Terraformación, ¿es posible?
por Jorge Romo

Marte estaba vacío antes de que llegáramos. Esto no significa que nunca hubiera sucedido nada. El planeta había conocido dilataciones, fusiones, perturbaciones, y al fin se había enfriado, dejando una superficie marcada por inmensas cicatrices geológicas: cráteres, cañones, volcanes. Pero todo eso ocurrió en la inconsciencia mineral, sin que nadie lo observara. No hubo testigos, excepto nosotros, que mirábamos desde el planeta vecino, y eso sólo en el último momento de una larga historia. Marte no ha tenido nunca otra conciencia que nosotros.

Kim Stanley Robinson, MARTE ROJO.

A lo largo de las décadas, nuestro vecino rojo ha sido escenario de innumerables expediciones humanas o apabullantes aunque asombrosas invasiones alienígenas, mismas que han quedado plasmadas en infinidad de cuentos y novelas dentro del género. Pero Marte también es reflejo de los descubrimientos científicos, de las interpretaciones de variados astrónomos, así como del imaginario popular.

Cuando Giovanni Schiaparelli creyó ver canales artificiales a lo largo de la superficie marciana, la sociedad de la época se inventó que Marte era un planeta habitado por seres inteligentes que posiblemente estaban sufriendo los estragos de un cambio ambiental drástico. Dichos seres incluso podían haber desarrollado una tecnología más avanzada que la humana. Si eran capaces de atravesar el espacio exterior, también podrían llegar a la Tierra teniendo detrás diversos intereses y motivos. En LA GUERRA DE LOS MUNDOS (1898), H. G. Wells estuvo influido por las ideas de su época y planteó que, como una especie de crítica al colonialismo victoriano, los marcianos podrían llegar a nuestro mundo y comenzar una invasión apoyados en su superioridad tecnológica.

Al no saber realmente cómo era la superficie marciana, cada quien podía especular de muy distintas maneras sobre cómo podrían ser los marcianos. Tuvieron que transcurrir alrededor de setenta años para que las primeras astronaves y sondas arribaran al planeta rojo y mostraran que aquel vecino tan lleno de vida en realidad era una especie de desierto. Los experimentos químicos de la misión Viking 2 fueron las primeras pruebas que mostraron que al parecer no había rastro de vida. El imaginario popular cambió poco a poco. En la ciencia-ficción, Marte pasaría a convertirse en escenario de expediciones humanas y de diversas especulaciones alrededor de la posibilidad de convertirlo en una segunda Tierra.

Hoy se sabe que Marte tuvo alguna vez condiciones para albergar vida. Hubo cuerpos de agua salada que quizás envolvieron gran parte de la superficie del planeta. El hallazgo de rocas como las jarositas, que se forman exclusivamente bajo la presencia de agua, forma parte de la evidencia que hace pensar a los planetólogos que dichos cuerpos acuáticos existieron hace millones de años.

También se sabe que el campo magnético marciano está tan debilitado al grado que el viento solar llega directamente a la superficie, arrasando con todo aquello que encuentre a su paso. De la misma forma, hay una atmósfera muy tenue que permite la incidencia directa de la radiación ultravioleta. Debido a que la temperatura marciana, tanto en el día como en la noche, se encuentra por debajo de los cero grados, resulta que este vecino es una especie de desierto helado que difícilmente puede albergar alguna forma de vida.

Sin embargo, diversos especialistas sugieren que hace falta explorar con más detalle el planeta antes de descartar completamente la presencia de la vida. Una de las sospechas de los astrobiólogos es que debajo de la superficie marciana podrían existir todavía bacterias o microfósiles, asunto que si se confirmara podría representar uno de los hechos científicos más importantes de la historia.

Pero si se concluyera que en Marte no hay vida, se ha propuesto que este mundo podría modificarse o terraformarse de tal manera que en el futuro podría tener las condiciones suficientes para que los humanos lo habitaran.

La Terraformación es un proceso hipotético de ingeniería planetaria en el que un mundo podría ser modificado para tener condiciones ambientales similares a la Tierra. Hay diversos modelos que plantean que se tardaría de mil a cien mil años para poder llevar a cabo todo el proceso.

Uno de los primeros pasos sugeridos para terraformar Marte es aumentar su temperatura. Se ha sugerido que se podrían enviar aparatos que expulsaran grandes cantidades de gases de efecto invernadero (como dióxido de carbono o el metano) para aumentar la temperatura de dicho mundo, todo con el objetivo de derretir el agua congelada que se encuentra en los polos.

Un segundo paso involucraría el envío de microorganismos fotosintéticos genéticamente modificados para resistir la radiación que llega a la superficie. Tomando el material genético de organismos como la bacteria Deinococcus radiodurans, encontrada en las centrales nucleares y con la capacidad de resistir enormes cantidades de radiación, sería posible oxigenar de nuevo el planeta y aumentar la presión atmosférica para que el agua se mantenga en estado líquido.

Un tercer paso sería enviar organismos fotosintéticos más complejos como plantas y árboles. Un grupo de investigación mexicano a cargo del Dr. Rafael Navarro González ha estudiado a fondo el bosque de coníferas que se encuentra en el Pico de Orizaba en Veracruz, México. Ubicado a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, dicho bosque es único en el mundo: resiste las bajas temperaturas, la radiación y la presión a dichas alturas. Según el investigador, estos árboles podrían ser enviados para oxigenar el planeta junto con otro tipo de microorganismos fotosintéticos conocidos como cianobacterias.

Y listo, parece que si todo sale bien, en unos cuantos miles de años Marte sería una segunda Tierra para la Humanidad. Sin embargo, no todos se muestran optimistas.

De acuerdo con el biólogo mexicano Antonio Lazcano, hay un sector internacional muy importante de investigadores que ha mostrado un fuerte escepticismo hacia la terraformación; algunas de sus dudas realmente son de consideración: ¿realmente se puede modificar un planeta del que no conoces del todo sus características climáticas y geológicas? ¿En serio habrá financiamiento suficiente para mantener un proyecto que durará decenas de generaciones?

Si bien la novela MARTE ROJO es una obra de ficción controvertida e interesante, Kim Stanley Robinson, su autor, pone sobre la mesa otro factor a tomar en cuenta: los problemas sociales que podrían presentarse entre los primeros colonizadores marcianos. ¿Qué nos garantiza que no habrá rencillas y hasta problemas individuales y grupales que afectarán fuertemente las futuras misiones a Marte?

Mientras que estos posibles problemas son digeridos y se espera que sean tomados en cuenta, este vecino planetario seguirá generando fascinación entre los científicos y la sociedad en general.

© Jorge Romo
(1.072 palabras)