Acerca de la serie Fringe
por Héctor Horacio Otero

Considero que Fringe es una de las mejores series de los últimos tiempos.

Naturalmente, detallar mis opiniones sobre los puntos más brillantes y más débiles de una serie que duró cinco temporadas excedería este medio (y en primer término, a mi memoria).

Sin embargo, quisiera reflexionar acerca de un aspecto en particular que provoca ruido en mi cabeza, que aún dentro de las convenciones del género (ficción científica) me resulta inverosímil.

Parto de un supuesto, muy personal, que debe tener asidero en mis limitaciones mentales: para mí, la física es una cosa y la química, otra. Esto lo puede descalificar cualquiera muy fácilmente; no por nada existía (me apuntan que aún existe) una materia llamada fisicoquímica. Así que, si opinan así, dejen de leer en este instante.

Lo que me hace ruido es que un agujero de gusano se cierre con una especie de ámbar; lo que me hace un estruendo bárbaro y provoca estas líneas, es que una persona tratada con una Cortexiphan (una droga nootrópica) pueda trasladarse (aunque la expresión no sea correcta, sino que los universos paralelos están overlap —superpuestos— y en realidad ellos pasen a través de ella).

Lo poco que yo entiendo y conozco me dice que la física es el terreno de la energía, la materia, el tiempo, el espacio, la gravedad, etc. Y que la química (y recordemos que en este caso no estamos hablando de un área borderline como la química cuántica, sino de algo bastante palpable, la bioquímica involucrada en los procesos fisiológicos humanos en general o la neuroquímica en el caso específico del cerebro) es el espacio de la materia, su estructura, composición, propiedades, interacciones entre los diversos elementos.

Walter Bishop es bioquímico, pero aceptemos que siendo el mayor cerebro desde Einstein, puede generar agujeros de gusano interuniversales. Que lo haga con una maquinaria, un campo de fuerza, energía de algún tipo, tudo bem. Hasta la disparatada y estrafalaria idea de las resonancias de los universos, alinear sus tonos específicos me resulta más creíble y propio de la física. Pero que alguien consumiendo una droga adquiera la capacidad de moverse entre un universo y otro a voluntad, no me la creo.

Que es una capacidad que tenemos todos y esta adormecida; que los observadores experimentan todo el tiempo a la vez; blah, blah, blah. Si existimos en múltiples universos con pequeñas variaciones hay infinitas versiones de uno y, entonces, son otras versiones, no somos nosotros multiplicados. No me trago que se pueda ir a un lado tomando una pastilla (hasta en THE MATRIX es simbólico).

Tal vez es solo que, como siempre, he visto demasiada televisión en mi infancia y soy un nostálgico incurable. Tony Newman y Doug Phillips no tomaban nada para viajar en el tiempo; se metían en el Túnel, rodeado de máquinas, de electricidad, de energía, de magnetismo.

© Héctor Horacio Otero
(471 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ficción científica el 14 de junio de 2015