El futuro en que vivimos
17. El turboascensor de Star Trek se hace realidad
por Antonio Quintana Carrandi

No deja de asombrarme la visión de futuro de Roddenberry y los que hicieron posible el Star Trek primigenio, el genuino Star Trek. El Gran Pájaro de la Galaxia insistía machaconamente en su idea de ciencia-ficción basada en planteamientos plausibles, al menos en el aspecto tecnológico. A pesar de las limitaciones técnicas y presupuestarias que marcaron la producción de TOS, muchos de los cachivaches que aparecieron en la serie se convirtieron en aparatos de uso común con el paso del tiempo. De todos ellos hablaré ampliamente en sucesivos artículos. Pero hoy me centraré en el turboascensor, un aparato que ya es una hermosa realidad.

Hace tiempo que tengo definido el turboascensor en la sub-sección tecnología de la sección Star Trek del Sitio. En el universo futurista ideado por Roddenberry y su equipo las naves estelares son tan grandes como los buques trasatlánticos, y tienen por tanto varias cubiertas. El sistema de comunicación interna entre los distintos niveles de un navío estelar, corredores y escaleras aparte, está integrado por unos tubos por el interior de los cuales se desplazan varias cabinas cilíndricas. Dichas cabinas, desprovistas como es natural de cables o cosa parecida, son impulsadas por motores de inducción magnética y pueden alcanzar una velocidad máxima de 10 metros por segundo, razón por la que cada cabina está equipada además con su correspondiente amortiguador inercial, a fin de proteger a sus ocupantes de las bruscas aceleraciones y deceleraciones. Cada nave integra, dependiendo de su tamaño, uno o varios tubos con sus correspondientes cabinas. Como la gran mayoría de los navíos tienen una eslora considerable, el sistema ha sido diseñado para que las cabinas puedan desplazarse indistintamente en sentido vertical u horizontal, permitiendo un rápido acceso a las cubiertas y secciones en que está dividida interiormente la nave. Como es natural, en las estaciones espaciales y bases estelares también se emplea el sistema de turboascensores, y es de suponer que éste también es aplicado en las construcciones civiles de los siglos XXIII y XXIV. Es decir, que el concepto de turboascensor es una de las soluciones técnicas más ingeniosas de los creadores de Star Trek. Pues bien, ésta ha inspirado un sofisticadísimo sistema de elevadores, desarrollado por la empresa multinacional germana Thyssen-Krupp. Definido como el ascensor total, se trata de un elevador sin cables, que incorpora varias cabinas en un único hueco, capacitadas para desplazarse vertical y horizontalmente. Dicho concepto permitirá al sistema adoptar distintas alturas y formas, dependiendo del diseño de los edificios. Es posible que, para cuando este artículo vea la luz, este ascensor total ya haya sido probado, pues su presentación en sociedad en España tendrá lugar, presumiblemente, en las instalaciones gijonesas de La Laboral. Se trata, desde luego, de un aparato que revolucionará la arquitectura y la ingeniería. Pero además la Thyssen-Krupp, cuyo Centro Global de Innovación se ubica en Gijón, para orgullo de todos los españoles en general y de los asturianos en particular, también ha diseñado un pasillo rodante para edificios, que ostenta las mismas características de las aceras deslizantes descritas en tantas obras literarias de ciencia-ficción. Tanto la versión real del turboascensor de Star Trek como el pasillo rodante son dos hitos memorables, que demuestran que nuestro género puede, en ciertos aspectos al menos, anticipar el futuro.

Como trekkie de la vieja guardia, me enorgullece que otra de las ideas de Roddenberry y su gente se haya convertido en una hermosa realidad. El PADD ha dado origen a los tablets actuales, el comunicador ha sido superado ampliamente en prestaciones por los móviles de última generación, ahora llega el turboascensor real... ¿Qué será lo próximo? Esperen y vean. La creación televisiva del gran Gene Roddenberry, una extravagancia increíble en los años 60, todavía nos deparará más de una sorpresa en la vida real.

© Antonio Quintana Carrandi
(752 palabras) Créditos