Sobre el LHC, la física teórica y los autores de ciencia-ficción
por David Quintero

Hace unas semanas se anunció que el LHC, el gigante acelerador de partículas de Suiza, había reiniciado su actividad. Tras el descubrimiento del bosón de Higgs, que valió un Nobel y que supuso el broche dorado a la mejor descripción del mundo subatómico que hoy por hoy tenemos, los físicos están buscando señales de física más allá del Modelo Estándar que tan bien conocemos pero que parece dudoso que sea la última palabra en cuanto al reino de lo microscópico se refiere.

Además de encontrar algún nuevo tipo de partículas que formen parte de la materia oscura, esa que no se ve pero que se miden sus efectos gravitatorios, los físicos esperan como agua de mayo alguna señal de supersimetría, una teoría que de ser cierta arreglaría algunas de las pegas que tiene el Modelo Estándar y que resulta necesaria para las exóticas teorías de supercuerdas. La supersimetría (sí, sí, aquí todo es súper) tiene también sus defectos, como la necesidad de duplicar el número de partículas. No es este el lugar para explicar lo que es la supersimetría ni yo la persona adecuada para hacerlo, pero baste decir que la idea de duplicar el número de partículas consiste en asociar a cada partícula una compañera con propiedades cuánticas inversas. Cuando son introducidas en el Modelo Estándar, la familia total de partículas parece resolver problemas de contenido muy técnico y además apuntaría a una posible unificación de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. Todo muy prometedor y muy bonito, pero para bien o para mal la elegancia matemática no se está viendo reflejada en las pruebas experimentales. Ante la falta de señal, y si bien aún hay un margen pequeño de esperanza de poder encontrar algo en el LHC, muchos físicos se están replanteando la supersimetría. Hay que decir que el hecho de que no aparezca supersimetría en el LHC no significa que no exista, dado que una de las insidiosas características de esta teoría es que no fija un umbral de energía (=masa) para las partículas supersimétricas, pudiendo estas existir pero con una masa tan grande que ni el LHC ni ningún acelerador en un futuro cercano sea capaz de producirlas. Lo que abre todo un debate sobre si la supersimetría es solo matemáticas puras.

Si quieren profundizar en todo esto les recomiendo el blog y libro del mismo nombre NOT EVEN WRONG, de Peter Woit. Traducido al castellano, tienen LAS DUDAS DE LA FÍSICA EN EL SIGLO XXI, de Lee Smolin. Estos dos autores son bastante críticos con la teoría cuerdas y la supersimetría, por considerarlas mera especulación, aunque por supuesto son entusiastas del Modelo Estándar. La ciencia, como algo vivo que es, tiene hechos demostrados (Modelo Estándar) y terreno desconocido que se trata de llenar con lo que, hasta la llegada del experimento, son teorías. Lo que estos dos autores dicen es que, en el terreno de lo desconocido están apareciendo teorías que están muy lejos (por no decir que son casi imposibles) de comprobar. No todos los físicos concuerdan con ellos, por supuesto. Lo que sí es importante dejar claro es que todos, de uno u otro lado, están de acuerdo en la teoría que ha pasado la batería de pruebas experimentales, es decir, el Modelo Estándar (del que de hecho es para estar orgullosos como especie).

El caso es que los autores de ciencia-ficción no parecen sentirse demasiado atraídos por la supersimetría y las teorías de cuerdas. De hecho, diría que de entre las cuatro fuerzas fundamentales que constituyen la naturaleza, las historias basadas en la gravitación dominan con claridad sobre el resto. Supongo que esto es bastante lógico: es mucho más fácil escribir una novela o un relato hablando de las paradojas de la relatividad que del confinamiento y la libertad asintótica de los quarks, por ejemplo. Es cierto que muchos escritores utilizan la cuántica en sus novelas, pero recordemos que la cuántica, como señala Steven Weinberg, es un marco de descripción, que se aplica con extraordinaria precisión a tres fuerzas de la naturaleza, no es una fuerza en sí.

Por supuesto, yo no he leído toda la ciencia-ficción que se ha escrito (para bien o para mal). De hecho creo recordar haber visto en algún lado que en la Saga de los Xeelee, Stephen Baxter imagina una raza de seres construidos con partículas supersimétricas (fotinos, la superpareja del fotón). Pero claro, mencionar no significa convertir en un elemento central de tu especulación. Nuestro más hard de los escritores de ciencia-ficción actuales y de todos los tiempos, el australiano Greg Egan, ha finalizado recientemente su trilogía Orthogonal (que al igual que con la obra de Baxter antes mencionada, aún no he leído). En ella especula con un universo con propiedades diferentes a las nuestras. Básicamente parte de una métrica riemaniana en lugar de la lorentziana de nuestro cosmos y deduce las múltiples y sorprendentes diferencias entre uno y otro. El propio Egan reconoce haber estado más de seis meses trabajando en las ecuaciones antes de escribir el libro. Y como suele ser habitual en él, en su web se pueden leer los detalles técnicos y no tan técnicos que rodean al libro. De todo ello se deduce que tenemos una historia muy original, muy llamativa y atrayente. Pero además de la cuántica como marco, la propiedad fundamental es un espacio-tiempo diferente. Todo esto lleva a muchas consecuencias, pero básicamente, y repito, sin haberme leído la trilogía, todo parece indicar que Egan no usa (tampoco necesita) supersimetría o cuerdas para su historia.

En fin, tal vez sea solo cuestión de tiempo que alguien escriba un buen libro con la teoría de cuerdas y sus cuasi infinitos vacíos o sobre la supersimetría y sus propiedades. O no, si alguien como Greg Egan no ha escrito nada sobre esto ya, es quizá poco probable que alguien lo haga en el futuro cercano. En cualquier caso, con supersimetría o sin ella, con otras fuerzas o sin ellas, lo importante es crear historias de ciencia-ficción que emocionen y maravillen, y creo que eso se está logrando sobradamente.

© David Quintero
(1.014 palabras) Créditos