Un desafío para occidente
por Antonio Quintana Carrandi

El miércoles 12 de noviembre de 2014, a las 17:03, hora española, el robot Philae, transportado por la sonda Rosetta, se posó en la superficie del cometa 67P / Churyumov - Gerasimenko. Se trata de un hito sin precedentes en la historia de la exploración espacial. Las cosas no salieron exactamente como los científicos esperaban, pero, a pesar de todo, la misión puede considerarse un éxito. La Agencia Espacial Europea (ESA) se ha marcado un tanto espectacular. Por una vez, valió la pena ver los noticiarios televisivos, habitualmente tan llenos de desastres y mierda política. Noticias como esta trascienden la mera curiosidad científica de uno y le insuflan una necesaria dosis de esperanza en el futuro de la humanidad.

No obstante, algo vino a empañar la hazaña del Philae, y no me refiero a los problema provocados por su accidentada toma de contacto con 67P / Churyumov - Gerasimenko, sino a las palabras de un científico español en una entrevista televisada, quien concluyó su breve intervención apuntando que quizá los primeros en pisar Marte no sean estadounidenses o europeos, sino chinos o indios. No puedo por menos de sentirme preocupado por tal declaración. India y China están dando pasos de gigante en la conquista del espacio, y pueden fácilmente tomar la delantera a Occidente en este campo. Y de ahí viene mi preocupación. China e India son economías emergentes, que alcanzarán durante este siglo los primeros puestos mundiales, eso nadie mínimamente enterado puede negarlo. Pero no se trata de dos países democráticos, sino de dos sociedades autoritarias donde las vidas de las personas están sometidas al escrutinio del Estado. En ambas naciones coexisten la opulencia con la miseria más vergonzosa, sobre todo en la India, donde todavía pervive un abominable sistema de división social en castas. El gigante asiático, por su parte, combina lo peor de una ideología fracasada como el comunismo con un capitalismo salvaje e inhumano, en una siniestra mescolanza que sólo se mantiene gracias al talante totalitario de su clase dirigente. Los principios y valores democráticos, muy respetados en Occidente, apenas cuentan en esas naciones, a pesar de que en la India se trate de lavar la imagen del país de cara al exterior. Que naciones donde se vulneran de continuo los Derechos Humanos puedan algún día liderar la conquista del espacio produce inquietud. Si chinos o indios nos superan, si son no los primeros en llegar a Marte, sino tan sólo los primeros humanos en volver a la Luna, las naciones democráticas occidentales sufrirán un duro revés del que les será muy difícil reponerse. Es por tanto imprescindible que Estados Unidos y Europa se tomen en serio la exploración espacial y la conquista del espacio, colaborando aún más estrechamente para afrontar semejante desafío. El coste económico de tal empresa puede ser exorbitante, pero el resultado a largo plazo lo compensará con creces, con ingentes beneficios económicos y científicos.

USA puso a un hombre en la Luna en 1969. En aquel momento la carrera espacial tenía un marcado cariz político y de prestigio nacional. La primera democracia del mundo fue la primera nación en llevar a un hombre a la superficie de Selene, pero el proyecto Apollo se canceló poco después por razones presupuestarias. Es hora de que Estados Unidos vuelva a liderar la carrera espacial, porque ésta no ha terminado; simplemente, antes el contrincante era la antigua Unión Soviética y ahora son China e India, sobre todo la primera. Soy consciente de que la crisis económica es grave, pero si Europa y USA no reaccionan a tiempo ante el desafío chino-indio, si no aúnan esfuerzos para ponerse muy por delante de esas dos naciones, si dejan que éstas tomen ventaja, después les costará muchísimo más alcanzarlas... si es que logran hacerlo.

La exploración espacial es muy cara, pero con el concurso de todas las naciones occidentales y democráticas es posible asumir sus costes. Es evidente que, para enfrentarnos a un proyecto así, antes habrá que cambiar la mentalidad política, que sólo valora aquello que puede rendir beneficios electorales a corto plazo y para la que el horizonte futuro sólo alcanza ocho años como mucho. Necesitamos por tanto estadistas, gente que, como John Fitzgerald Kennedy, piensen en la próxima generación y no en el egoísta y rastrero día a día político. Con dirigentes así, que antepongan el futuro de sus países a su carrera política, estaremos en condiciones de emprender la conquista del espacio con probabilidades de éxito. Urge también concienciar a la población, haciéndole comprender que el futuro de la humanidad está allá arriba, entre las estrellas, y que es mejor que los primeros en volver al espacio sean aquellos que comparten unos valores de respeto y convivencia democrática. Y aunque será muy difícil, es imprescindible conseguir que la gente, o una mayoría significativa de ella, comprenda que invertir en el espacio es hacerlo en el porvenir de toda la raza humana.

Creo que el siglo XXI, que prácticamente acaba de comenzar, será el de la conquista del Sistema Solar. Estados Unidos, secundada por Europa y quizá por Rusia, cuya experiencia espacial es considerable, puede y debe abanderar esa gran empresa. Para ello será necesario que los estadounidenses recuperen aquella confianza en el futuro y aquel entusiasmo que, a pesar de los graves problemas por los que pasaba su país, tenían en los años 60. Los retos son incluso mayores que entonces, pero las recompensas serán más reales y tangibles, aunque haya que esperar cierto tiempo para apreciar los resultados. Explorar y conquistar el Sistema Solar habrá de ser una tarea de generaciones, razón por la cual lo que se haga ahora tendrá una importancia capital en el futuro desarrollo de los acontecimientos. India y China están planteándole un pulso tecnológico a Occidente, un desafío que exige una reacción inmediata y contundente por nuestra parte. El futuro de la humanidad, insisto en ello, está ahí arriba, en el espacio, cuya conquista será vital. Y el mundo occidental y democrático ha de ponerse a la cabeza de tan magna empresa... si no quiere ser eclipsado por unos países que sustentan sus logros en la explotación inmisericorde de sus poblaciones.

© Antonio Quintana Carrandi
(1.020 palabras)