Los klingon prefieren Max Factor
por Marina Such

Seamos realistas. Una de las razones por las que mucha gente no quiere ni oír hablar de series de ciencia-ficción es el maquillaje lisérgico de sus personajes alienígenas. No sé si esto empezó en Star Trek (¿el LSD se llevaba en el siglo XXIII?) o en aquel Flash Gordon en blanco y negro donde Flash llevaba un disfraz de Robin Hood, pero suele ser un argumento definitivo en su contra. Y, muchas veces, no les falta razón.

La trama puede ser muy seria y estar bien hilada y contada, los personajes pueden ser profundos y complejos, pero si cazas un capítulo suelto y lo primero que te encuentras es un tipo con antenas en la cabeza y pintado de azul celeste (como uno de los alienígenas de un episodio de Star Trek: Enterprise que vi de casualidad), tienes que ser muy fan para no cambiar de canal (y terminar viendo a los marcianos sin maquillaje de los programas del corazón). Sí, son prejuicios, los mismos que me han mantenido alejada de BRAVEHEART porque no soporto a Mel Gibson, pero a la hora de decidir qué vemos, muchos nos movemos así.

Babylon 5 podrá ser una obra muy seria, pero las pintas de Mira Furlan, por ejemplo, en esa serie son de campeonato. Y algunos de los extraterrestres de Farscape (que tengo por ahí, en nevera) son de tienda de parque temático. No lo neguemos. Buscando el exotismo (y movidos por la pléyade de monstruos raros de Star Trek y LA GUERRA DE LAS GALAXIAS), estas series deben tener siempre un gran cuidado en que, por culpa de la combinación de los peinados de la blaxploitation con el catálogo de Titanlux, nadie las tome en serio y puedan llegar a caer en el ridículo.

Hay muchos más alenígenas de carnaval por ahí, en Torchwood, por ejemplo, y en las series de la franquicia Stargate (otro ejemplo), pero tampoco vamos a hacer sangre. Porque ellas lo valen.

© Marina Such
(411 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El Diario de Mr. MacGuffin el 31 de agosto de 2007