Críticos y mantas
por Luis Del Barrio

Si, he puesto el título de este pequeño artículo con toda la intención, con la intención de que hay críticos que son unos mantas, sobre todo esos que transmiten en sus críticas sus propios gustos, sus pequeñas frustraciones (y no voy a decir eso de que un crítico es un escritor frustrado, sería muy injusto) y sus antipatías personales. Ojo, no me importa que el crítico explique que sus puntos de vista están influidos por estas cosas, que seguramente lo estén en el noventa por ciento de las veces, lo que se me hace muy cuesta arriba es leer una crítica, detectar claramente estas cosas, y que el crítico no se moleste en asumir que sus palabras son fruto de su mundología, haciéndolas pasar por una ley grabada en piedra.

Se me puede decir que eso ya debería darlo por supuesto, que cualquiera que hable de algo lo hace desde un punto de vista influenciado por su propia experiencia, y que así debería leer el artículo, pero no se porqué me molesta mucho el tono, que a veces se detecta, con el que el crítico se distancia de su propia opinión, haciéndola pasar por algo ajeno y objetivo, cuando está claro que no es así.

Hace años (¡muchos!) leí en una revista, no recuerdo cual, pero creo que fue una de esas de formato pequeño, un artículo muy duro contra una novela de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez, he rebuscado en mis archivos, pero no he sido capaz de encontrar el artículo. Aunque recuerde los autores tampoco me acuerdo de que novela se trataba, ni el crítico que hablaba de ella, el caso es que la crítica me resultó violenta, de una agresividad que no me esperaba. La verdad es que me impresionó mucho el desprecio para nada contenido que el crítico sentía hacia estos dos autores. Pasaba muy de puntillas sobre la novela, despachándola en un par de frases, y la mayor parte del artículo, o al menos la parte más vehemente del mismo, la dedicaba a atacar personalmente a los autores. Ahora, el que tiene que admitir que puede que la cosa no fuera exactamente así soy yo, han pasado muchos años, pero el tono general si que fue ese, porque ya digo que me impresionó bastante.

A mi, la verdad, son autores que no me entusiasmaban, eran capaces de arrancarme una sonrisa cada vez que los leía pero creo que literariamente no estaban a buen nivel. Para ser justo de nuevo, no estaban a buen nivel cuando los leía, de esto hace los mismos ¡muchos! años que el artículo que comento. No he vuelto a saber nada de ellos más que por la prensa, así que les concedo el beneficio de la duda, pero de eso a atacar personalmente a un autor porque un aspecto de su obra no me gusta hay un trecho. Divertidos, si, poco literarios, también, pero habrá a quien una cosa le compense la otra, y dependiendo del gusto de cada cual podrá dar mayor o menor importancia a cada cosa.

Identificar de la forma más objetiva posible cada aspecto de las novelas debería ser la misión del crítico, si es que se considera serio, aún ejerciendo como amateur. No veo que problema hay con decir que algo es entretenido, hasta divertido, poniendo a la vez sobre la mesa las faltas de la novela. Y al revés, que si la novela es la perfección literaria hecha palabra, pero un verdadero plomo con poco contenido y menos emoción, se diga también. Explicar los porqués de estas cosas, sin añadir morcillas de índole personal haciéndolas pasar por análisis imparciales, debería ser la misión del crítico, no otra.

En mis modestas aportaciones al género crítico he intentado ser justo en ese sentido, obras que nunca me hubiera leído porque su entramado literario olía a rancio a kilómetros, me han acabado por enganchar a causa de unos personajes atractivos y un ritmo consistente, y así lo he expresado. Eso mismo pido de los críticos serios, que me expongan ordenadamente las virtudes y defectos de las novela o películas, sin entrar a valorar al autor de forma personal, cuestión que a mi, ni a nadie, le importa. Que no sean unos mantas, vaya.

© Luis Del Barrio
(705 palabras)