Zombies en la vida cotidiana
por Jorge Romo

No soy del todo fan del género zombie, pero ahí me tienen en primera fila para degustar de GUERRA MUNDIAL Z: la esperadísima película en la que Brad Pitt hace de las suyas.

Para ser sincero, la historia nos ofrece un relativamente nuevo panorama sobre el clásico Apocalipsis zombie, concentrándose en dos aspectos creo que un tanto novedosos: en primer lugar, el muerto viviente como un ser muy veloz y capaz de infectar en segundos a sus presas, mientras que por otro lado, se ofrece un panorama más mundial, es decir, cuando Gerry Lane viaja a varios países para tratar de encontrar alguna solución al asunto, nos la creemos al ver que la epidemia se ha esparcido en muchos rincones de nuestro mundo.

Sin embargo, la novela se atreve a ir mucho más allá y ofrece un panorama mucho más completo del asunto. A partir de una serie de entrevistas ficticias a muchos de los sobrevivientes de la guerra zombie, Max Brooks (el mismísimo hijo de Mel Brooks) se las ingenia para contarnos cómo iniciaron los primeros brotes, cómo se expandió la epidemia por todo el mundo, y cómo se la ingenia la humanidad para no erradicar del todo a la plaga zombie, mas si mantenerla controlada.

Pero la película y la novela me han hecho pensar si existirán casos reales de zombies en la naturaleza. Déjenme contarles dos casos.

La hormiga carpintera de Tailandia podría ser interpretada como un caso zombie. Estas hormigas frecuentemente son infectadas por el hongo Ophiocordyceps. Mientras que los ejemplares sanos de estos insectos se mueven en varias direcciones para buscar alimento, los ejemplares infectados se desplazan erráticamente. Posteriormente, el hongo invade todo el sistema nervioso de la hormiga, obligándola a posarse en alguna planta del sotobosque (la zona vegetal de los bosques más cercana al suelo) para hacer que se aferre con la mandíbula a una hoja. Al final, el hongo produce un veneno que mata a la hormiga infectada y produce una larga estructura que dispersará las esporas para que otras hormigas sean infectadas.

Por otro lado, el Toxoplasma gondii es un parásito que por lo regular infecta a muchos mamíferos. Sin embargo, es en los felinos (especialmente en los gatos) en donde produce sus huevecillos (este protozoario incluso es capaz de infectar roedores y hacer que éstos pierdan el miedo a los gatos, situación que lleva a que sean devorados). El constante contacto de humanos y gatos, y en especial el contacto con las heces de estos felinos hacer que el ser humano quede infectado.

Si bien la toxoplasmosis puede generar abortos o malformaciones del producto en mujeres embarazadas, se ha discutido seriamente si este parásito podría afectar la conducta del ser humano.

En el artículo Incremento en el riesgo de accidentes de tráfico en sujetos con toxoplasmosis latente: un estudio retrospectivo, elaborado por Jaroslav Flegr y colaboradores, se plantea que la gente infectada por este parásito podría presentar problemas de concentración y reflejos a la hora de conducir un automóvil. De la misma manera, en el estudio ¿Puede el Toxoplasma gondii, parásito cerebral, influir en la cultura humana? Kevin D. Lafferty sugiere que las personas infectadas podrían haber sufrido cambios de personalidad, e incluso neurosis, de tal suerte que las variaciones en el comportamiento humano podrían estar afectando a las poblaciones humanas y los patrones culturales de éstas.

Si bien los humanos no somos muertos vivientes, quizás podríamos estar siendo manipulados de manera sigilosa por algunos microorganismos que nos infectan. De la misma forma, el mismo ser humano, quien ha vivido durante miles de años en contacto con estos parásitos, puede que haya visto modificado su comportamiento debido a estos mismos invasores silenciosos. Se requieren más estudios para entender si realmente somos zombies.

© Jorge Romo
(622 palabras)