Especial Decimoctavo Aniversario
Sexo en La Biblia
Especial Decimoctavo Aniversario
por Raúl A. López Nevado

Para empezar, me vais a hacer un favor (y no empecemos ya con los jueguecitos de palabras): me van a ir ustedes a mirar la portada de LA BIBLIA DEL CHISME y luego me explican lo que han visto. Os espero... ¿Ya? Bien pues, ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención de esa fantástica portada realizada por Jorge Villena y Diego Moreno? Soy consciente que, dependiendo de las inclinaciones sexuales del lector o lectora, lo que más llame la atención de la portada será más una cosa que otra; pero creo que incluso en el caso de una mujer heterosexual o un hombre homosexual, la cosa (en realidad par de cosas) que más llama la atención está justo por encima de la cabeza de Hyleas (el robot que sostiene el libro). ¿Lo habéis visto ya?

No sé si me creeréis, pero os puedo jurar que cuando describí los personajes a Jorge para que los dibujara, en ningún caso le dije que Dorotea tuviera que estar tan generosamente dotada. Sin embargo él, con buen criterio, decidió que la heroína de una historia como ésta debía poseer un buen par de razones de las que echar mano... perdón, en qué estaría pensando yo ahora. LA BIBLIA DEL CHISME es un space-opera, humorístico sí, pero space-opera al fin y al cabo. El humor da pie a exagerar ciertos aspectos para buscar el efecto cómico; pero en ningún caso inventa nada totalmente nuevo, pues de otro modo el género dejaría de ser reconocible. De modo que las heroínas de grandes pechos no son una invención de las mentes calenturientas de los autores de ciencia-ficción humorística, sino de las mentes calenturientas de los autores de ciencia-ficción en general.

Vale, tal vez me he pasado, sí, de acuerdo, el bueno de Asimov purgó de sexualidad la casi totalidad de su obra, la ciencia-ficción seria nunca ha utilizado el sexo como un modo de llamar la atención, eso es un mero instrumento sexista de la ciencia-ficción pulp con sus monstruos de grandes ojos y sus mujeres de grandes... ¿Seguro? Pues ahora van y se me leen ustedes una obra seria y respetable como FORASTERO EN TIERRA EXTRAÑA de Heinlein y luego me explican lo que han visto. Y eso por no hablar del erotismo palpable de ciertas escenas en películas tan descafeinadas sexualmente como puedan ser STAR WARS (que levante la mano el friki que no haya tenido fantasías con la princesa Leia en bikini junto a Jabba el Hut) o ALIEN (teniente Ripley, hizo usted que en aquella escena final en braguitas y nos olvidáramos todos del monstruo terrible que acechaba al otro lado de la cabina).

Hay una cierta tendencia a rechazar el sexo, o el erotismo, como un subproducto, como una manera zafia de vender algo que, de otro modo, no tendría el menor interés. Y es cierto, en ocasiones se utiliza así, no hace falta más que poner una cadena de vídeos musicales para comprobarlo. Sin embargo, eso no quita que el sexo se pueda y deba tratar de manera en una obra que, aun y su halo de ficción, quiera acercarse lo más posible a la realidad. Y menos aún, que una obra se haya de criticar en su totalidad por incluir algo de sexo o erotismo.

Hace un par de años, con el estreno de STAR TREK: INTO DARKNESS, se lió un escándalo bastante sonado (dentro del limitado círculo friki, claro), acerca de la escena en la que Alice Eve, La Dra. Marcus en el film, salía en ropa interior. Creo que el argumento para las críticas venía a ser algo así como que introducir una escena de desnudo como ésa (aunque no se viera más, sino bastante menos de lo que se puede ver en una playa española cualquiera) desmerecía a la película, pues la hacía aparecer como tan pobre a nivel argumental como para tratar de suplir esa carencia de interés mostrando un poco de carne. Otro tema por el que se la criticaba era el sexismo. Voy a tratar de ventilarme ambos asuntos lo más rápidamente posible, y a riesgo de mi propia integridad, lo sé. Veamos, en primer lugar, con respecto a suplir carencias argumentales a base de sexo: dudo mucho que, en un mundo como el de hoy, con Internet y mil canales de televisión, nadie vaya a pagar diez euros para ir al cine y tragarse una película de dos horas y media para ver dos segundos a una señora en ropa interior. No, no me lo creo, por muy de buen ver que esté la señora, y menos aún cuando puede buscar imágenes de la susodicha señora en las que probablemente se le verá mucho más.

