Los delfines de David Brin
por David Quintero

Voy a empezar a leer la saga de la Elevación de los Pupilos, del afamado escritor David Brin, aprovechando que la Factoría de Ideas ha editado los dos primeros libros (NAVEGANTE SOLAR y MAREA ESTELAR). Sin duda alguna, la historia promete y mucho. Además, salen extraterrestres, y como ya he escrito por aquí alguna que otra vez, para mí, la vida alienígena es el gran tema de la ciencia-ficción (sin perjuicio de que de otros temas se puedan sacar y de hecho se saquen historias también magníficas).

El caso es que la novela presenta un concepto muy interesante: el de la elevación (uplift) de una especie. La elevación consiste en que una especie más avanzada apadrina, por así decirlo, a otra inferior a la que le ve potencial para desarrollarse, convirtiéndose en su tutora, allanándole a sus pupilos un camino que quizá no podrían haber recorrido solos. El concepto, no me lo negarán, es propio de la mejor ciencia-ficción de ideas, y si tal vez no se pueda decir que fue David Brin el creador original de la elevación (una búsqueda en wikipedia me informa que la idea básica puede considerarse ya presente en H. G. Wells y LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU), sí que creo que el señor Brin merece el mérito de haber sistematizado el término y haber profundizado mucho en él.

En los libros, son muchas las especies alienígenas que apadrinan a otras más atrasadas o atascadas en un callejón sin salida de la evolución, y los seres humanos no podríamos ser menos. ¿Y a quiénes estamos nosotros elevando? Se lo pueden imaginar: a delfines y a chimpancés. El caso del chimpancé es conocido porque al fin y al cabo no están muy lejos de nosotros en la escala evolutiva y continuamente hemos visto cómo aprenden con facilidad; el del delfín choca un poco más, quizá porque es un animal que se desenvuelve en el agua, pero no debería sorprender tanto, porque todos sabemos lo curiosos e inteligentes que estos simpáticos mamíferos pueden llegar a ser. El delfín se aproxima al ser humano, juega con él, le acompaña, incluso le ha llegado a salvar en ocasiones la vida; ¿y por qué gustan de nuestra cercanía? Para saciar su curiosidad, sí, en parte, pero yo diría también que porque el animal intuye en nosotros a un semejante, a una criatura próxima a él. Nos consideran interesantes, sin duda mucho más interesantes que sus otros compañeros acuáticos, como los sonámbulos peces que nadan en bancos o los tiburones de mentalidad indescifrable.

De hecho, recuerdo haber leído u oído en algún sitio que si el delfín hubiera tenido manos o similar, habría podido evolucionar hasta convertirse en una especie tecnológica, como nosotros. ¿Se lo imaginan? ¿Dos especies avanzadas compartiendo el mismo nicho ecológico? ¿Habrá sucedido algo similar en algún mundo que albergue especies inteligentes? ¿Colaborarían desde un principio o competirían? Quiero pensar en lo primero, aunque hay que reconocer que para ello no hace falta solo ser inteligente y disponer de mucha tecnología, sino tener unos estándares éticos muy pero que muy elevados, nunca mejor dicho.

© David Quintero
(518 palabras)