Un autor al que leer
por David Quintero

Ken Liu dice en su página web que las cosas que le gustan son: el Lisp puro, el Perl agudo, el C preciso, los Red Sox, los productos bien diseñados, las frases que suenan perfectas en un único lenguaje, las demostraciones matemáticas que puede retener en su cabeza, las novelas que le hacen estremecerse, los poemas que le hacen cantar, los debates que no son hipócritas, la ropa vieja, los viejos amigos y las nuevas ideas.

Esto y muchas más cosas podrán encontrar ustedes en su web, en la que además hay colgada gran parte de su ficción. Pero supongo que lo interesante es que yo les comente aquí mi historia con Ken Liu. Había oído, o mejor dicho, había leído sobre un joven autor que conseguía publicar en casi todas las revistas de ciencia-ficción, y no solo eso, sino que también lograba el cariño del público, la admiración de la crítica y los honores de los más importantes galardones del gremio. Tomé nota mental de su nombre: Ken Liu, chino de nacimiento que emigró con once años a los Estados Unidos. Investigando en el maremágnum de internet descubrí que había trabajado en áreas tan dispares como la abogacía y la programación de software (que según él, en el fondo están muy conectadas).

El tiempo pasó y entonces se anunció en nuestro país la recopilación de historias TERRA NOVA, el primer volumen. Allí leí el primer relato de Ken Liu traducido al castellano (ruego me corrijan si estoy equivocado) EL ZOO DE PAPEL, que fue multipremiado (Hugo, Nebula y World Fantasy). Una conmovedora historia que si aún no han leído ya pueden pasar de mí desde ahora mismo y hacerse con un ejemplar de TERRA NOVA 1. En ella descubrí a un autor que amaba las palabras, o mejor dicho, la palabra, desde su grafía hasta su significado. Un autor con una agudísima sensibilidad, muy oriental en muchos aspectos, pero también muy cercana porque toda sensibilidad es en el fondo universal. Créanme si les digo que esta breve, sencilla y a la vez compleja historia se convirtió rápidamente en una de mis favoritas de todos los tiempos.

EL ZOO DE PAPEL es, si nos ponemos estrictos, fantasía. Conocí al Ken Liu más científico en otro de sus relatos, como QUEDARSE ATRÁS (que pueden leer traducido en el excelente blog Cuentos para Algernon). También me gustó mucho MONO NO AWARE, en el que junto a una extraordinaria historia sobre lo mejor que los seres humanos llevamos dentro (la entrega por los demás) se explica ese concepto oriental tan interesante del mono no aware, de la fugacidad de todo lo creado. En estas narraciones podemos conocer al Ken Liu que ama la precisión de la matemática, las nuevas ideas de la ciencia, mientras que a la vez no pierde su cálido humanismo, manteniendo su sensibilidad y la nuestra a flor de piel, la gran asignatura pendiente de muchos autores de ciencia-ficción.

Si investigan en su web verán que Ken Liu no para. En breve se lanzará su primera novela THE GRACE OF KINGS, sobre la cual me abalanzaré en su momento cual escualo sobre su indefensa presa. Además de publicar historias cortas cada dos por tres (en español, en el segundo volumen de TERRA NOVA pueden leer EL HOMBRE QUE PUSO FIN A LA HISTORIA: DOCUMENTAL), también traduce y da a conocer a los autores de su país de origen en occidente. Ha traducido del chino el primer volumen de la saga de ciencia-ficción hard THE THREE BODY PROBLEM de un autor interesante al que también hay que seguir la pista, Cixin Liu; este libro ha recibido múltiples alabanzas (toma nota, David, otra que te tienes que leer en breve).

Hay ecos de otro supergigante del género, Ted Chiang, en la obra de Ken Liu, sin duda, y él mismo lo reconoce. Pero Ken Liu es todo un escritor con mayúsculas por sí mismo: es original, es un autor muy personal, muy creativo, capaz de combinar como muy pocos el lirismo más intenso con las atmósferas metálicas de la ciencia-ficción hard.

Si están aquí, en esta web, y me están leyendo a mí (gracias) es que los mundos de la ciencia-ficción y la fantasía les interesan; háganse un favor: lean a Ken Liu.

© David Quintero
(716 palabras) Créditos