Literatura, posmodernismo y ciencia-ficción
por David Quintero

Se suele considerar la ciencia-ficción un género pobre desde el punto de vista literario. Quizá toda la literatura de género está sometida un poco a este estigma, siendo en general la novela negra o detectivesca la que sería considerada como la más digna desde la estricta óptica de la creación literaria. La verdad es que no es mi intención entrar en este juego de la literatura seria y la de baja estofa. Creo, como Borges, que existe literatura buena y otra peor, pero que cada uno ha de leer lo que le apetezca, aun si fuera basura; lo único que se puede esperar en un caso así es que esa persona acabe despertando a un mundo literario quizá más exigente, pero también más gratificante. Y para esto, como para casi todo, la educación vendría a ser fundamental.

Es cierto que dentro de la ciencia-ficción, incluso en algunas de sus más famosas obras (que no en todas), los personajes pueden ser planos, las descripciones pobres o inexistentes, etcétera. Pero por otro lado, la capacidad de maravilla que transmiten estas obras, las alucinantes visiones de mundos y futuros posibles y la no poca reflexión filosófica que almacenan muchas de ellas, sirven, creo yo, para justificarlas de sobra. Por supuesto, todos desearíamos que además de estas sobresalientes características también cumplieran en los aspectos literarios más convencionales, pero en la vida no se puede tener todo. Por otro lado, en ocasiones ni siquiera es necesario, véase el caso de la extraordinaria HACEDOR DE ESTRELLAS, de Olaf Stapledon, en el que el personaje es una mera voz en off para narrar una epopeya galáctica: la historia del ascenso y caída de civilizaciones y de mundos y hasta universos enteros: no hay sitio para el individuo, todo es inmenso y descomunal, épico y deslumbrante.

Pero hay quizá un movimiento literario serio que se ha interesado más que ningún otro por el género de la ciencia-ficción. Hablo del posmodernismo. Inaugurado seguramente por Joyce, continuado por Beckett y extendido por muchos de los escritores norteamericanos de los setenta en adelante, el posmodernismo ha mirado en bastantes ocasiones a la ciencia-ficción y la ha incorporado a sus obras. Véase por ejemplo EL ARCO IRIS DE GRAVEDAD del difícil Thomas Pynchon. O LA BROMA INFINITA de David Foster Wallace, que de hecho está ambientada en un futuro que muchos autores de la ciencia-ficción más cómica o satírica hubieran querido adoptar. El juego con el espacio y el tiempo es una característica de muchas novelas de ciencia-ficción, y esto está también presente en John Fowles y su LA MUJER DEL TENIENTE FRANCÉS. Recientemente, Seix Barral ha editado la primera novela de Don DeLillo (otro de los posmodernos más importantes), LA ESTRELLA DE RATNER, una historia en la que un joven con prodigiosas habilidades para las matemáticas es aislado junto a un grupo de científicos para descifrar un mensaje extraterrestre procedente del espacio exterior. Un argumento increíblemente similar al de LA VOZ DE SU AMO, de Stanislaw Lem, quien escribió una historia muy parecida hace ya varias décadas, al otro lado del Telón de Acero. Muy probablemente DeLillo jamás conoció la obra de Lem, de todas formas, aun conociéndola, tal vez quería aportar su propia visión del mismo tema.

Se podrían citar más ejemplos, como CONTRALUZ de Pynchon (con todo un homenaje a Isaac Asimov) pero no creo que merezca la pena. Lo que sí creo que merece más la pena es analizar por qué la ciencia-ficción ha tenido esa acogida tan cálida entre los autores posmodernos. Y no parece que la respuesta sea muy difícil. El posmodernismo se caracteriza por la ruptura en todos los sentidos: ruptura de la linealidad narrativa, ruptura del tiempo y el espacio de la historia, ruptura incluso con los antiguos y venerables maestros realistas. En el movimiento posmoderno hay una inquietud, una búsqueda constante de nuevas formas y hasta nuevos lenguajes a través de una experimentación más o menos radical. ¿Y no es acaso eso lo que busca la ciencia-ficción también? Es básicamente lo mismo que he comentado al principio del artículo sobre las visiones de mundos y futuros alucinantes y la continua reflexión sobre el significado de la realidad. Si uno lo piensa bien, las ciencias han revolucionado el siglo XX y los autores posmodernos y los de ciencia-ficción han quedado deslumbrados por ella y por los posibles mañanas que ofrece, para bien o para mal. Cada uno a su manera ha intentado contar esta historia de deslumbramiento personal. No es por tanto tan extraño el matrimonio entre ciencia-ficción y posmodernismo: estaban destinados a encontrarse.

© David Quintero
(770 palabras)