El futuro en que vivimos
11. Comida sintética
por Luis Del Barrio

Hace poco hablé por aquí, en relación a las impresoras 3D, de la posibilidad de que algún día fuera posible la fabricación sobre la marcha de ricos platos en una máquina dispensadoras de alimentos, al poco la NASA anunció que ya estaba con el invento, y ahora nos enteramos que un grupo de investigadores holandeses están sintetizando carne de vaca a partir de células madre.

Por lo leído los científicos han estado cinco años desarrollando el proceso, financiados nada menos que por uno de los fundadores de Google, Sergey Brin. De momento es un método tosco y lento. Se trata de alimentar con nutrientes específicos las células madre y acelerar el crecimiento mediante compuestos químicos. Tras casi un mes, consiguieron reunir un millón de células madre que aislaron en viales donde se fusionaron hasta formar tiras de fibra muscular de unos 15 milímetros de largo y unos pocos de ancho. Cuando reunieron 20.000 de esas fibras (supongo que según las iban sintetizando las iban congelando) las juntaron y... moldearon en forma de hamburguesa.

Por lo visto no es que sea muy apetitosa, el aspecto, el color y el sabor todavía está muy lejos de la carne de verdad, de hecho no tiene entreverada esa rica grasa que hace jugosos los alimentos, y que desde el punto de vista nutricional aporta, junto a los hidratos de carbono, la energía necesaria para que el cuerpo se mueva, todavía tienen que investigar mucho al respecto, pero el primer paso ya está dado, el producto existe, y una vez que en los laboratorios hayan sido capaces de imitar lo más perfectamente la carne nacida, el siguiente paso será desarrollar los procesos industriales para que la carne fabricada se presente en el mercado a precios asequibles.

Si se piensa, las consecuencias de este tipo de industria, si el producto es de la calidad adecuada, pueden ser bastante importantes. Por lo pronto, la industria ganadera sufrirá un golpe bastante importante, o al menos deberá reconvertirse, puesto que ya no será necesaria la ganadería intensiva, quedará, supongo, una ganadería dedicada a ofrecer productos naturales y de alta calidad. Así que el buey de Kobe, la ternera gallega (y la de Ávila) y el cerdo ibérico no correrían peligro de extinción. Sin embargo, la industria de fabricación de alimentos, porque habrá que suponer que el proceso también será extrapolable a cualquier tipo de materia biológica (brecol sintético ¡puag!) tendrá sus propios problemas, necesitará sus propias materias primas —todos esos nutrientes y compuesto químicos necesarios para la síntesis— y generará sus particulares productos de desecho. A base de aditivos el sabor y la propiedades nutricionales serán comparables a los productos naturales, pero la química que se use para su elaboración tendrá unos efectos secundarios que tardarán en manifestarse.

Tampoco hay que ser optimistas con la promesa de acabar con el hambre en el mundo, puede que el proceso industrial consiga unos precios asequibles... solo en las partes más acomodadas del mundo, con lo que no habremos adelantado nada, o bien, para abaratar el producto, se prescindirá de aquellos aditivos que le den un plus de calidad y en el tercer mundo acabarán comiendo la misma bazofia de siempre. Claro que es más que nada, pero creo que ese no es el camino.

De las muchas noticias tecnológicas que he leído estos últimos años esta es la que más escalofríos me ha dado. Me recuerda demasiado a los tanques axlotl de DUNE, donde los teilaxus sintetizaban casi cualquier materia viva. Me consta, aunque no recuerdo — ¡ni encuentro en Internet! — donde se describe ni quien lo hace, alguna que otra máquina de fabricar carne sintética.

En fin, de todas formas, lo peor de todo el asunto, hasta ahora, es que en los vídeos que he visto ¡¡¡la cocinan con mantequilla!!!

© Luis Del Barrio
(632 palabras)