Especial Decimonoveno Aniversario
(Algunas) visuales distopías felices de la ciencia ficción
Especial Decimonoveno Aniversario
por Dante de Marco

Aceptando que el género de la ciencia-ficción abarca ámbitos distintos a los que usualmente se le atribuyen, la página impresa, un repaso a políticas de fábulas de ciencia-ficción, fuera de las letras, muestra interesantes ejemplos de formas de gobierno cuyo impacto podría ser mayor entre los lectores merced a la fuerza de la imagen. Algunos supuestos respaldan mi apreciación.

No son tantos los lectores, o potenciales lectores de buen ánimo, dispuestos a zamparse los entresijos de una saga como la Fundación, de Asimov, que, por ende, hallase tediosa, o falta de brío. Para entendidos muy metidos en el género, que hasta aprecien tener dosis tan espaciadas, como insignificantes, de ¡acción! La imagen está obligada a contentar a un pueblo llano que busca ocio tras un fatigoso día laboral. Y lo último que desea es un dramón futurista de altiva alta burocracia, cuando en el canal siguiente, o cine adjunto, echan STAR WARS. Va al meollo sin tanto discurso prepotente, o artificioso suspense.

Menos sustancioso en lo intelectual, a priori, pero divertimento más sano y digestivo para el común de los mortales. Un problema del género —extendido a otros estratos de la Literatura— es que empieza a parecer coto vedado a un escogido puñado de entendidos que van trocándolo materia de adoración exclusivista, algo que solo ellos pueden manipular. Esos adustos doctores vituperan apuestas más circenses —que ciertamente las hay deleznables/deplorables— por su falta de garra intelectual; ven en el arrollador espectáculo forma de desprestigiar un noble arte, prostituirlo así incluso. Lo profundo, aunque tedioso, aun depresivo, confiere al género suntuosidad entre regia-sacramental que lo encumbra, situándolo entre las grandes piezas de la Literatura.

Pero una imagen vale por mil palabras. Y un repaso hasta somero evidencia qué querencia siente la ciencia-ficción por el fracaso, la distopía, el triunfo del neofeudalismo, sea el nobiliario de La casta de los Meta-Barones, o el Corporativo manifiesto, en su conjunto, en obras cyberpunk de William Gibson o Walter Jon Williams.

Entre las más interesantes a destacar, dentro del vario campo de la imagen-viñeta que transmitiera el mensaje con mayor contundencia e intensidad que mil floridos párrafos, encontramos Judge Dredd y V de Vendetta. A modo: obras concordantes y antípodas.

Al primero puede definírsele la distopía por excelencia. Su andadura por estos años de publicación han ido construyendo un siniestro y sarcástico Universo criptocrático procedente de una tortuosa guerra que liquida la Presidencia norteamericana, reemplazándola un Consejo de Jueces que, a modo, defienden un palio de libertades democráticas. Joe Dredd, el protagonista, va mostrándonos las mil y una nuevas maneras delictivas existentes en la Mega City One habitada por seiscientos apretujados millones de ciudadanos, situados por la Tierra Maldita radiactiva del otro lado del muro que los contiene, más que protege, de sus exóticos peligros mutados.

Este muro podría entenderse también muralla de prisión donde un Juez, con poderes legislativos y ejecutivos, además de judiciales, puede imponer su criterio indiscriminadamente, con escaso derecho a defensa o réplica. El serial El día en que murió la Ley lo muestra. Judge Cal, trasunto de Calígula, convierte Mega City One en un gulag. Mediante sutil control subliminal, transformó a los Jueces en carceleros/verdugos, adictos a su poder quasi divino.

El terco Dredd le combate liderando una fuerza minúscula de rebeldes. Pero los autores de los guiones avisan que el poder presidencialista es un virus del que los demócratas, aun sus feroces protectores, no están inmunizados.

Designar a Judge Dredd la distopía definitiva procede del que, siendo un futuro automatizado que viaja a Mundos Exteriores, la Tierra es un páramo radiactivo; la población global se concentra en macrourbes criptocráticas, los bloques antagónicos de la Guerra Fría persisten, y para alimenta a tanta desempleada población —un paro del noventa por ciento—, consumen sus cadáveres, servidos a la ciudadanía en raciones de marca blanca. Ideal futuro, ¿eh?

La importante HI-TECH que les abriga no puede proporcionar ese mundo feliz que novelas como LA FUGA DE LOGAN anticipan. Sólo alienan más al ciudadano, cuyas opciones las limita la sombra autocrática de un Juez, que puede encarcelarte por estar pluriempleado... o por capricho.

La otra distopía feliz con favor creciente es V de Vendetta. No creo que la causa de su notable ascenso deba explicarse. Es llamativo que V de Vendetta formase parte de un intrascendente lote de narraciones gráficas ochenteras, que la fuerza acumulativa de la popularidad de Alan Moore ha entresacado para deleite de los snobs. En su momento, desposeía este actual relumbrón, otorgado por la comercialización de las máscaras de Guy Fawkes. Dudo que sus portadores sepan, específicamente, de dónde sale tal careta. Sólo ven un bibelot molón que adquieren por su capacidad antisistema, o contracorriente, al corrupto estamento tradicional bipartidista político/económico.

V de Vendetta, una especulación más, no es el Santo Evangelio Ácrata que Vicente García encomia en Apocalipsis Island. Describe una Inglaterra orwelliana donde un enmascarado, evadido del omnímodo control estatal, lo dinamita, demostrando qué escasa fuerza real puede tener una dictadura. Su apabullante empuje, fruto de implacables medios represivos paramilitares, enmascarados de policía, se quiebra fácilmente cuando no puede detener a un tenaz e insidioso adversario.

El pueblo cautivo se revuelve, trocándose ejecutor de sus verdugos, para imponer, como a veces sucede, un nuevo tirano, pero de su elección ahora. V de Vendetta debe verse como una distracción expertamente realizada. No ideario práctico. Su mensaje fracasa estrepitosamente al instante de ponerlo en práctica.

Finiquitada la dictadura, se impone un Gobierno basado en difusos principios ácrata-democráticos. Para que todo funcione correctamente, debe existir una dirección. Por fuerza. Porque treinta tíos lanzando órdenes contradictorias merced a la potestad que les brinda la Anarquía Democrática Fawkes sólo paralizará esta pintoresca Sociedad.

Un líder podría ser íntegro. Pero, en atención a que también es humano, ergo falible, podría igualmente ser corrupto. Y rodease de ambiciosos sujetos sin escrúpulos. — Jack London escribió un par de cuentos sobre este supuesto—. Al poco, ¿qué tendríamos? La dictadura derrocada. Es el principal defecto de la sombría novela gráfica de Moore; soslaya la importancia del factor humano.

Podría discursear sobre ucronías más o menos steampunk. O los parajes de novelas gráficas como Basura, o El garaje hermético. Pero prefiero ser consecuente con el espíritu de esta reseña. Y más que entregar otro millar de palabras al lector, sugerirle alguna cautivadora viñeta que prenda su curiosidad.

© Dante de Marco
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Dante de Marco mantiene el blogs Diesel and Dusk