El futuro en que vivimos
15. Robótica doméstica
por Francisco José Súñer Iglesias

Estas navidades nos hemos regalado uno de esos robots barredores capaces de tragarse hasta la última pelusa que encuentren en su camino. La verdad es que no tengo muy claro si llamar robot al artefacto. Es cierto que es autónomo, mientras le dure la batería, es cierto que detecta obstáculos (por proximidad y contacto) y reacciona con una cierta inteligencia ante ellos, es cierto que es capaz de buscar y encontrar por si solo su base y volver a ella cuando acaba con su tarea (más bien cuando la batería baja de cierto límite), pero en realidad no es que sea especialmente inteligente; aunque es capaz de bordear paredes no lo es de mapear la superficie que recorre, lo que hace que sea bastante ineficiente puesto que a causa de la programación balística que lo dirige (depende del ángulo de choque con el obstáculo) puede pasar una y otra vez por las mismas habitaciones y los mismos pasillos sin importar cuantas veces lo haya hecho antes, si se ve enfrentado a un bosque de patas de silla su labor se hace bastante más penosa, aunque finalmente demuestra bastante habilidad para escapar de ellas.

Limpiar, lo que es limpiar, lo hace estupendamente, excepto los rincones (ese diseño redondo...), tapetes, alfombras y alfombrillas las deja impolutas, y en general la casa ha ganado en prestancia, aunque no quita que una vez al mes hay que dar un repaso, mopa en mano, principalmente en esos lugares a donde no llega.

Desde luego había modelos muchos más caros que no tienen los problemas de éste artefacto: mapean habitaciones, llegan a los rincones, ahorran en batería, etc.

Como adelanto de una futura y probable revolución robótica son el artefacto más icónico. Se puede aducir que desde que la electricidad es electricidad los hogares se han llenado de artefactos que facilitan y automatizan muchas de las tareas domésticas, desde las lavadoras (en realidad solo hubo que poner un motor a las de manivela ya existentes) hasta las placas de inducción autoprogramables (infieren por el peso de recipiente, producto y agua el tiempo y temperatura de cocción óptimas ¡¡¡y hasta son capaces de remover la comida!!!) pasando por completos sistemas de climatización que controlan hasta toldos y persianas.

Sin embargo, todos estos artilugios tienen de momento algunos handicap bastante importantes. Por lo pronto están hiperespecializados. No dejan de ser evoluciones inteligentes (y me perdonarán que esta palabra aparezca una y otra vez) de sus venerables abuelos, pero como ellos solo se desenvuelven bien en lo suyo: quien lava, lava, quien calienta, calienta, quien barre, barre y así sucesivamente. No hay aún un cacharro capaz de varias cosas, y no me valen las lavadoras-secadoras, las bombas de calor ni las batidoras hipermusculadas, no dejan de ser lo de siempre con el añadido de una resistencia eléctrica o un simple inversor de circuito.

No son capaces de funcionar coordinadamente, y sus automatismos se limitan a controlar, básicamente, tiempo, temperatura y velocidad de funcionamiento. La domótica, por el momento, tampoco ofrece servicios especialmente espectaculares, y no van mucho más allá del control remoto y la información puntual de lo que está ocurriendo en casa. Al volver, habrá que retirar la ropa de la lavadora (¡y plancharla y guardarla! ¡JA!), vaciar la superbatidora, limpiar el depósito de la barredora automática (no, no se vacía solo) esperar a que el repartidor del supermercado llegue con el pedido que el frigorífico ha hecho automáticamente con los alimentos consumidos, y por supuesto colocarlos con toda precisión en la balda correspondiente, etc, etc, etc.

Creo que está claro que, por el momento, donde falla la cadena de la robótica doméstica no es tanto en la inteligencia de los artefactos como en su incapacidad de ir más allá de la función para la que fueron diseñados. Necesitan de la asistencia humana para completar las operaciones más elementales (no, el lavavajillas tampoco coloca solo los platos en su estante) lo que a la larga lleva a pensar si el desembolso en cierta gama de artefactos no deja de ser tirar el dinero. Total, a igual calidad de construcción, sus primos más baratos, aunque más tontos, van conseguir resultados indistinguibles, el algunos casos por la cuarta parte del precio.

Efectivamente, en la domótica falta el eslabón definitivo que sea capaz de hacer interactuar a todos estos aparatos entre si: el robot multípodo, más o menos humanoide, va en gustos, que saque las patatas del frigorífico, las pele y las ponga a hervir, que recoja la mesa y coloque los platos en el lavavajillas, que limpie los cristales ¡¡¡y el polvo!!! en resumen, la chacha definitiva.

Mientras no tengamos eso, hablar de robots de cocina, robots domésticos o domótica no deja de ser una forma elegante de decir que nos hemos gastado un dineral en un cacharro más o menos funcional, pero que sin nuestra intervención directa no es más que un montón de plástico, vidrio y metal con muy poco recorrido.

© Francisco José Súñer Iglesias
(824 palabras) Créditos