Fukushima mon amour
por Enric Quílez Castro

Que la cultura japonesa es bastante diferente de la cultura occidental europea o norteamericana es bastante conocido y evidente, pero algunos de sus rasgos diferenciales pueden llegar a ser bastante sorprendentes.

Por ejemplo: analicemos el caso del accidente nuclear de Fukushima y comparémoslo con el que hubo hace unas décadas en Chernobyl. Los trabajadores de Chernobyl que se expusieron a las radiaciones para tratar de construir un sarcófago capaz de contener las letales radiaciones fueron tratados a posteriori como héroes (aunque tampoco es que fuesen premiados con grandes cantidades de dinero). Pero al menos, tuvieron el reconocimiento social de su sacrificio.

En cambio, en Fukushima sucede lo contrario: los trabajadores que han tratado de contener la radiación y los vertidos al mar y a la atmósfera han sido tratados por sus propios convecinos como auténticos parias condenados al ostracismo, lo cual no sólo es injusto sino que además es inhumano.

Este tipo de situaciones de ostracismo me traen a la memoria uno de los mejores relatos de ciencia-ficción de Robert Silverberg: VER AL HOMBRE INVISIBLE (TO SEE THE INVISIBLE MAN, 1963) contenido en La otra sombra de la Tierra en el que el castigo para todos los crímenes que se comenten es condenar al ostracismo al delincuente, de manera que nadie puede verlo, ni hablarle ni tratar con él. El relato es verdaderamente estremecedor.

El ostracismo ha sido practicado por muchas sociedades, algunas tan civilizadas como la Atenas clásica, en que los parlamentarios escribían en trozos de cerámica (ostrakon, de ahí, ostracismo) el nombre los condenados al exilio, generalmente por diez años.

Otro de los relatos clásicos sobre el ostracismo en ciencia-ficción es ESQUIROL (MALE STRIKEBREAKER, 1957), de Isaac Asimov, en que la casta de empleados encargados de gestionar los residuos de los asteroides se ven relegados al ostracismo social total, hasta el punto que una sociedad prefiere sucumbir en sus propios residuos antes que tener que tratar con los basureros.

En realidad no es muy diferente al trato que recibe la casta de los intocables en la India o de otros grupos proscritos en otros países. Cada civilización tiene, por desgracia, a sus intocables condenados a un cierto ostracismo social.

© Enric Quílez Castro
(363 palabras)
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 10 de diciembre de 2012