Los dirigibles, un símbolo de la estética Steampunk
por Joseph Remesar

Una de esas maravillas de ingeniería que siempre han llamado la atención y que históricamente no se le ha hecho justicia, son los grandes zepelines. Quizás es por eso que mi primera novela del género steampunk transcurre en gran parte dentro de una de estas inmensas aeronaves. En mi versión claro está, los dirigibles son usados comúnmente para transporte de pasajeros y mercancías, y el modelo que tomó es el del famoso Hindenburg, aunque el mío lo bautice Los Ángeles, ya que es una nave de la flota americana de Pam-Ame, y le incorpore algunas modificaciones, como pudieron haber ocurrido pero que nunca ocurrieron. Por ejemplo el hecho de que el zepelín alemán estuviera lleno con gas hidrógeno (por lo que su historia terminó en desastre) lo sustituí por helio, como originalmente fue pensado. La única razón para su uso fue un embargo del ejército de Estados Unidos sobre este elemento, y teniendo este país casi el 90% de las reservas mundiales, obligó a los alemanes a cambiar el diseño para pasar a usar hidrógeno altamente inflamable y fuertemente explosivo, pero que podía crear industrialmente. La historia de estas aeronaves no cambio entonces porque fueran peligrosos y poco fiables, sino que se debió a una decisión política. Así que yo situó el dirigible de mi historia mucho antes de que el Hindenburg fuera construido, es decir en plena época victoriana, en 1876, pero le doy similares características técnicas: más largo que tres Boeing 747 juntos, con capacidad para 72 pasajeros y una tripulación de 40 personas. Para los más curiosos, he aquí un par de párrafos del particular capítulo donde introduzco la aeronave.

«Al irse acercando a ella, la enorme aeronave se veía mucho más grande de lo que había esperado, su plateada forma oval, gigante sobre el verdor del césped, sus enormes hélices, más grandes que cualquier barco; la había visto un par de veces en las alturas, sobrevolando Londres cuando se había abierto la ruta Frankfurt-Londres-New York y desde luego, con su salario de Inspector, nunca había ni soñado viajar en ella, y ahora estaba embarcando con los otros pasajeros, artistas y hombres de negocios en su mayoría, y no se lo podía creer. Ahí estaba, frente a él, el señor de los cielos: la mayor aeronave jamás diseñada.

»El dirigible era de construcción alemana, clase Hindenburg, pero era operado por la empresa americana Pan-Ame que lo había bautizado Los Ángeles y había sustituido el muy inflamable hidrógeno por helio. El logo de la empresa, un estilizado mapamundi cruzado con letras azul cielo, era ya un símbolo de esta nueva era de viajes internacionales, y estampado a los lados del dirigible era visible a millas de distancia.

»La aeronave partía desde Hyde Park y estaba aparcada hacía la esquina de Marvel Arch, lo que hacía que la mayoría de sus pasajeros vinieran por la recién inaugurada Calle Oxford. James había llegado a primera hora de la mañana, ansioso de tramitar los documentos de expatriación del cadáver. Había ya una multitud de curiosos y prensa, y hasta la Royal Band de su Majestad la Reina hacía preparativos para despedirla, con sus típicos sombreros negros de oso y sus uniformes grises de invierno».

© Joseph Remesar
(537 palabras)
Publicado originalmente en El leprechaun el 24 de mayo de 2013