El futuro en que vivimos
18. Soportes eternos
por Luis Del Barrio

Me he enterado hace poco que el parlamento británico consigna y archiva las leyes que aprueba en vitela, es decir, un tipo de pergamino de muy alta calidad fabricado con las finas pieles de animales jóvenes o no muy grandes. La razón es que es un material que, bien conservado, apenas sufre el paso del tiempo. Al no incluir productos químicos que se vayan descomponiendo, o peligrar a causa de la humedad o extrema sequedad ambiente, la vitela es prácticamente eterna. Eso significa que los archivos del parlamento se remontan al siglo XV, e incluso se conservan documentos anteriores en perfecto estado.

No es que los británicos tengan una especial habilidad para conservar el pergamino, hay ejemplos de viejos documentos en las bibliotecas de casi cualquier monasterio antiguo que visitemos, la Biblia de Gutemberg se imprimió sobre pergamino, hasta el buen papel bien conservado ha aguantado siglos en sacristías y despachos parroquiales. Lo que hace diferente a esta costumbre es que tiene como objetivo fundamental la preservación del archivo por los siglos de los siglos (o mejor, el tiempo que se pueda).

Hace poco leí CIBERTORMENTA, una novela que demostraba lo dependientes que nos hemos vuelto de la tecnología y lo realmente frágil que es esta. Basta con un simple apagón para que perdamos el acceso inmediato que tenemos ahora los cientos, miles, millones de documentos y datos que hacen de nosotros lo que somos.

Por lo pronto, lo primero que perdemos es el dinero. Excepto la calderilla que llevemos en el bolsillo, el resto de nuestra fortuna es un apunte electrónico en las bases de datos del banco. La tarjeta, por si misma, no es dinero, es la llave que nos da acceso a él.

También perdemos nuestro historial médico. Al menos en Madrid, y si no hemos tirado los informes que el médico nos ha ido dando a lo largo del tiempo, no tendremos pasado y cualquier diagnóstico será nuevo sin poder apoyarlo más que en los vagos recuerdos de enfermedades pasadas.

Perderemos todas nuestras fotos que tengan más de diez años. Digo diez por decir algo, pero... ¿cuánto tiempo hace que no relevas una fotografía? Puede que alguna señalada o algún libro conmemorativo, pero todas las demás están en ordenadores y móviles.

Perdemos pues el acceso a la nube, y con él a una parte importante de nuestro patrimonio, al conocimiento global y muchos de nuestros datos.

Estos son ejemplos obvios, hay más cosas que dejarían de existir, como este mismo artículo (del que solo hay copias digitales). Eso no va a suponer una gran pérdida para la humanidad, pero dentro de su pequeñez es un buen ejemplo.

Pero el apagón es solo un ejemplo extremo. Hay problemas no tan espectaculares, pero en absoluto menores. El tema de los formatos es el más comentado.

Tengo cosas almacenadas en disquete que ya doy por perdidas. Por un lado ninguno de los PCs y portátiles que hay por casa tiene disketera, es decir, tendría que pedir un favor a alguien o intentar conseguir alguna (las USB salen por unos 15-20 Euros, lo acabo de mirar) en caso de necesidad, pero con el peligro de que el propio diskette haya perdido propiedades y ya no sea legible. De momento, con los CD y DVD no hay tanto problema, pero ya la mayor parte de los portátiles (si no todos) se venden sin ellos, así que de nuevo a tirar de USB (un poco más caros, de 20 a 30 Euros), es igualmente la durabilidad de esos sandwich de aluminio y policarbonato no es eterna. Incluso las tarjetas de memoria son un quebradero de cabeza los formatos físicos son casi infinitos, CompactFlash, SmartMedia, Memory Stick, xD, MMC, SD... a lo que hay que añadir las sucesivas generaciones de cada modelo que se hacen casi imcompatibles entre si. De nuevo lector universal USB (entre 8 y 15 Euros), y encima con el peligro de que con el tiempo se van haciendo cada vez menos fiables hasta quedarse fritas del todo, sin posibilidad de recuperación.

En cuanto a los formatos lógicos estamos en las mismas, las sucesivas generaciones de programas de ofimática han dejado un rastro de formatos bien largo. Las aplicaciones modernas, son bastante competentes a la hora de recuperarlos, al menos los formatos más exitosos, ¿pero alguien se acuerda de los formatos WDB. Era el de las bases de datos del paquete integrado Microsoft Works. Hace poco tuve que recuperar uno (¡Si! ¡Desde un disquete!) y perdí toda una tarde entre el rescate del archivo y la posterior odisea para abrirlo y convertirlo.

Este es un peligro del mundo digital que ya está más que denunciado, que los viejos formatos se vayan haciendo cada vez más difíciles de leer porque ya nadie sepa como hacerlo, y así, se pierda irremediablemente su contenido. Lo ideal sería que los únicos formatos de archivo usados fueran estándar, abiertos y sin control, o mejor dicho, sin control por parte de una empresa privada, que obviamente solo querrá sacar beneficios del mismo, sino por parte de un organismo de carácter público o al menos de carácter no lucrativo, como la Organización Internacional de Normalización, IEEE o ECMA.

No es extraño entonces que el parlamento británico siga recurriendo a la piel de becerro curtida. Mientras haya alguien que sepa leer inglés, esos documentos nunca se convertirán en restos indescrifables. Como las inscripciones de Mohenjo-Daro, y esas están inscritas en piedra.

© Luis Del Barrio
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