El tema del sexismo es arena de otro costal, y creo que se lo debería tratar con una profundidad mucho mayor que la que este artículo me permite. No obstante, en esta película en particular, me van a perdonar ustedes, pero no lo veo. En la misma película aparecen señores en calzoncillos en varias ocasiones, y a nadie parece haberle importado en lo más mínimo. Es más, a este respecto, me parece sexista no la película, que en un contexto humorístico muestra a una mujer en ropa interior, como en otros momentos muestra a hombres en ropa interior. Sino a los críticos que han decidido que una mujer no puede hacer lo que le dé la santa gana (verbigracia, quedarse en ropa interior en una película), mientras que un hombre puede hacerlo sin levantar ningún revuelo.

La actitud de crítica ante cualquier indicio de erotismo en una obra de ciencia-ficción me parece en buena medida similar a la de los fanáticos religiosos de La Biblia, Y que conste aquí que me refiero ahora a los del mundo real, no a los líderes religiosos de mi novela. La Biblia es una obra discutible en muchos de sus aspectos: teológicos, morales, científicos o metafísicos; pero indiscutiblemente es un libro que ha sabido venderse bien a través de los siglos y de los milenios. Evidentemente el hecho de tener detrás una agencia de marketing tan poderosa como la Iglesia le ha ayudado bastante en las ventas (por cierto, si alguien quiere fundar una iglesia sobre LA BIBLIA DEL CHISME estoy abierto a proposiciones); pero hay algo que no se suele tener presente a la hora de analizar las historias bíblicas y es que son interesantes a nivel argumental, y parte de ese interés radica en que no se cortan en lo más mínimo a la hora de mostrar sexo.

Y lo mismo ocurre con los mitos griegos. Cuando se dice que la mitología era el modo en que los antiguos explicaban aquello inexplicable del mundo, se demuestra un desconocimiento bastante profundo del grado de desarrollo de la Antigüedad. Se habla del rayo de Zeus, del carro de Helios o de los vientos de Eolo. Sí, muy bien, cierto, estos mitos sirven para explicar acontecimientos naturales; pero ¿qué carajo explica, aclárenmelo ustedes, que Zeus se transforme en toro para beneficiarse a una muchacha? ¿O en cisne, o en lluvia, o en nube, o en águila para calmar su lujuria con ninfas, mujeres y muchachos o lo que quiera que se le ponga por delante? Y si la promiscuidad helénica es proverbial, La Biblia también tiene sus capítulos eróticos, en los que no se ahorran algunas depravaciones que ponen los pelos de punta: Las hijas de Lot acostándose con su padre porque se creen que son los únicos humanos sobre la Tierra después de la hecatombe de Sodoma y Gomorra. Absalón montándoselo con las concubinas de su padre delante de todo Israel. Todo el catálogo de pasiones del CANTAR DE LOS CANTARES. O la escalofriante descripción de lo acontecido entre el levita, su mujer y la tribu de Benjamín en el LIBRO DE LOS JUECES 19:21-24.

Tal vez haya conseguido perder un poco al lector con todos los tumbos anteriores; pero lo que quiero decir es que el sexo forma parte de la vida, y de la parte alegre e interesante, caramba, así que no es comprensible, sin recurrir a complejas explicaciones freudianas, que se sienta el menor de los rechazos hacia su presencia en las obras de ciencia-ficción.

© Raúl A. López Nevado
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Raúl A. López Nevado es músico y escritor