Clarke en el limbo
por Francisco José Súñer Iglesias

En general, Clarke es uno de esos ancianos venerables a los que todo el mundo honra pero sin saber muy bien por qué. No suele ser el autor favorito de nadie, pocos aficionados de a pie son capaces de mencionar muchas obras suyas más allá de 2001 y secuelas, o RAMA y secuelas, y en general perdió mucho crédito cuando se convirtió en franquicia y con Gentry Lee perpetró unas cuantas novelitas de a duro sin mayor interés, fabricadas para aprovechar el tirón comercial de su nombre asociado al de 2001.

A mi, aparte de de algún cuento con final sorpresa (el de LOS NUEVE MIL MILLONES DE NOMBRES DE DIOS, millón arriba millón abajo) el único fragmento (ni siquiera novela entera) del que tengo un buen recuerdo fue el del Velero Estelar, de FUENTES DEL PARAÍSO. Clarke deja muy claro que en la inmensidad del Universo no dejamos de ser otra anécdota que ni siquiera merece la parada de una sonda de exploración.

Por lo demás, nada de su producción, correcta en términos generales, ha creado escuela. El estilo de Clarke, más fino que el de Asimov, por ejemplo, no daba de si lo suficiente como para conmover al lector, tampoco tenía un tema que le obsesionara o en el que marcara una impronta personal, sus obras están animadas indudablemente por un marcado interés en la ciencia y la tecnología... pero estamos hablando de ciencia-ficción en una época en la que la primera parte del término abanderaba la corriente principal del género, space-opera aparte. No en vano Clarke fue el inventor del satélite geoestacionario y uno de los impulsores de la idea del ascensor espacial.

También hay que ser justos y separar su faceta como cuentista de la de novelista. En la primera se encontraba más cómodo: plantear un conflicto en el que la idea central está fuertemente relacionada con la ciencia o la tecnología para resolverlo de forma audaz (con las correspondientes excepciones, como el mentado LOS NUEVE MIL MILLONES DE NOMBRES DE DIOS, que no obstante no se libra del final sorpresa). En las distancias largas, como novelista, la cosa cambia, obligado a un desarrollo más amplio de temas y personajes no siempre era capaz de colmar las expectativas. La adaptación de EL CENTINELA que hizo Kubrick para el cine es mayoritariamente más celebrada que la novelización del propio Clarke, y más si se tiene en cuenta que realmente novelizó, recordemos en descargo de Clarke que de forma bastante accidentada, el guión de Kubrick, no su propio relato, hasta el punto de que es comúnmente aceptado que la propia película es superior a la novela.

Con el resto de su producción ocurre algo similar, no desagrada, pero tampoco entusiasma, pocas veces oiremos a nadie proclamar exaltado que Clarke es su autor favorito, pese a lo amplio de su producción el cine no se ha interesado en él más allá de 2001 y secuelas, aunque en este aspecto no hay que olvidar las trabajosas negociaciones sobre los derechos entre productores y herederos.

Clarke, venerable entre los venerables, que sin embargo no termina de convencer a la gran mayoría.

© Francisco José Súñer Iglesias
(522 palabras) Créditos