Androides y antropoides
por Félix Capitán

Hace un tiempo atrás hablábamos acerca de las palabras griegas antropos y andros, refiriéndose la primera a los seres humanos en general, y la segunda a los hombres (específicamente al sexo masculino) en particular. Una cuestión interesante al respecto ha sido planteada por la robótica, ya que la dicotomía entre dichas palabras aparece cuando se trata de ambas terminadas en oide. Porque en sentido estricto, lo que llamamos un androide en realidad debería llamarse antropoide, y lo que llamamos antropoide, bueno, ejem...

En realidad, tanto antropoide como androide comparten la idea de una criatura parecida al ser humano. Antropoide es la más antigua de las dos. Resulta que en la época de los grandes descubrimientos geográficos (siglos XV y XVI, principalmente), los europeos avanzaron más allá de la línea del Ecuador, y se llevaron una sorpresa. Los europeos conocían los monos, por supuesto, debido al comercio con el norte de Africa. Pero todos estos monos eran pequeños y con cola. En cambio, los monos que se encontraron más al sur, en particular los gorilas y los chimpancés, no sólo carecían de cola, sino que eran más inteligentes, y tenían un aire mucho más humano. Para establecer distinciones, empezó a hablarse de simios que se parecían a los seres humanos. Como la palabra antropos (ανθρωπος) significa ser humano en griego, se le sumó el sufijo -eides, que en griego designa a las especies. Por tanto, al hablar de simios antropoides se estaba diciendo que son simios con forma de ser humano. Claro está que después la palabra simio se perdió, para lo que se refiere, y empezó a hablarse de antropoides a secas.

Pero después vino la Ilustración, el Racionalismo y la Revolución Industrial, y con ello la posibilidad, en teoría al menos, de fabricar artefactos mecánicos que pudieran imitar la forma y movimientos de los humanos. La idea no era nueva: en la mitología hebrea ya existía el golem, por ejemplo, y entre los griegos estaban los asistentes del dios griego Hefaistos (el Vulcano romano), que como buen metalúrgico y forjador, se forjó unos hombres de metal para tales labores. La diferencia es que en el siglo XIX, lo que pertenecía al campo de la mitología amenazaba con volverse realidad. Pero como la palabra antropoide estaba ocupada, hubo quien se volvió hacia la otra, hacia la palabra griega andros (ανδρος), que significa el ser humano de género masculino en griego. En una cultura falocéntrica como la del siglo XIX, nadie pareció plantearse en serio la posibilidad de un ser mecánico que imitara a una mujer en vez de a un hombre, de manera que la palabra prendió, y tales engendros fueron llamados androides en adelante. Cuando vino George Lucas y LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, la palabra se contrajo a droide, eliminando la primera sílaba de la raíz griega andros. O sea, si tradujéramos androide literalmente como hombriforme, droide vendría a traducirse como briforme, eliminando la primera sílaba... La palabra androide tuvo popularidad un tiempo, aunque después se impuso el vocablo robot. Con todo, robot abarca a todos los artilugios mecánicos capaces de ser programados para un trabajo, y que no necesariamente tienen forma humana (y por lo tanto, técnicamente no son androides, así como en sentido estricto no lo es R2D2 en LA GUERRA DE LAS GALAXIAS).

¿Y la posibilidad de un robot con forma de mujer, o que imite a ésta? El artista japonés Hajime Sorayama aceptó el reto, y creó bellísimas infografías de chicas robóticas, a las que llamó precisamente ginoides (del griego γυνη, que significa mujer). Pero las ginoides son mucho más antiguas que esto. Es más: el primer robot que apareció en el cine fue precisamente una ginoide (y no un androide). En la película alemana de ciencia-ficción METRÓPOLIS, de Fritz Lang (1927), un científico loco le da vida a su propio monstruo de Frankenstein. Sólo que en este caso el monstruo es una chica, y es una chica robot: se trata de la ginoide María (fotocopia literal de una María humana...), que después desata una apocalíptica revolución social dentro de los márgenes de la muy correcta y ordenada Metrópolis... interprétese esto último como se quiera.

SdCF: para conocer la correcta ortografía de las palabras griegas consulta el artículo original en Siglos curiosos puesto que por problemas con la codificación de caracteres no he podido trasladar las tildes

© Félix Capitán
(739 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Siglos curiosos el 7 de enero de 2010
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