Especial Decimonoveno Aniversario
Tres futuros y una realidad
Especial Decimonoveno Aniversario
por Antonio Quintana Carrandi

Existe la creencia, entre gente poco o mal informada, de que la ciencia-ficción literaria seria pretende predecir el futuro o algo así. Nada menos cierto. Los buenos autores de nuestro género saben que tal pretensión no es más que una quimera. Lo que hicieron los nombres señeros de la ciencia-ficción escrita fue tomar una situación contemporánea, magnificándola hasta el extremo y situando la acción de sus obras en un futuro más o menos lejano, con la sana intención de prevenirnos sobre los derroteros que podría tomar nuestra civilización si se llevaban hasta sus últimas consecuencias ciertas actitudes. En lo que se refiere a los sistemas políticos futuros imaginados por la literatura de ciencia-ficción hace varias décadas, hoy pueden parecerle exageradísimos e incluso delirantes a un lector poco avezado, pero en su día fueron obras muy actuales, que criticaban ciertas lacras y defectos de las sociedades y épocas en que fueron escritas, serias advertencias acerca del cariz que podían tomar las cosas si no se ponía remedio a tiempo.

FARENHEIT 451, 1984 y MERCADERES DEL ESPACIO son tres novelas que ejemplifican muy bien lo que acabo de explicar. Las tres describen un futuro siniestro marcado por el totalitarismo, aunque hay grandes diferencias entre ellas. En la primera, el maestro Bradbury, preocupado por el alarmante descenso del número de lectores en una época en que la caja tonta comenzaba a hacer furor, describe una sociedad futura en la que los poderes fácticos, utilizando la televisión como instrumento para adoctrinar y controlar a la masa, casi han logrado erradicar la palabra escrita, los libros, anulando así el pensamiento crítico y por tanto libre de los ciudadanos. La segunda es una visión apocalíptica del futuro inmediato de la humanidad. Escrita por George Orwell como una crítica despiadada de los totalitarismos, en su momento tuvo un impacto tremendo, habida cuenta de que los sistemas políticos imperantes en Eurasia, Estasia y Oceanía recordaban no poco al nacionalsocialismo hitleriano, al estalinismo y al maoísmo, doctrinas ideológicas que postulaban la sumisión absoluta del individuo al Estado. El nazismo había desaparecido tras la II Guerra Mundial, pero en el momento en que apareció 1984 el mundo vivía atemorizado por la llamada Guerra Fría y la amenaza que representaban la China comunista y la URSS, dos sistemas totalitarios y expansionistas, en los que la sociedad civil había sido eliminada del mapa, y cualquier atisbo de individualismo era cruelmente castigado. Orwell fue mucho más lejos todavía, y describió un mundo donde las personas eran sometidas a estrecha vigilancia por el poder. En cuanto a la tercera novela, firmada por Frederik Pohl y C. M. Kornbluth, puede considerarse que se halla en las antípodas del relato de Orwell, pues presenta una sociedad en la que se ha impuesto el capitalismo más salvaje, con todos los defectos inherentes al mismo exacerbados hasta límites casi esperpénticos.

Evidentemente, estas tres novelas pueden parecer simpáticas exageraciones leídas hoy. Pero si he escogido estas tres obras por encima de otras, es porque abrigo el convencimiento de que, al menos en parte, han anticipado algunos aspectos de nuestra realidad actual, y sospecho que esa era una de las intenciones de sus autores.

Ninguno de los futuros descritos en FARENHEIT 451,1984 y MERCADERES DEL ESPACIO se ha convertido en realidad, pero las sociedades actuales, sobre todo la occidental, poseen algunos rasgos apuntados por Bradbury, Orwell y el dúo Pohl / Kornbluth. La televisión ostenta un poder tremendo, y es de hecho una verdadera maquinaría de crear opinión, inteligentemente utilizada por los politicastros. Aunque presumiblemente no alcanza las cotas de 1984, la vigilancia y control de los ciudadanos es cada vez mayor, dicen que en aras de la seguridad. En principio no debería haber problema, pero ¿dónde se ponen los límites, y quién vigila a los vigilantes? La amenaza del terrorismo islamista nos obliga a extremar las medidas de seguridad, pero ¿quién nos asegura que dichas medidas no van a ser utilizadas por el poder con otros fines menos nobles? Decía Benjamin Franklin que quienes sacrifican su libertad en aras de su seguridad, acabarán por no tener libertad ni seguridad. Quizá deberíamos aplicarnos el cuento, porque, si seguimos como hasta ahora, el Gran Hermano —y no me refiero a la vomitiva astracanada de Tele 5 — podría convertirse en una triste realidad.

He dejado para el final la obra de Pohl y Kornbluth, sencillamente porque es, a mi juicio, la que describe un futuro más acorde con lo que estamos viviendo ahora. El liberalismo ha enterrado al comunismo, y hasta la socialdemocracia ha adoptado muchos de sus postulados, aunque en tiempo de campaña electoral se niegue cerrilmente este hecho y se arremeta con furia visigoda contra todo lo que huela a liberal, asociado con eso que llaman la derechona. El liberalismo tiene muchas virtudes, pero también no pocos defectos que se han exacerbado en las últimas décadas. Su defensa del libre mercado es encomiable, pero debe haber unos límites, y el neoliberalismo, corriente extremista de la ideología liberal que va imponiéndose poco a poco, rinde pleitesía al capitalismo más salvaje, sin limitaciones de ninguna índole, al beneficio comercial puro y duro asumido como un fin en sí mismo, y no como un medio para desarrollar una sociedad más rica, justa y equitativa. Todavía no hemos llegado a los extremos planteados por Pohl y Kornbluth en su novela, a Dios gracias. Pero eso que se ha dado en definir como los mercados, y que dicta muchas de las normas por las que nos regimos, va asemejándose cada vez más a lo descrito por el tándem de autores en MERCADERES DEL ESPACIO. Que la sociedad de consumo ha triunfado es algo que ya sólo los idiotas discuten. Pero lo preocupante no es eso, sino que, a tenor de lo que está ocurriendo, parece que este proceso no va a tener freno, que el consumismo desaforado va a convertirse en la principal seña de identidad de Occidente, inducido y alimentado por una poderosa maquinaria publicitaria controlada por las grandes corporaciones comerciales. Los paralelismos entre lo descrito en MERCADERES DEL ESPACIO y nuestro mundo occidental actual son más que evidentes y en igual grado preocupantes. Con las debidas salvedades, creo que, en cierta manera al menos, el futuro imaginado por Kornbluth y Pohl ya está aquí.

Los escenarios políticos planteados por la literatura de ciencia-ficción parecen estar lejos de nosotros, por fortuna. Sin embargo, nuestro mundo actual posee no pocas de las características imaginadas por los autores citados en las novelas mencionadas, siendo, a mi parecer, Kornbluth y Pohl los que más se han aproximado a nuestra realidad cotidiana, describiendo un totalitarismo comercial y consumista que, por desgracia, sospecho se encuentra, como quien dice, a la vuelta de la esquina.

© Antonio Quintana Carrandi
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Antonio Quitana es colaborador habitual del Sitio