El malabar de los referentes
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace poco, un lector del relato CRONEN Y CREPÚSCULO, de Antonio Santos, se quejaba de lo falto de referentes, críptico y barroco que era, y defendía que este tipo de textos deberían ser menos enrevesados y más claros y ágiles.

En el aspecto literario yo he sido siempre de la misma opinión, cuanto más clara y perfilada sea la historia más se acercará al lector, alejarse de artificios literarios, que probablemente estén ocultando otras carencias, es lo deseable.

No obstante, hay una cuestión a tener en cuenta cuando se habla de ciencia-ficción. Estamos en mundos y situaciones muy alejadas, en teoría, de nuestras experiencias, la diferencia que existe entre la actualidad del lector y la ubicación temporal del relato implica toda una serie de transformaciones sociales y tecnológicas. Desde la experiencia cotidiana del protagonista del relato hasta el idioma que habla, poco o nada tendrá que ver con las del lector, por tanto, una aproximación realista a la historia sería la de procurar narrarla en los mismos parámetros y con el mismo lenguaje que usaría su protagonista. Algo así intentó Russell Hoban en DUDO ERRANTE con resultados más que irregulares, Hoban recrea una posible evolución del inglés dos mil quinientos años en el futuro. El experimento es fallido puesto que falto de puntos de anclaje sólidos, un idioma evoluciona, retorciéndose y fusionándose, de forma imparable hasta hacerlo irreconocible al cabo del tiempo. Solo pensemos que el español es un descendiente directo del latín, fruto de dos mil años de evolución, con mil años de historia propia y con una forma moderna inteligible de poco más de seiscientos años. El inglés retorcido, pero comprensible, de Hoban no es creíble.

Ya que hemos hablado de Roma, tomemos a un patricio, culto e imperturbable, y plantémosle en una ciudad como Madrid. No entenderá absolutamente nada de lo que sucede a su alrededor. Casas rodantes, luces sin llama, gentes hablando solas con la mano en la cabeza... las explicaciones que necesitaría para empezar a saber (que no comprender) todo lo que ve abarcan nada menos que 2000 años de civilización, con una última centuria ciertamente acelerada.

Tomemos ahora cualquier obra de ciencia-ficción, leámosla, sorprendentemente podemos ponernos en la piel de sus protagonistas y seguir sus pasos sin apenas esfuerzo. Por lo pronto hay un autor con experiencias muy similares a las nuestras que ha construido una historia futura desde sus vivencias y conocimientos, puede llegar a imaginar artefactos, situaciones y alienígenas absolutamente extraños, pero casi siempre se las arregla para adaptarlos a su experiencia y la de sus lectores para que su relato sea comprensible.

De cuando en cuando hay quien se arriesga a ir más allá y construir sus historias desde el futuro. Lem era un especialista en eso, sus historias de alienígenas estaban al borde de la ininteligibilidad. En EDÉN presenta una especie extraterrestre tan distinta a la humana que ni siquiera llega a tener una percepción clara de los astronautas que los visitan, y éstos son incapaces de encajar el comportamiento de los edenitas en su propio experiencia vital. En SOLARIS los intentos de comunicación solo provocan locura y destrucción, pero no por maldad, sino porque las especies ni siquiera se reconocen entre si.

Volviendo de nuevo a los reparos del lector de CRONEN Y CREPÚSCULO, la queja devino en una polémica en la que incluso se calificó al relato de deshonesto simplemente porque el lector no tenía referencias del Universo Narrativo en el que se desarrollaba.

El argumento del relato es tan diáfano y se ha contando tantas veces que hasta puede resultar aburrido: un grupo de mercenarios se entretiene torturando a sus prisioneros, en esto aparece un superguerrero que los elimina a todos y salva a una niña que le descubre que tiene sentimientos, para terminar por adoptarla.

Ahora bien, para dar lustre a algo tan sobado hay que dotarle de un contexto, el estilo de Antonio es tan peculiar y montaraz (en el sentido de salirse de caminos trillados) que por ese lado no necesita más adornos. La Historia de la Frontera aporta el escenario. Negar la existencia de un contexto sólido, un Universo Narrativo como es la Historia de la Frontera simplemente porque se desconoce la obra asociada, y a la vez justificar cualquier episodio independiente de La Guerra de los Clones porque el universo de La Guerra de las Galaxias es conocido por muchos no tiene sentido. De acuerdo que las Historias de la Frontera no las han leído millones de personas, pero desde luego no son algo que el autor guarda celosamente en privado. Los libros (LA ESCLAVA DE MARSOON, LAS GRAVES PLANICIES, RECALIBRADOS) están disponibles en diversas librerías y en el blog de Antonio se pueden encontrar múltiples referencias adicionales.

En realidad, el problema que tiene cualquier relato de género es su reducida extensión, que impide ser demasiado explícito respecto al Universo en el que se desarrolla, y por tanto, cuanto más exótico y complejo, y sobre todo cuanto más ajeno resulte para el lector, más dificultades tiene éste para conectar con la historia.

El autor lo tiene difícil. O conformarse con cuatro lugares comunes, que supone conocidos y reconocibles por sus lectores, o ir un poco más allá y enfrentarlos a lo desconocido. Hay opiniones para todos los gustos, pero es indiscutible que sin dar pasos adelante no se avanza en absoluto.

© Francisco José Súñer Iglesias
(891 palabras)