El misterio de la fuerza
por Enric Quílez Castro

Decía una vez Miquel Barceló que la saga de Star Wars no sería lo que es sin la Fuerza. Ese elemento misterioso es tal vez el mayor atractivo argumental. Porque vaya, batallitas en el espacio, bares tugurio, emperadores malvados y héroes desinteresados los hay por doquier.

Sin ser un fanático de la saga de George Lucas, creo que lo que le da ese aura especial a las películas, especialmente a las tres primeras que filmó, es la increíble combinación de elementos tomados de otras series o mitologías.

En primer lugar, el escenario: un Imperio galáctico corrupto y decadente claramente inspirado en el Imperio galáctico asimoviano, que ha devenido tras la agonía de una república no mucho menos corrupta y decadente.

En segundo lugar, unos guardianes defensores —los Jedi— dotados de misteriosos e increíbles poderes y habilidades que también resultan afectados por la decadencia de la República a pesar de que parecen vivir en su mejor momento.

En tercer lugar, una estética claramente futurista, creada especialmente para la saga, con increíbles naves espaciales, desde cruceros inmensos, naves-planeta (como la Estrella de la Muerte), pasando por los maniobrables X-Wings.

En cuarto lugar, una mezcla de humanos y de alienígenas, que conviven en una especie de paz metaestable. Aunque donde se desarrollan las primeras películas no es en la sofisticada capital, Coruscant (un remedo de Trántor, la ciudad-planeta), sino en planetas desérticos, o helados o boscosos, habitados por extraños seres.

No en vano, muchos han dicho que Star Wars no es propiamente ciencia-ficción, sino una serie de películas de vaqueros ambientados en el espacio, con sus antros y sus duelos a pistola y a sable de luz.

Pero hay mucho más. La orden Jedi es una especie de orden religiosa, de una filosofía claramente oriental, parecida a la del budismo y una parte de la iconografía de la serie, como los sables y la máscara de Darth Vader, parecen claramente inspirados en los samurais japoneses.

Y de por medio, está la Fuerza. Esa cosa misteriosa, a medio camino entre lo inexplicable y lo fantástico, que lo vuelve todo aún más atractivo. Es por ello que creo que una de las pifias de la segunda trilogía fue tratar de explicar racionalmente la naturaleza de la Fuerza con el rollo espantoso de los midiclorianos.

En fin, en cualquier caso, la segunda trilogía potencia en algún caso elementos propios de la tragedia griega: los dos gemelos separados al nacer, el padre traicionado que se quiere vengar o la dualidad entre el bien y el mal que no acaba de estar tan clara como inicialmente parece.

© Enric Quílez Castro
(495 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 14 de agosto de 2008