Vader, de extraterrestres varios, etc. En cierto momento tenia cabeza de conejo tapada por un casco de dragón metálico, cuerpo de mujer y accesorios de pirata; no sabía como sacármelos. Perdí a mi alter y ego y quedé musculoso y con pelo verde largo y abandoné mi búsqueda. La red me había producido algo habitual en mí: ansiedad y frustración.

Si vuelvo a Second Life (ya se me paso un poco, es como la prehistoria de la realidad virtual, algún día va a ser fantástico pero aún no —aunque alguien lo tiene que ir probando—) me conformaré con ser un ken. Si hace falta algo especial, tengo el inventario.

© Héctor Horacio Otero
(867 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ficción científica el 7 de agosto de 2015