No pretendería buscar conceptos científicos en las obras de la ciencia-ficción. No porque no los haya en ocasiones, sino porque no es intención de este género el tenerlos. Por un lado, porque la ciencia-ficción consiste precisamente en transgredir la ciencia, y por otro, porque este género no posee unos límites precisos que aseguren la coherencia en el método científico. Serán la creatividad de sus autores y el entretenimiento de su público, los principales objetivos. Como en cualquier otro tipo de obra.
Sin embargo, la ciencia-ficción se diferencia del resto del género fantástico en que intenta dar a sus obras el máximo realismo posible. Este realismo —o más bien habría que decir ilusión de serlo
— se logrará en función del autor y del público. Aunque la ciencia-ficción más convencional suele usar escenarios reconocibles —pero inverosímiles— para contar lo mismo de siempre; en ocasiones, el realismo consistirá en usar esos escenarios para contar historias que sin ellos sería imposible de hacer. En otras, en un uso más o menos escrupuloso del método científico, para que los postulados y las consecuencias que se deriven de ellos resulten plausibles, aunque ficticias.
Pero el dicho dice en ocasiones, la realidad supera a la ficción
. El ser completamente consecuente con el método científico puede hacer a una obra ininteligible para sus lectores, resultando peor el remedio que la enfermedad. Bien por carecer estos del suficiente estímulo científico, o bien porque aún siendo coherente, no resulte lo suficientemente verosímil debido a causas político-culturales de todo tipo, presentes en la sociedad: prejuicios, manías, modas, tendencias, etc.
Aún así, la ciencia-ficción puede tener un carácter didáctico muy importante, al permitir ponerse en la piel de su autor para deducir y comprender las razones de escoger una solución determinada, en el universo particular que ha creado para ubicar su historia. Además, es útil para realizar experimentos mentales
, estimulando el conocimiento de los parámetros científicos utilizados, inventados u omitidos. En palabras de Miquel Barceló.
Son precisamente esas maravillas de la ciencia-ficción las que atraen, como no podía ser menos, a los jóvenes que se interesan fácilmente por su temática y contenidos, encontrando en sus contactos con la ciencia-ficción motivo de diversión pero también de reflexión original y prometedora.
Ciencia y ciencia-ficción (Miquel Barceló).
Como creo que yo también fui uno de esos jóvenes a los que la ciencia-ficción les marcó para siempre, dedicaré una serie de artículos a estas reflexiones sobre aspectos científicos evocados a partir de la ciencia-ficción. La serie se llamará Buena ciencia
, y con ella deseo mostrar mi gratitud hacía todos los que con su legado, han posibilitado la ciencia-ficción tal y como la conocemos.
