En la muerte de Leonard Nimoy
por Antonio Quintana Carrandi

El viernes 27 de febrero fallecía Leonard Nimoy. Todos los trekkies del mundo, en especial los de la vieja guardia, como el que suscribe, estamos de riguroso luto, pues nos ha dejado no sólo el intérprete más destacado de Star Trek, sino el que era considerado como símbolo viviente de la legendaria producción de Gene Roddenberry. El universo futurista imaginado por el Gran Pájaro de la Galaxia se ha expandido exponencialmente, multiplicándose en cuatro series de televisión además de la original, una serie animada, una docena de largometrajes, varios proyectos en internet (entre los que destaca el ideado por James Cawley), docenas de novelas y cómics y tropecientos juegos de ordenador. Star Trek, pese a los altibajos que han marcado su andadura, está más viva que nunca. Pero nada de lo que se haga podrá igualar jamás la chispa, la magia si me apuran, de la mítica TOS, el Star Trek genuino por definición. Y si algo marcó indeleblemente la ya mítica serie de Roddenberry, fue el personaje de Spock.

Aunque hoy pueda antojársenos casi increíble, el rol de Spock estuvo a punto de ser suprimido de la serie. El primer episodio piloto, que llevaba por título LA JAULA y nunca fue emitido, levantó las suspicacias de los directivos de la Paramount y la cadena NBC. El personaje del primer oficial femenino, tan querido por Roddenberry, no gustó nada a aquellos pacatos individuos, imbuidos del malsano machismo todavía imperante en la sociedad norteamericana de mediados de los 60. Aquellos elementos ni siquiera tuvieron en cuenta que se trataba de una serie de ciencia-ficción, que transcurría en el siglo XXIII. Les parecía absurdo que una mujer ocupase un puesto de mando tan importante, de forma que presionaron a Roddenberry, exigiéndole su eliminación. El Gran Pájaro de la Galaxia ofreció una resistencia tenaz, tratando de razonar con aquellos energúmenos, intentando hacerles comprender que, para dentro de trescientos años, la igualdad entre hombres y mujeres sería un hecho. Pero no hubo nada que hacer. Los estultos mandamases de Paramount y NBC tenían la llave de la caja fuerte. Roddenberry pretendía hacer algo de calidad en televisión, y si quería seguir adelante con su proyecto, no tenía otro remedio que ceder a las pretensiones de los ejecutivos. Y cedió. Renunciar al primer oficial femenino fue un duro golpe para él, en parte porque significaba la supresión de un personaje que consideraba vital para la serie, y en parte porque representaba un paso atrás en la carrera de Majel Barrett, su novia y una actriz a la que planeaba lanzar al estrellato con Star Trek.

En LA JAULA aparecía también un alienígena como miembro de la tripulación de la Enterprise, el Spock interpretado por Nimoy tras la negativa de Martin Landau para encarnar al personaje. Las críticas contra Spock también fueron muy duras, y se centraron, sobre todo, en su look. La caracterización de Nimoy, en especial sus orejas puntiagudas, preocupaba a los ejecutivos, pues temían que su apariencia mefistofélica enervara a determinados grupos religiosos. Intentaron, por tanto, que Roddenberry suprimiese el personaje. Pero Gene, harto de la idiocia de aquellos tipos, defendió con uñas y dientes el rol de Spock, erigiéndose al mismo tiempo en valedor de Leonard Nimoy, que era consciente del gran potencial que encerraba el vulcaniano. La serie transcurría en el siglo XXIII, a bordo de una nave estelar que cruzaba la galaxia a velocidades inimaginables, y Gene consideraba imprescindible que entre su tripulación figurase, cuando menos, un extraterrestre que simbolizara una nueva Era de paz y prosperidad, en la que distintas razas y especies colaboran en la exploración pacífica del cosmos. El tira y afloja entre Roddenberry y los estultos ejecutivos fue de los que hacen época. Star Trek estuvo a punto de sucumbir incluso antes de estrenarse. Pero Gene no dio su brazo a torcer y al final logró salirse con la suya. Incluso consiguió meter en su serie un considerable porcentaje de presencia femenina y de representantes de algunas minorías étnicas, lo que, considerando la mentalidad de los jefazos de NBC y Paramount, puede definirse como un triunfo casi clamoroso. Como LA JAULA no satisfizo a la Paramount, ésta se avino a darle una segunda oportunidad a Roddenberry, autorizándole a filmar un nuevo piloto. UN LUGAR JAMÁS VISITADO POR EL HOMBRE fue acogido por los grandes jefes del estudio con tibieza, pero dieron vía libre al rodaje de una primera tanda de episodios. Star Trek estaba en marcha.

