Especial Decimonoveno Aniversario
Política
Especial Decimonoveno Aniversario
por Jacinto Muñoz

Política. Considerando este términino en en su sentido más amplio, en la ciencia-ficción abunda la política. Salvo que hablemos de de náufragos perdidos en el espacio, de misántropos solitarios, de incomprensibles inteligencias artificiales desconectadas de toda realidad, de... Está bien, se pueden señalar un montón de excepciones, pero muchos más casos donde nos encontramos con sociedades y relaciones entre seres inteligentes, o sea política, abundante política, en la ciencia-ficción y en cualquier otro género.

Cierto, esta afirmación es una tontada, sí, una tontada que me sirve para enfocar el tema del artículo: el ser humano en un ser social y la gran mayoría de sus historias, inventadas o no, transcurren en mundos con sus estructuras de gobierno, sus leyes, sus costumbres, sus conflictos, etc. Si dicha historia se sitúa del presente hacia atrás, usamos lo que ya existe, para criticarlo, explicarlo, ensalzarlo o porque está ahí y no se puede obviar. Si vamos hacia adelante surgen nuevas opciones, se abre margen a la imaginación, a planteamientos diferentes, a otras formas de organizar la cosa pública, a la novedad, a la ciencia-ficción, aunque la mayor parte de las veces no se imagine mucho, porque la intención del autor no vaya por ahí o la trama no lo necesite y baste con tirar lo de siempre, cubierto con más o menos capas de barniz futurista.

Que no se entienda esto cómo una crítica, tal camino nos arrastraría al muy manido debate de si la ciencia-ficción, para ser seria, debe o no perforar con pulso firme y mirada penetrante lo que está por venir y no se trata de eso. El senado galáctico de Star War s es cómo cualquier otro, con más gente y escaños que vuelan, el emperador es un tirano malvado más, que dispara rayos con los dedos y toda la saga, con sus grandes altibajos, es una magnífica serie de aventuras sin que necesite, para engrandecerla, argumentar que aporta puntos de vista originales al viejo conflicto entre bien y el mal, imprescindible motor de relatos desde el principio de los tiempos.

Bien, lo reconozco, he entrado en el manido debate, dejémoslo ahí y saltemos a otra idea que surge de la afirmación anterior: La política y los políticos, son malos. Otra simpleza que, por desgracia para materia de la que hablamos, tanto vale para una novela futurista cómo para la España y el mundo actual y que, además, no es cierta. La política no es mala ni buena, es necesaria y los políticos también, aunque el poder corrompa y su erótica atraiga a individuos de dudosa catadura. Pero la idea da para algo más, para señalar la ingente cantidad de ficciones donde las estructuras de gobierno adoptan ese papel. El héroe, para serlo, debe enfrentarse a la autoridad, así de claro, los que están arriba, quieren seguir estándolo y eso implica que los de abajo, sigan estando abajo y suban un poco sólo, y sólo sí, ellos suben bastante más: en el juego de tronos o ganas o mueres. ¡Vade retro! He cometido perjurio, esta frase es de otro género y he vuelto al principio: las pérfidas estructuras de dominio, las puede usar cualquiera.

¿Dónde está lo particular, lo específico de nuestro amado género? ¿En los grandes imperios, repúblicas y estados galácticos? Pues sí, aun contradiciéndome un poco, es patente que ningún otro los tiene tan grandes. ¿En la ciencia y la tecnología, objetivas y certeras, cómo garantes del buen gobierno? Sin compartir del todo esa premisa, también esta vía de especulación es muy nuestra. ¿En la compresión del otro, la fusión de mentes y realidades hasta alcanzar la paz y la felicidad, bien por nuestra propia evolución bien con la ayuda de bondadosas IA o entidades alienígenas? Otra idea que nos podemos apuntar sin complejos y a poco que pensemos hallaremos otras muchas, que me dejaré en el tintero porque quiero terminar con dos términos, uno aceptado por el DRAE el otro no, que todo conocéis: utopías y distopías.

Sí, de nuevo hay que reconocer que no pocos cultivan en el mismo campo, es seguro que el bueno de santo Tomas Moro no se consideraba un escritor de ciencia-ficción y puede que Orwell o Huxley, tampoco, aunque la escribieran, Bradbury, sin duda lo era y con él, completamos las tres grandes y las tres son de ciencia-ficción y las tres distópicas, quizá por que el pesimismo es inherente al ser humano, quizá por avisar de lo peligros que nos acechan o quizá porque hace años que trocamos el optimismo tecnológico por su lado oscuro, contaminante y destructor. Quizá por todos estos factores y alguno más, pero no os preocupéis, la historia tiene sus ciclos.

© Jacinto Muñoz
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Jacinto Muñoz es colaborador habitual del Sitio