Mil
por Francisco José Súñer Iglesias

Soy poco de marcarme metas, hitos u objetivos. Soy más de tareas. Hay que hacer aquello, se hace, lo otro, también, ¿cuando? cada cosa a su tiempo. La cuestión es que esas tareas no me las impongo, y procuro que tampoco me las impongan, van surgiendo o bien son inherentes a una actividad (¡Ay! El trabajo), o una forma de gestión, como es el cuidado de la casa. Quizá por esa orientación al hacer en vez de al llegar tengo cierta capacidad para embarcarme en proyectos de larga duración. De los veintiocho años que llevo en mi empresa soy responsable de algunos proyectos que ya duran casi quince, obviamente por su utilidad, pero tampoco creo que haya duda que mi capacidad para hacerlo, de lo contrario ya se los habrían dado a alguien más idóneo.

Esa virtud es la que ha conseguido que no me haya sido especialmente gravoso llegar hasta esta milésima actualización semanal, consecutiva e ininterrumpida, del Sitio de Ciencia-Ficción.

Una vez alcanzado un ritmillo gorrinero y trotón, ni muy rápido ni muy intenso pero fácil de mantener, creado una comunidad (como se dice ahora) de colaboradores más o menos estable, automatizado la mayor parte de los procesos automatizables y siendo bien consciente del lugar del Sitio en el mundo, solo tengo que dedicarle algunas horas, tampoco demasiadas, a las tareas (¡aja!) de búsqueda y selección de material, edición de los textos y gráficos y despacho de la correspondencia para tener lista la actualización correspondiente a la semana en curso.

Sin estridencias, sin golpes de pecho, ni encendidas declaraciones de intenciones, sin más alharacas que algún ocasional articulillo de autobombo que me permito en fechas señaladas, como esta.

Los más viejos del lugar recordarán cuando tal o cual promotor lanzaba su web o revista con enardecidos manifiestos para un mundo mejor y con la firme intención de cambiar para siempre la percepción de la humanidad sobre la ciencia-ficción. Algún rastro queda por ahí.

Paradójicamente, lo que muchas veces mata a un proyecto son las grandes expectativas que se ponen en él y que finalmente no se cumplen, puede que por la carencia de tiempo, material o interés, o simplemente porque sus promotores no están a la altura. El Sitio, al no tener objetivos, se ha adaptado a lo que había en cada momento, consiguiendo algo bastante difícil; sobrevivir por si mismo (vale, por mi mismo, pero es que alguien tiene que darle a la tecla) sin grandes pretensiones, sin perseguir excelencias insostenibles. En alguna ocasión he tenido que ver, ojiplático, como se me reclamaba no se que extraña responsabilidad hacia no se muy bien quien o que. Durante todos estos años solo he tenido una cosa clara: ofrecer un soporte digno a los artículos de los colaboradores, para que a su vez los lectores tuvieran oportunidad de leerlos cómodamente. Creo que lo he conseguido.

Lo único que se le puede reprochar actualmente al Sitio y a mi mismo (aparte de no dejarme llevar por las modas del diseño web) es que, como ya exprese no hace mucho, es un portal conceptualmente estancado en una forma de entender la difusión de la literatura tal y como se hacía hasta la primera década de este milenio. Hoy día, con la extrema trivialización y evanescencia de las redes sociales, y su cada vez mayor orientación al audiovisual puro, solo un grupo de aficionados, de edad ya tendiendo a provecta, siguen con algún interés las publicaciones de este estilo.

¿Me preocupa? Hace algunos años, cuando mantenía una actitud más beligerante seguramente si, ahora es una cuestión que no me quita el sueño ni las ganas de comer, sobre todo porque el Sitio ni me da de comer ni me quita horas de sueño. Es un proyecto personal que he sido capaz de mantener nada más que por el placer de hacerlo. Y así puedo seguir durante muchos años más.

© Francisco José Súñer Iglesias
(748 palabras) Créditos