Buena ciencia en la ciencia-ficción
por Lino Moinelo

No pretendería buscar conceptos científicos en las obras de la ciencia-ficción. No porque no los haya en ocasiones, sino porque no es intención de este género el tenerlos. Por un lado, porque la ciencia-ficción consiste precisamente en transgredir la ciencia, y por otro, porque este género no posee unos límites precisos que aseguren la coherencia en el método científico. Serán la creatividad de sus autores y el entretenimiento de su público, los principales objetivos. Como en cualquier otro tipo de obra.

Sin embargo, la ciencia-ficción se diferencia del resto del género fantástico en que intenta dar a sus obras el máximo realismo posible. Este realismo —o más bien habría que decir ilusión de serlo— se logrará en función del autor y del público. Aunque la ciencia-ficción más convencional suele usar escenarios reconocibles —pero inverosímiles— para contar lo mismo de siempre; en ocasiones, el realismo consistirá en usar esos escenarios para contar historias que sin ellos sería imposible de hacer. En otras, en un uso más o menos escrupuloso del método científico, para que los postulados y las consecuencias que se deriven de ellos resulten plausibles, aunque ficticias.

Pero el dicho dice en ocasiones, la realidad supera a la ficción. El ser completamente consecuente con el método científico puede hacer a una obra ininteligible para sus lectores, resultando peor el remedio que la enfermedad. Bien por carecer estos del suficiente estímulo científico, o bien porque aún siendo coherente, no resulte lo suficientemente verosímil debido a causas político-culturales de todo tipo, presentes en la sociedad: prejuicios, manías, modas, tendencias, etc.

Aún así, la ciencia-ficción puede tener un carácter didáctico muy importante, al permitir ponerse en la piel de su autor para deducir y comprender las razones de escoger una solución determinada, en el universo particular que ha creado para ubicar su historia. Además, es útil para realizar experimentos mentales, estimulando el conocimiento de los parámetros científicos utilizados, inventados u omitidos. En palabras de Miquel Barceló.

Son precisamente esas maravillas de la ciencia-ficción las que atraen, como no podía ser menos, a los jóvenes que se interesan fácilmente por su temática y contenidos, encontrando en sus contactos con la ciencia-ficción motivo de diversión pero también de reflexión original y prometedora.

Ciencia y ciencia-ficción (Miquel Barceló).

Como creo que yo también fui uno de esos jóvenes a los que la ciencia-ficción les marcó para siempre, dedicaré una serie de artículos a estas reflexiones sobre aspectos científicos evocados a partir de la ciencia-ficción. La serie se llamará Buena ciencia, y con ella deseo mostrar mi gratitud hacía todos los que con su legado, han posibilitado la ciencia-ficción tal y como la conocemos.

© Lino Moinelo
(451 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Al final de la eternidad el 27 de noviembre de 2011
CC by-sa 3.0