¿Se puede hacer un Steampunk en Español?
por Joseph Remesar

Cuando toda esta aventura del steampunk comenzó para mí, me bastó con la descripción que daban la mayoría del mismo, donde lo explican cómo subgénero literario nacido dentro de la ciencia-ficción, basado en la Época victoriana y en donde las máquinas a vapor, la mecánica y avanzados dispositivos de relojería forman parte de su ambientación. Pero a diferencia de otros movimientos como el romanticismo, el steampunk pasó pronto a convertirse en una estética, y con el tiempo, en una corriente social. Porque el steampunk lo puede englobar prácticamente todo: literatura, arte, diseño, moda, en un enorme rango de estilos y tendencias que van desde la influencia del gótico hasta los anime japonesas. Y entonces descubrí que el steampunk para mí era todo eso junto; libertad, variedad, innovación, creatividad, integración; un volver al pasado para imaginarnos un futuro como pudo ser. Es también para mí, belleza, no importa el tipo de objeto o su funcionalidad, y sobre todo calidad: el cuero, la madera y hasta el bronce en vez del plástico barato, insípido, inreciclable. Veo al steampunk de una manera positiva, optimista, capaz de adaptar los valores tradicionales a esta vorágine moderna y posiblemente transformarla.

Yo vivo en Inglaterra, donde he convivido con este movimiento desde los 90s, mucho antes de ser mainstream, y por eso sé que es fácil para los británicos mirar para atrás y recrear como pudo haber sido el mundo desarrollando a partir de la época victoriana, tan gloriosa para ellos. Claro, nunca hubo ni habrá otro imperio como el Imperio británico del siglo XIX, porque aunque hubo otros imperios antes de ellos, fue durante ese periodo que desarrollaron todos los avances; el tren, el telégrafo, los dirigibles, los barcos a vapor. Por primera vez en la historia de la Humanidad, la información podía viajar más rápido y más lejos de lo que un hombre podía ir a caballo. Puedo agregar además que aquí vives rodeado de construcciones victorianas y que todavía hay una generación que recuerda ir al trabajo subiendo trenes de vapor (ahora en manos de fans y steamers). Y después, cuando el imperio se convirtió en una Commonwealth, y los norteamericanos heredaron el puesto como policías del mundo, ya no eran los primeros, ni los únicos, y son una democracia. Así que para ellos y otros países desarrollados, imaginar mundos steampunk es seguir el patrón que dejaron. No es tan sencillo para quien no es parte de esa cultura o de ese pasado.

Entonces, cuando decidí comenzar a escribir steampunk en español, fue porque el completo movimiento se inicia con la literatura y es la literatura quien lo mantiene vivo. Se inició con H. G. Wells y con Julio Verne para ellos y se continuó cuando tres escritores californianos que se reunieron una tarde y decidieron inventarse el término y ofrecerle la idea a su editor. La estética solo sigue los pasos de la literatura.

Pero... ¿es posible un steampunk en español? —y no me refiero a traducciones— porque ni nuestro siglo XIX es tan glorioso, ni los países iberoamericanos hemos sido parte creativa de las revoluciones industriales. Mientras el Imperio Británico se elevaba, el Imperio Español se hundía en guerras con sus colonias, que terminaron en independencias que siguieron otras divisiones y que continuaron con guerras civiles o nacionalistas, donde cada caudillo quiso controlar un territorio por puro interés personal o político. Triste historia que continúa hasta nuestros días. Escribí mi primera novela steampunk, EL DIRIGIBLE, basado en la premisa de que si se puede. Ha habido bueno intentos antes, con las obras de Félix J. Palma y Eduardo Vaquerizo, con nuevas antologías de cuentos, donde jóvenes y no tan jóvenes se van abriendo camino. Pero poca cosa contra la avalancha que representa el mismo género en inglés o francés. Había que hacer algo al respecto.

Porque además descubrí que el steampunk en español puede hacer algo más: unir 300 millones de hispanoparlantes, en una sola fuerza, que gracias a Internet, puede saltarse fronteras y políticas. Tenemos en nuestro pasado, una variedad inaudita, una riqueza creativa tan soberbia que podemos recrear el steampunk como queramos. En un mundo abrumado por eternas crisis, desastres, pobreza, guerras, desempleo, problemas sociales, el steampunk es nuestro mejor bastión: la imaginación es nuestro muro y nuestra torre.

© Joseph Remesar
(710 palabras)
Publicado originalmente en El leprechaun el 23 de junio de 2013