Para el nuevo piloto Roddenberry decidió traspasar al personaje de Spock algunas de las características de su querido primer oficial femenino, principalmente la mentalidad fría, racional y lógica. Esto sería determinante para la posterior evolución del personaje, que ganó en matices y que, merced a los buenos oficios de D. C. Fontana, secretaría de Roddenberry reconvertida en guionista, sentaría las bases para el posterior desarrollo de la raza vulcana, una de las más importantes y mejor tratadas en el universo de ficción Trek.

Aunque en los títulos de crédito apareciera en primer lugar el nombre de William Shatner, que interpretaba la capitán James Kirk, el personaje de Spock calo hondo entre la audiencia desde el principio. Al fin y al cabo, el vulcaniano era casi la personificación de los ideales pacifistas y progresistas que estaban en alza en la sociedad estadounidense de los 60, y la dualidad de su carácter (era mitad vulcaniano, mitad humano) lo hacían aún más interesante. La fama de Nimoy empezó a aumentar, lo que provocaría los celos de Shatner, que al principio se veía como el único y genuino protagonista de Star Trek. Sin embargo, las aguas pronto volverían a su cauce, pues Nimoy y Shatner no tardarían en establecer una sincera y profunda amistad, que se consolidaría durante los tres años que la serie estuvo en producción. Durante ese tiempo la popularidad de Spock alcanzaría cotas increíbles. Tras la cancelación del show y su posterior revival en miles de cadenas locales de todo el país, la de Spock se convertiría en una figura casi legendaria, en el símbolo viviente de una serie de televisión que había sido cancelada demasiado pronto.

La fama que le dio el personaje de Spock empezó a resultarle algo cargante a Nimoy. Intervino como artista invitado en varias series, e incluso formó parte del reparto fijo de la también mítica Misión imposible, tras la marcha de Martin Landau, pero en todas sus apariciones públicas la prensa y la gente sacaban a colación el rol de Spock que había interpretado en Star Trek. Cansado de que se le asociara siempre con el vulcaniano, Nimoy publicó un libro titulado NO SOY SPOCK, en el que repasaba su extensa carrera y trataba de alejarse un tanto de su personaje en la producción de Roddenberry, en un intento por evitar el encasillamiento, condición tan temida por los actores. Sin embargo, su imagen había quedado asociada para siempre a Star Trek, y con el triunfo de la saga fílmica y de las continuas reposiciones de la serie, Nimoy, consciente de que su fama como Spock hacía que el público valorase más sus otras interpretaciones, escribió otro libro bajo el título SOY SPOCK. En dicha obra, el actor asumía por fin su carácter de figura destacada e intérprete fetiche de Star Trek. El libro era un reconocimiento a la sincera admiración que le profesaban los trekkies, y hoy es casi una obra de culto entre los seguidores de Star Trek. Con la asunción de lo que Spock había significado y siempre significaría en su vida y en su carrera, Leonard Nimoy trascendió ese estúpido temor a eso que llaman encasillarse y creció como persona y como actor. Tras su estimable debut en la dirección con EN BUSCA DE SPOCK, Nimoy se convertiría en la personalidad más importante en el mundo de Star Trek después de Roddenberry, manteniendo ese estatus hasta el momento de su muerte. Su última, memorable y conmovedora aparición en la franquicia sería en STAR TREK (Ídem, J. J. Abrams, 2009), cinta en la que pasaría el testigo de su mítico personaje a Zachary Quinto.

Leonard Nimoy ha muerto. Spock vivirá para siempre en Star Trek, porque es, sin duda, la figura más relevante de la ciencia-ficción fílmica y televisiva.

© Antonio Quintana Carrandi
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