Especial Decimonoveno Aniversario
La política en la ciencia ficción. Sin novedad apreciable
Especial Decimonoveno Aniversario
por Antonio Santos

Si buscamos en el género respuesta a nuestras cuitas existenciales, al menos en lo referente a política, volvemos a llamar en puerta conocida, como ocurriera con el sexo. El arte de gobernar en la ciencia-ficción (o pretenderlo, como sea) difiere apenas de los propios Estados de nuestro día-a-día. Grosso modo, bascula entre el totalitarismo del siempre socorrido 1984 y las concepciones democráticas preñadas de matices de oscuridad más o menos conspicuas, trabajando insidiosas bajo el fulgor de la libertad.

También destaca el retorno al feudalismo más o menos tecnocrático, como refleja DUNE o EL ALMA DEL ROBOT, opciones que, sin embargo, siguen manifestando ser una dictadura con sesgos de mayor/menor tolerancia sometidos a la voluntad del señor feudal de turno, quien puede o restringir o anular su merced a placer. Depende de la situación de estado de sitio, o emergencia, a la que desee apelar.

En las narraciones de puro apoqueclipse madmaxiano, con tónica feudal también, está claro que impera la ley del más fuerte, léase: dictadura. Un esbozo de vida más confortable/menos amenazada, es lo que persiguen las víctimas del totalitarista agresor. Gobierna el concepto de que en la unidad yace la fuerza. Hasta en esos grupos no tan hostiles. La dramática situación impide frivolidades identitarias diferenciadoras. Porque romper la unidad supone ofrecer una fatal debilidad que el agresor aprovechará implacablemente.

También pululan, en esos grupos menos hostiles, quienes siempre piensan hacerlo mejor que el líder actual, entregándose a conjuras conspiratorias que terminan tonteando con el bando predador. ¿Resultado? Catastrófico. El desplome de la comuna, carente de fuerza para luchar contra el compacto invasor. Al dividirles, han debilitado su capacidad de resistencia, causada por la fractura. ¿Un ejemplo, al descuido? NUEVA YORK, 2012.

Tengo claro que el género tiende más a la distopía que a la utopía. Y cuando versa sobre ésta, lo hace desde el relato de que existe un Reverso Tenebroso que se manifiesta aun entre los más depurados individuos purificados por la más refinada eugenesia, en quien también anida el hirsuto ancestro caníbal. O tanto San Isaac Asimov predicó en novelas como BÓVEDAS DE ACERO o EL SOL DESNUDO.

Hemos identificado, pues, que no hay gobiernos exuberantes o políticas alternativas que nuestros líderes pueden imitar, copiar, o aprovechar sus más felices ideas en nuestro beneficio. La ciencia-ficción, digo, dibuja o dictaduras distópicas o democracias falsamente utópicas impregnadas del icor atávico del totalitarismo. La saga de Dan Simmons sobre HIPERIÓN tanto apunta. Esboza una suerte de federación planetaria democrática en cuyo seno empero laboran fuerzas oscuras que pretenden el poder para sí, considerando, de nuevo (¿no hablábamos de atavismos?), ser más acertados regidores que quien lidera entonces.

También la codicia motiva la desavenencia; un priápico gusto por el máximo poder personal. Legar un tenebroso recuerdo a la Historia, merced a una férrea dictadura que lamenten laaaaargo tiempo generaciones futuras... o admiren elementos siniestros.

No obstante, podemos resaltar matices dentro de las distopías que manifiestan sesgos de originalidad que, en algunos casos, ya vivimos. O todo lo malo/negativo, esto es.

Evoco ¡HAGAN SITIO! ¡HAGAN SITIO! de Harry Harrison, como ejemplo de continuista ingenuidad política. O la cortedad manifiesta de NOCHES DE NY, donde unos devastadores atentados nucleares sobre el cuero del país de la tarta de manzanas tienen, para Eric Brown, consecuencias sociales, económicas, políticas, marciales, morales, mínimas-nimias. (La ingenuidad en la ciencia-ficción, o cómo la predicción queda dramáticamente corta, o pueril, o superada por la cotidianeidad, es también tema de cierto interés).

LA FUGA DE LOGAN, que a priori se manifiesta utopía tecnocrática, gobernados esos perpetuos adolescentes por una IA agonizante, no deja, pese a su descripción de libertades o disipación pseudoácrata, de ser una dictadura con un férreo mandato constitutivo/constitucional: a los veintiún años, debes morir. La ley del poco recurso que desabastece a una creciente población que amenaza disturbios por carencias y masificación, fuerza esta disposición. (Los autores de este texto mostraron más madurez y audacia que Harrison y su Norteamérica tercermundista superpoblada).

Pero ¿qué tratamos, en esencia? Una dictadura. La impone una máquina mediante verdugos entrenados, como el mismo Logan-5. Es la diferencia.

Stephen King entrega dos excelentes distopías que amenazan con transformarse en reales apenas nos descuidemos. Tanto como los partidos de ROLLERBALL o LA CARRERA DE LA MUERTE DEL AÑO 2000. King describe unos totalitarios Estados Unidos romanizados donde la arena del circo la sustituye un coliseo catódico. Estas parábolas no son tan descabelladas si las comparamos con nuestra parrilla televisiva actual.

Ciertamente no ejecutan aún a nadie en ninguno de esos programas, pero a las figuras mediáticas se las despelleja con crueldad notablemente falta de escrúpulos y decoro. Hay muy corto recorrido del comentario mordaz/vitriólico con mala baba a televisar cómo un fugitivo pagado es asesinado en plena calle. Porque la falta del músculo moral que permite lo segundo: ya existe.

El trabajo distópico es más grato de realizar porque induce a la lucha, estimula la fe en los más nobles sentimientos humanos. Así, George Lucas, el perseguido, el denostado, el criticado, filma una bella e inquietante fábula sobre la debilidad de la democracia, cómo degenera rápidamente en totalitarismo, mediante Star Wars.

Muestra que sólo un oportunista/alarmista convincente debe flamear feroz la bandera del PÁNICO para polarizar la mentalidad colectiva hacia un extremo intolerante. La necesidad de seguridad se impone, acaso sacrificando libertades arduamente logradas. Espían nuestros teléfonos, redes sociales, blogs y cuentas de Hotmail. (Internet ha resultado ser tanto telepantalla orwelliana como casa de cristal de NOSOTROS).

Se toma buena nota de la sugerencia que efectúo en este momento de que, por mor de evitar otro 11/S-2001, o equivalente, controlen qué escribimos, conversamos, aun qué libros leemos, en la biblioteca pública. ¿Soy sólo un teórico inofensivo, o un potencial subversivo? Etiquetas, etiquetas...

¿Qué puede ofrecer netamente nuevo, u original, la ciencia-ficción a un mar tan proceloso como el de la política, cuando es arte que imita a la vida con suma facilidad? Creo que nada. Mucho del género se limita a plantear suposiciones desde situaciones actuales, facetas de un prisma constituido por dos elementos esenciales: dictadura o libertad... ésta siempre condicionada por su fragilidad ante el avatar de la violencia y el miedo a sufrirla, como testimonió Lucas en LA VENGANZA DE LOS SITH.

© Antonio Santos
(1.293 palabras) Créditos
Antonio Santos es escritor e ilustrador y mantienes los blogs Una historia de la frontera y Spnkgirl