Las gafas del futuro
por Dixon Acosta

Supuestamente hablo del futuro, pero este futuro es inmediato, a la vuelta de la esquina, al cabo de unos días...es realmente el presente. Como todos saben, se han anunciado unas revolucionarias gafas, invento de la empresa a la que acudimos todos los días para buscar orientación en Internet, su nombre es tan popular que no hay necesidad de escribirlo, pero si no lo saben pueden buscarlo en Google.

En fin, se han anunciado estas gafas con bombos y platillos, creando una expectativa mundial y no han demorado en salir comentarios en pro y en contra. Algunos que han usado los revolucionarios lentes, no dudan en vaticinar que se popularizará su uso, pues la expresión portátil adquiere todo sentido al tratarse de una prenda de vestir con diversas funciones, como estar conectado a Internet por ende a las redes sociales, pero ante todo porque es una cámara de video ambulante, con la que se puede grabar y transmitir en vivo. Es claro que bien utilizado el aparato puede tener aplicaciones que van desde el periodismo hasta el arte. Sin embargo, también hay preocupación por temas como la propiedad intelectual y la misma intimidad de las personas.

Una de las críticas más afiladas ha sido la del gran intelectual estadounidense Noam Chomsky, quien asemeja estos adminículos con un escenario digno de la novela 1984 de George Orwell, en el sentido que para Chomsky representa una invasión indebida de la privacidad ajena, una forma de destrucción de la gente, al imaginar una persona que se vuelve millones, conectada todo el tiempo a Internet, grabando su vida y la de los que la rodean, convirtiendo en objeto público a los sujetos privados.

Obviamente para la corporación pesarán más las consideraciones de la bolsa bursátil que las especulaciones de un viejo filósofo, por lo cual es seguro que vamos a estar inundados en unos meses de las gafas y seremos muchos los que las usaremos al menos por curiosidad. El futuro nos dirá si será moda pasajera o el artilugio se quedará para cambiarnos la vida por completo.

Piensa mal y acertarás. Creo que para quienes tenemos alergia a Facebook por su faceta exhibicionista, esa red social se quedará en pañales frente a lo que está por llegar, no sería extraño que alguien en este momento esté diseñando la plataforma virtual para guardar y mostrar al mundo el contenido de cada una de estas gafas. Si no, entonces me pido derechos por esta mala idea que estoy enviando al vacío.

En todo caso, es importante que los Estados comiencen a pensar en la regulación de estos lentes y no se trata de coartar las libertades individuales, estoy pensando en oficinas públicas por ejemplo. ¿Los funcionarios podrán exigir a los usuarios de trámites que se despojen de estas gafas? ¿O tendrán que usarlas también para tener argumentos contra posibles demandas o denuncias sobre los servicios oficiales?

En las escuelas y universidades a la hora de presentar exámenes y pruebas académicas, cómo se podrá detectar en el futuro que no se trata de unos lentes especiales mediante el cual sea fácil hacer trampa, dado que como todo desarrollo tecnológico, aún más en la nanotecnología, el diseño que nos presentan ahora seguramente irá cambiando con el tiempo y llegará el día en que no se podrán diferenciar estas gafas especiales de las normales. Al ser virtualmente imposible su prohibición, podría promover toda una revolución escolar sobre objetivos académicos y sus formas de evaluación.

Los escritores de ciencia-ficción del subgénero cyborg (cibernético más orgánico), han presentado en la literatura seres que combinan la naturaleza biológica de su cuerpo con apéndices de materiales inorgánicos de diversa especie, para aumentar las funciones y posibilidades humanas. Unos híbridos de carne, hueso, alambres, chips y plástico, que podrían ser el siguiente paso en la evolución de nuestra especie.

Aunque realmente la era cyborg comenzó hace mucho con aplicaciones médicas como audífonos para ayudar a escuchar mejor, marcapasos y otros desarrollos de biónica en casos de extremidades perdidas, lo que viene es inimaginable de cuenta de unas gafitas. El primer cambio será en las relaciones sociales, pues el que porte ahora estos lentes estará a la moda y no será calificado de sabelotodo o de tonto como en el pasado.

Personalmente, creo que todo dependerá del uso de estos objetos y de la responsabilidad social y personal para que como sucede con cualquier cosa, sea herramienta y no un arma. Por ejemplo, sería muy útil si le crean una aplicación, que tuviera un traductor automático, que con un sistema de audio a la persona le permita viajar a cualquier país y al menos entender lo que otro ser humano le dice sin importar su lenguaje. Sería interesante presenciar un animado diálogo entre un colombiano y un indonesio, cada uno en su lengua pero entendiéndose. El invento que le hizo falta a la torre de Babel para funcionar. Dejo esta otra idea y si la veo funcionando en unos años, cobraré nuevamente derechos de autor.

En todo caso, atrás quedó la época en la cual un reloj servía para dar la hora, un teléfono para contestar llamadas y unas gafas para mejorar la visión. Pobre iluso que me burlaba del zapatófono del Superagente 86 o al pensar que el teléfono de Dick Tracy con televisor era una mera fantasía.

Un día de estos mi bolígrafo servirá como termómetro, centro de diagnóstico de enfermedad y jeringa para inyectar medicinas, no sólo tinta para el hambriento papel.

En Twitter: @dixonmedellin.

© Dixon Acosta
(915 palabras)
Publicado originalmente en El espectador el 10 de octubre de 2013