Una breve de Samuel R. Delany
por Gustavo Piñeiro

Lo que sigue es el fragmento de una entrevista a Samuel R. Delany, publicado por la revista argentina Minotauro (segunda época) Nº 7, de agosto de 1984 (desde aquí puede descargarse en formato pdf).

Por ejemplo, hay muchas oraciones que pueden aparecer tanto en la ficción mundana como en la ciencia-ficción, y uno usa el giro ficción mundana tanto en un sentido irónico (la palabra significa simplemente mundis: mundo, esa ficción que ocurre en el mundo) como por extensión: el aquí y ahora, o en un mundo histórico real. Y cualquier otra connotación, bien, es una mera cuestión de que cada cual tiene derecho a ver lo que quiere. Hay toda clase de oraciones donde las mismas palabras pueden aparecer en ambas clases de texto, por ejemplo, El mundo de ella explotó; si esta oración aparece en ficción mundana quizá sea una metáfora emocional más o menos sensiblera, aludiendo a un estado interior, mientras que en un texto de ciencia-ficción se reserva un margen para significar que un planeta perteneciente a una mujer estalló. O: He turned on his left side, en un texto de ficción mundana se refiere tal vez a alguien que sufre insomnio (Se volvió sobre su lado izquierdo); en ciencia-ficción podría referirse a alguien que extendió la mano para encender un interruptor (Encendió su flanco izquierdo). De modo que en el lenguaje de la ciencia-ficción hay un margen que la ficción mundana no suele tener. Además almacenamos la información de modo diferente al leer una historia de ciencia-ficción, para darle un sentido. En las primeras páginas de MERCADERES DEL ESPACIO hay una oración: Me froté la cara con jabón depilatorio y me la enjuagué con un hilito de agua dulce. El jabón depilatorio indica que es ciencia-ficción porque nosotros no usamos jabón depilatorio —aunque existe en el mundo real— pero nos está contando algo acerca del mundo, nos cuenta algo acerca del mundo de esa historia; el agua dulce es un modo de implicar que en este mundo hay canillas de agua dulce y canillas de agua salada en todas las casas, y el hilito nos está diciendo que el agua dulce escasea. Mientras que si esta oración, o al menos la segunda parte, apareciera en una historia mundana, sería, bien, se sabe... y lo cierto es que cuando uno empieza a almacenar la información en forma diferente, uno está leyendo ciencia-ficción. No importa lo que digan las palabras en sí. Creo que esto... el modo de organizar la información del texto, el modo de leer ciertas oraciones más literalmente, y desde luego los escritores de ciencia-ficción recurren a ello, pero esto es lo que esencialmente establece el género: que es lo que ocurre con cualquier otro género.

Una de las cosas que he notado al enseñar ciencia-ficción: existen —como en cualquier situación relacionada con la ciencia-ficción— dos clases de personas; están las que se niegan a leer ciencia-ficción, y están las que no pueden leerla, y que deben ser distinguidas de las personas que se niegan a leerla. Sé que me he topado cada vez con más gente que ha intentado de veras leer ciencia-ficción y no le encuentra sentido. Cuando trabajé con personas que expresaban su buena voluntad, afirmando muy seriamente que habían probado suerte con tal o cual novela de ciencia-ficción, y no le encontraban sentido... cuando empezábamos a trabajar el texto oración por oración, y lo analizábamos tal como se analizaría con un niño que aprende a leer, empecé a descubrir que lo que no podían era armar ese mundo. No captaban las insinuaciones, las sugerencias, las claves que utiliza cualquier escritor de ciencia-ficción para que el mundo sea coherente, y no podían armar un mundo. Les costaba de veras, a menos que hubiera una página expositiva. Todas esas claves y demás, que son la esencia de una historia de ciencia-ficción, por las cuales el autor otorga vida a la cosa y le da brillo a la cosa, para ellos resultaba literalmente imposible entender cómo leerlas. Y también descubrí que trabajando con ellos un cuento de ciencia-ficción literalmente frase por frase —es decir, qué significa para el cuento la pregunta qué significa esto para el mundo—, descubrí que mejoraban cada vez más y con el tiempo aprendían. Pero es un lenguaje; en ese sentido la ciencia-ficción es realmente un lenguaje; porque, como decíamos, la ficción mundana... se lee comparándola con un mundo dado, o con una visión del mundo que es... bien, no hay que construir el mundo en cada historia, sólo hay que... la historia indica a qué parte del mundo hay que prestar atención. Pero uno no siempre tiene elementos que indiquen que el mundo opera en un modo totalmente diferente de como opera. Y éste es uno de los problemas de enseñar ciencia-ficción, a quienes no hace años y años que la leen, y no han aprendido el lenguaje simplemente por osmosis.

El autor de ciencia-ficción crea un universo para ubicar en él su historia. Muchas veces (tal vez en la mayoría de las veces) ese mundo es muy diferente del que vivimos cotidianamente, ya sea porque el ahora de la historia se ubica en un tiempo diferente (pasado, futuro o en un tiempo inexistente), o porque las leyes naturales o sociales de ese mundo son diferentes, o por otros mil motivos posibles.

A veces, las leyes de ese otro universo nos son expuestas abiertamente, como en el manual de instrucciones de un juego. Pero en los mejores libros, esas leyes nos van siendo presentadas a través de detalles sutiles o de descripciones en apariencia casuales.

En la entrevista, Delany cita un ejemplo: En las primeras páginas de MERCADERES DEL ESPACIO hay una oración: Me froté la cara con jabón depilatorio, y me la enjuagué con un hilito de agua dulce. El jabón depilatorio indica que es ciencia-ficción porque nosotros no usamos jabón depilatorio —aunque exista en el mundo real— pero nos está contando algo acerca del mundo, nos cuenta algo acerca del mundo de esa historia; el agua dulce es un modo de implicar que este mundo hay canillas de agua dulce y canillas de agua salada en todas las casas, y el hilito nos indica que el agua dulce escasea.

Y arriesga la teoría de que aquellas personas que han intentado con ganas leer ciencia-ficción, pero que no le han encontrado sentido, tienen en el fondo una gran dificultad para captar esas sutiles señales que el autor va dejando y que permiten al lector descubrir las leyes del mundo en el que transcurre la historia. Explícitamente Delany aclara que sólo se refiere aquí a quienes intentaron leer ciencia-ficción y no le encontraron sentido, no a quienes redondamente se han negado a leerla.

Dando clases de lectura de ciencia-ficción Delany dice que descubrió que esas personas no captaban las insinuaciones, las sugerencias, las claves que utiliza cualquier escritor de ciencia-ficción para que el mundo sea coherente, y no podían armar un mundo. Les costaba de veras, a menos que hubiera una página expositiva. Todas esas claves y demás, que son la esencia de una historia de ciencia-ficción, por las cuales el autor otorga vida a la cosa y le da brillo a la cosa, para ellos resultaba literalmente imposible entender cómo leerlas.

¿Será así? ¿Será ésa la gran dificultad de quienes no pueden entrar en la ciencia-ficción? Evidentemente es una dificultad, aunque seguramente habrá otros factores sumados a ella. Sin embargo, hace poco, pude vivir en carne propia la dificultad que cita Delany, al intentar libro (de la más pura ciencia-ficción) cuyo mundo parecía un rompecabezas tan difícil de armar que me expulsó de la lectura.

© Gustavo Piñeiro
(1.296 palabras)
Publicado originalmente en Asimovia Guinea el 27 de diciembre de 2010