La sal y la pimienta
por Francisco José Súñer Iglesias

Uno de los recursos de críticos y comentaristas a la hora de dar sopapos a una película especialmente espectacular, pero a su parecer sin trascendencia ni profundidad, es arremeter sin piedad contra los efectos especiales, sean visuales, sean digitales, hasta hacer un defecto de la virtud. A mi, como argumento, me parece socorrido y facilón, una forma como otra cualquiera de inflar el artículo con un par de parrafitos ligeros, que además se aprovechan para dan unos cuantos brochazos sesudos.

Dígase lo que se diga, y dígalo quien lo diga, la salsa de las películas de ciencia-ficción son los efectos especiales (para los despistados, abreviados muchas veces como FX, así, en mayúscula). Independientemente del argumento, que puede están más que sobado y no aportar mucho a la historia del cine (que alguien me diga que de nuevo tuvo LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, aparte de contar otra vez y de otra forma la historia del Emperador de todas las cosas y en eterno de la lucha del bien contra el mal) el verdadero valor de la película pueden ser sus efectos especiales. Por seguir con la cita, LA GUERRA DE LAS GALAXIAS era la típica historia del chaval que no sabía que era la leche en bote y donde los malos van siempre de negro, e incluso un elegante gris, y los buenos siempre de blanco, sea blanco roto, blanco poro o blanco brillo (excepción curiosa, no obstante, la nívea armadura de los Soldados Imperiales). Bien, quedando claro lo arquetípico del argumento ¿qué queda? ¡Los efectos especiales! El éxito arrollador de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS fueron aquellas naves surcando el espacio a toda velocidad o realizando maniobras imposibles en conductos de ventilación. Vistos los originales a día de hoy se hacen rígidos y limitados, pero en la época fue inaudito que una serie B de lujo como al cabo es LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, ofreciera aquellas fabulosas imágenes al mismo precio que las bufonadas del PEPITO PISCINAS de Fernando Esteso.

George Lucas era muy consciente de que su guión era muy básico, y por eso se preocupó tanto de que los efectos especiales fueran sobresalientes, hasta el punto de que una vez vistas las primeras escenas realizadas mientras rodaba en Túnez, se cogió un cabreo de mil demonios, descartó todo lo que se había hecho hasta el momento y se ocupó personalmente de supervisar hasta la última maqueta que se construyó para la película.

Otro que también era muy consciente de que ya no valía cualquier chapuza era Ridley Scott. Unos cuantos minutos de ALIEN fueron descartados porque no fueron capaces de evitar que el traje de xenoformo de Bolaji Badejo hiciera unos pliegues demasiado reveladores de su verdadera naturaleza o, simplemente, porque el alien no se movía de una forma convincentemente alienígena.

Con el tiempo y unos ordenadores y programas cada vez más potentes, todos estos inconvenientes se han ido sorteando hasta conseguir, por un coste relativamente reducido, escenas cada vez más impactantes. Es entonces cuando la simplicidad del argumento queda en evidencia frente a la excelencia de las imágenes y se empieza a hablar de que si los efectos tal o los efectos pascual. Yo no me fijo en esas cosas. Si la película es mala, es mala. No voy a cargar contra una parte de ella cuando el conjunto es más que deficiente. Es más, doy por supuesto que los efectos especiales van a ser buenos, técnicamente no tiene excusa, se puede perdonar una cierta dejadez en producciones televisivas en las que todo el presupuesto no daría ni para los desayunos de la estrella principal de una superproducción, pero en el formato grande tienen que ser buenos si, o si. Hasta IRON SKY, una producción semiprofesional, cumple en este apartado de forma sobresaliente.

¿Qué el guión no pasa ni la revisión ortográfica del Word y los actores anadean como pollos descabezados? Bueno, vale, la película será infumable, pero ¿por qué echarle la culpa a los efectos especiales? He visto auténtica basura, como SKYLINE, de la que solo se salvan, precisamente, los efectos especiales. Si son sobresalientes ¿por qué arremeter contra ellos? Dígase, guión sin pies ni cabeza, actores espantosos, pero reconózcase la bondad de unos efectos especiales al borde de la genialidad. No se tome como defecto lo único que vale la pena, ni sea más desdoro para la ya devaluada producción que por lo menos alguien haya hecho bien su trabajo.

Es ciencia-ficción, amigos, los efectos especiales son la sal y la pimienta, no son estrictamente obligatorios (recordemos GATTACA), pero no tienen por que estar subordinados a no se que muy bien elevados ideales, ni esconderse tímidamente en un segundo plano no vaya a ser que molesten a alguien. A mi no me molestan, en absoluto. Los adoro.

A no ser que sean una chapuza, claro.

© Francisco José Súñer Iglesias
(804 palabras)