El futuro en que vivimos
13. ¿Infección apocalíptica?
por Jorge Romo

Mayo de 2009. En la ciudad de México se da un informe en cadena nacional en el que se indica que las clases en todo el país se suspenden. Días después, los chilangos (los habitantes de la capital del país) se pasean por doquier con cubrebocas: todo por evitar el contagio. Hay víctimas fatales. Pero también hay tratamiento. La influenza provocada por el virus A H1N1 aparece en escena como la epidemia moderna en una gran urbe.

Pero lo que más recuerdo de aquella época es una imagen de Miguel Ángel Fernández Delgado usando un cubrebocas y mostrando un ejemplar de LA TIERRA PERMANECE, de George R. Stewart. Creo que no había mejor referencia literaria para expresar lo que se estaba viviendo. En dicha novela, la humanidad queda diezmada por un virus altamente contagioso y resistente a toda clase de tratamiento. Si bien México no quedó diezmado, esta obra literaria nos recuerda que incluso en nuestras grandes ciudades, y pese a los más sofisticados tratamientos, siempre existe el riesgo de que ocurra una terrible pandemia.

Los virus son agentes infecciosos microscópicos que requieren hospederos para sobrevivir. Regularmente, tienden a infectar una célula sana y obligarla a producir más copias del virus. Su poder infeccioso puede ser de tal magnitud que le complique la existencia al sistema inmune. ¿Pero por qué afectan tan fácilmente a los seres vivos?

Una de las respuestas se encuentra en su poder para mutar. Un ejemplo cotidiano puede ayudarnos a captar la idea. Cuando sufrimos de una fuerte gripe, el sistema inmune reconoce al agente infeccioso y lo elimina al cabo de algunos días. Una de las estrategias para que la infección no se repita es que nuestro sistema de defensas guarda cierta memoria sobre el agente invasor. Cuando éste regresa, el sistema lo vuelve a reconocer y lo elimina con mayor facilidad. Esa es la razón por la que enfermedades como el sarampión o la rubeola nos afectan sólo una vez.

Pero en el caso de la gripe las cosas cambian. Los distintos de virus que causan esta infección sufren mutaciones de forma rápida y esporádica. Después de que uno de éstos nos ha causado la gripe, al cabo de un tiempo la causará de nuevo. ¿La razón?: el virus que nos afectó sufrirá una o más mutaciones que el sistema inmune no reconocerá debido a que guardará memoria sólo de la versión anterior del mismo. Esto también explica por qué ha sido tan complicado desarrollar una vacuna contra el virus del VIH: éste sufre mutaciones al grado que si se tiene una vacuna para un tipo, en breve quedará obsoleta frente a las nuevas cepas.

Pero en muchas de las obras del género siempre se apela a una infección viral como el causante del Apocalipsis. Sin embargo, hoy en día, las bacterias también representan una seria amenaza.

Desde que se inventaron los antibióticos, la tasa de mortalidad ha disminuido espectacularmente. Pero he ahí un problema: la población ha abusado seriamente de estos medicamentos provocando que estos microorganismos generen resistencia. Al más puro estilo darwiniano, un tratamiento con antibióticos es una especie de masacre. Pese al mismo, ciertas bacterias resistentes no sólo pueden sobrevivir y transmitir esa ventaja a sus descendientes (no sólo sufren mutaciones, sino es común que estos organismos se comuniquen celularmente y se pasen los genes que les dan esa resistencia). El abuso continuo de estos fármacos ha provocado que sea más difícil eliminar una infección: incluso hay casos en los que la penicilina ya no está siendo muy útil.

Algunas bacterias que han mostrado fuerte resistencia a los diferentes tipos de antibióticos incluyen al bacilo de Koch (el causante de la tuberculosis); Escherichia coli, agente causante de muchas de las infecciones estomacales; Staphylococcus aureus, bacteria que puede causar desde problemas de piel hasta problemas cardíacos y pulmonares; o el gonococo, famoso por provocar la gonorrea.

¿Nos encontramos ante un nuevo Apocalipsis? Esperemos que no. De ello depende que los sistemas epidemiológicos rastreen a tiempo una peligrosa fuente de infección y la aíslen y, asimismo, que los ciudadanos no abusen de los antibióticos.

© Jorge Romo
(681 palabras)
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