Destrozando el sentido de la maravilla
por Lino Moinelo

Es mejor ver cine, leer un libro o cualquier otra forma de expresión artística, por mediocres que sean las obras, que no hacerlo en absoluto. Existen formas mucho peores de perder el tiempo, sobre todo con ciertos programas de debate o deportivos que no añaden nada o peor aun, fomentan lo peor que llevamos dentro.

En el caso del deporte podría ser distinto, pero las competiciones están tan adulteradas, las instituciones son tan parciales, y —en la mayoría de los casos— la educación deportiva tan inexistente, que acaban destrozando su misma esencia. En definitiva, cualquier manifestación artística puede aportar algo de valor, unas más que otras, pero salvo algunas excepciones —llevadas al extremo—, el arte es siempre positivo.

También pienso que no es recomendable el ansia por destripar el final de una película —por ejemplo— antes de que éste llegue. Para valorar un producto acabado —positiva o negativamente— se ha ver tal y como al guionista, director, productor, o cualquier otro responsable de su autoría final, decidieran en su día mostrarlo.

El sentido de la maravilla, o la capacidad de dejarse llevar por la imaginación, extasiándose por lo que dicho viaje nos muestra y sin reparar en detalles minuciosos, buscando deslices, errores o afanándose por adivinar el final especulando sobre múltiples de ellos, es fundamental en mi parecer para la ciencia-ficción, y en general para el disfrute de una obra. Aquellos que pasan tardes enteras pasando fotograma a fotograma una película para buscar el detalle, la anécdota, el error, el desliz, bien sea en el propio hacer cinematográfico o en el supuesto deber de la pulcritud científica, creo que poseen esta capacidad sensorial algo trastocada. Por supuesto que esto no significa pasar por alto cualquier error científico o argumental, pero en cualquier caso debería primar el disfrute. Dejarse llevar por la sensación que el autor decidió en su día evocar en el espectador o lector con su creación, o mejor aún, con aquellas que toda obra con el paso del tiempo, pueda llegar a adquirir y producir en nosotros.

© Lino Moinelo
(340 palabras)
Publicado originalmente en Al final de la eternidad el 16 de junio de 2010
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