Infectados
por Francisco José Súñer Iglesias

Desde el primer momento me ha fascinado el fenómeno zombi. Cuidado con las palabras, por el fenómeno, no por los zombis, es decir, por la parafernalia y pasión que despiertan esos muertos vivientes, o no muertos o yo que se, tan desaseados como descerebrados. A mi los zombis por si mismos me parecen la cosa más insulsa y aburrida que se haya podido inventar, pero es que todavía me parecen más estúpidas y descerebradas sus supuestas víctimas o candidatos a víctimas. Nunca he visto una colección más idiotizada de supervivientes, está claro que ninguno se ha leído SOY LEYENDA (o visto cualquiera de las pelis inspiradas), Neville sobrevive sobradamente a una pandilla de vampiros en la que el más lerdo es infinitamente más competente que el zombi más brillante. Luego resulta que las víctimas de los zombis andan siempre con miserias en ese juego tonto del corre-corre-que te-pillo que resultan ser sus desventuras.

Por eso no termino de explicarme que le ve la gente a los zombis. Son el antimonstruo, no son rápidos, no son inteligentes, son amorales, ni de coña se plantean dilemas existenciales (total, son muertos de verdad, nada del no-muerto vampírico), ni siquiera tienen maldad. Precisamente la amoralidad de la muerte los ha devuelto a la inocencia, si dejamos de lado sus hábitos alimentarios, su poco aseo y mal gusto en el vestir, vemos que son criaturas puras y básicas, su única obsesión es comer gente no zombificada, como digo sin malquerencia, solo necesidad, y hasta eso les resulta extremadamente penoso visto la rapidez y ladina (¡JA!) inteligencia de sus víctimas. De hecho hacen una peculiar labor de selección natural porque acaban comiéndose a los débiles y los tontos. En realidad a los zombis no hay que tenerles miedo, no son necesarias detalladas guías ni complicados cursos de capacitación, basta el sentido común, las mismas precauciones que se tienen para cruzar una calle bastan para estar a salvo de ellos.

Supongo que es esa inocencia, esa pureza, lo que les proporciona tantos admiradores y émulos. Volver, aunque solo sea por unas horas, al encefalograma plano y el descuido social es lo que lleva a miles de entusiastas a disfrazarse de zombi y olvidarse de sus penas dando un poco, tampoco mucho, de miedito.

Pero claro, estas criaturas tan básicas no dan más que para un par de películas de susto y casquería. Sus limitaciones son tantas que las películas de zombis acaban como las películas sobre enfermedades infecciosas, a lo que menos se atiende es al virus o la bacteria de turno, el verdadero leitmotiv es el todos contra todos típico de las crisis y el postapocalismo, pero eso tampoco da más que para otro par de libros y/o películas, así pues, para justificar lo injustificable, alguien avispado se inventó ¡¡¡Los Infectados!!!

¿Lo qué? Pues la víctima de un virus virulento al que la fiebre y el mal cuerpo llevan a un estado de estupor tal que ya no conoce, pero a la vez le provoca un mal genio y una agresividad de lo más desagradable, además de un hambre canica que ni con las hamburguesas del Tony Romas. ¡Alehop! Ya tenemos las características propiedades del zombi pero dentro de un cuerpo más o menos intacto que le permite una actividad física notable, además el infectado no es tan obtuso como el zombi, puede, dentro de lo que le deje el dolor de cabeza, pensar y planificar, asociarse con otros infectados y poner, ahora si, en serios aprietos a los protas. Encima le da un barniz de respetabilidad a la historia a la que ya casi, casi, se puede llamar ciencia-ficción.

Ale, ya tenemos mas historias de monstruos come cerebros, pero ahora de lo más activos y peligrosos. A mi, francamente, también me parecen una memez. Claro que hay quien se divierte de lo lindo con estas cosas, pero sigo sin entender la pasión que provocan estas historias Será aquello de que los monstruos, los extraños, los extranjeros, siguen dando mucho miedo y los zombis/infectados son una sublimación de todo lo que nos es ajeno e incomprensible, además de que no plantear cuestiones éticas respecto a las motivaciones de los extranjeros/enemigos/zombis/infectados y muchísimo menos del hecho de exterminarlos como ratas, total, ya han dejada atrás su condición de humanos, y se los puede matar creativamente sin que nadie vaya a cuestionarlo. Se convierte entonces la muerte en un divertimento lúdico, se matan monstruos, cosas con forma humana sin atisbo de humanidad, por lo que está de sobra justificado obviar el término asesinato.

Hagan un simple experimento, vean EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS, y luego GUERRA MUNDIAL Z, a ver cual les deja peor cuerpo. Y luego, pregúntense donde está realmente el monstruo.

© Francisco José Súñer Iglesias
(797 palabras) Créditos