Especial Decimonoveno Aniversario
Propaganda galáctica
Especial Decimonoveno Aniversario
por Jesús Poza Peña

Todo este tema de la Luz y la Oscuridad de la Guerra de las Galaxias siempre me ha parecido bastante raro. Y a falta de ver el último huevo de oro de tan prolífica gallina, me atrevo a fantasear un poco con la subtrama política que envuelve toda la saga (o sagas).

Ya se sabe que la Historia la escriben los vencedores, y que el ánimo de revancha de estos suele ser voraz, como podemos comprobar estos días los madrileños con toda esta envilecida persecución a la que el Ayuntamiento está sometiendo a los nombres de las calles. Es una concepción maniquea del mundo que, evidentemente, es la base del universo Star Wars. Pero permitan mis lectores este juego como mero entretenimiento post vacacional.

Para comenzar, todo el tema del Lado Oscuro (o Reverso Tenebroso) resulta sospechoso de por sí. Porque, ¿quién desearía unirse a una cosa llamada Lado Oscuro? Nadie en su sano juicio. Es como cuando durante la traída Guerra de Irak, se hacían encuestas preguntando a la gente si estaba a favor de la guerra. ¿Pero quién va a declararse en favor de la guerra? Habría que ser imbécil. Pues lo mismo. Lado Oscuro es el término que los que se llaman a sí mismos Lado de la Luz usan para denostar a sus rivales políticos. Pura propaganda socialista.

Sí, socialista. La República Galáctica recuerda mucho a los regímenes socialdemócratas europeos que, como diría Hayek, están constituidos por socialistas de todos los partidos. Gasto expansivo, estados hipertrofiados, corrupción e intervención estatal hasta en la sopa. Y todo ello controlado desde las sombras por una religión que si bien dice abogar por la paz y el entendimiento, van bien armados con espadas láser, y utilizan sus poderes mentales para decantar delicadas negociaciones del lado de la República. Guardianes de la paz en la galaxia. Si eso no es una policía política, yo soy chino.

Observemos un comportamiento objetivo de unos de estos guardianes de la paz y la bondad. No hay crimen más atroz en Star Wars que el que Obi Wan Kenobi perpetra contra Anakin Skywalker. Tras valerse de sucias artimañas para localizarle, y poner a su amada en su contra con perniciosas mentiras, no sólo le corta las piernas dejándolo lisiado de por vida, sino que, insensible a su sufrimiento, deja que se queme vivo ante sus propios ojos, sin mover un músculo, y luego, en lugar de otorgarle la misericordia de la muerte, simplemente se marcha de allí, dejándolo para que muera víctima de las heridas, agonizante y en medio de dolores terribles, como tratando de quitarse en encima la responsabilidad de su asesinato. Después de un episodio como éste, ¿puede a alguien extrañarle el odio que Darth Vader siente hacia Obi Wan y la Orden Jedi? Es más, el propio Vader insinúa que Obi Wan tiene algún interés muy poco honesto para con su amada Amidala. Y es llamativo que Kenobi se quede a velar (más bien a corromperle con propaganda política) por Luke en Tatooine. Obi Wan se muestra muy paternal con Amidala y Luke, incluso acaricia a aquella mientras está desvanecida, después de asesinar a Anakin. ¿No será que hay algo aquí que la Historia oficial no cuenta?

Y es que el diablo está en las palabras. Mientras la República es buena, el Imperio es malo. República eran las dos Alemanias (al menos sobre el papel), pero precisamente aquella que se hacía llamar Democrática, no tenía ni rastro de democracia ni de libertad en su territorio. República era la del 31, aquella en la que se quemaban edificios religiosos y el escrache era el modo de vida de una mitad de los españoles perseguidos por la otra mitad. Y sin embargo, para gran parte de la población actual, aquel desastre es visto hoy como una especie de Arcadia a la que es necesario regresar por todos los medios. Propaganda galáctica.

La República tiene un Canciller (sí, débil y corrupto) que anda buscando no se sabe qué negociaciones con los sistemas separatistas. Esto, lógicamente, clama al cielo para muchos ciudadanos. La situación se tensa hasta que resulta imposible la convivencia en la galaxia, y entonces aparece un Espartaco. El Emperador. Éste es fuerte, impone el orden con mano de hierro. Acaba con los conspiradores Jedi, separa el poder del estado del de la religión. Evidentemente no es un liberal, sino un autócrata, pero gracias a él, la galaxia no se desmiembra y termina la Guerra Clon, una contienda civil que amenazaba con destruir la milenaria unidad de la galaxia. Obviamente, los colaboradores del antiguo sistema son perseguidos, pero por lo demás la gente vuelve a sus quehaceres y la vida sigue.

Pero, ay, algunas facciones remanentes del misticismo Jedi urden una trama para derrocar al tirano. Por medio del terrorismo, actuando de manera encubierta y traicionera, la Alianza Rebelde, pretende volver a imponer su sistema sectario. Cosa que sólo consiguen por medio de la más abyecta traición. Manipulando los sentimientos del más cercano colaborador del Emperador, al que ataca por la espalda cuando éste está... Ejem... Distraído.

Y lo demás es Historia. Escrita por los Jedi y sus seguidores. Ya tenemos de nuevo la República. Corrupción, enchufismo, despilfarro y misticismo. Cuidado con esos hombres buenos que vienen a salvar la Galaxia. Ya lo dijo el viejo Palpatine: debemos actuar, los Jedi son implacables. En fin, todavía habrá alguno que se tome en serio el artículo y deje el cometario de turno. No digo más. Yo me hago del Imperio. Que la Fuerza os acompañe.

© Jesús Poza Peña
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Jesús Poza Peña es escritor