El futuro en que vivimos
10. Moldeando
por Luis Del Barrio

Hace bien poco un ciudadano estadounidense ha diseñado y puesto a disposición del público los planos de una pistola. Esto no sería nada extraordinario de no ser porque la pistolita puede ser impresa en casa en una de esas modernas impresoras 3D que dentro de poco podremos ver en el Media Markt por menos de 50 euros (no quiero ni saber lo que costará la tinta de tales artefactos). De momento esas impresoras son equipos caros, aunque al alcance de economías desahogadas, unos 400 dólares cuestan las más económicas, nada extraordinario por cuanto mi primer PC me costó 300.000 pesetas hace ya ¿20? Años. Hagan las cuentas.

El ciudadano que ha puesto a disposición los planos de la pistola es uno de esos convencidos de que quien a hierro mata a hierro termina, y que toda persona humana debería poder defenderse de posibles agresiones por parte de gentes de mal vivir o las malas ideas de los vecinos, con lo que todo el mundo acaba por convertirse en un enemigo en potencia. Pero ese es otro debate.

Lo que más me ha llamado la atención de este tema es que ya es posible descargar desde cualquier sitio los planos de cualquier objeto y reproducirlo cómodamente en casa, con solo invertir tiempo y dinero. De nuevo, algo que estaba confinado al ámbito de la ciencia-ficción, se ha hecho realidad. De acuerdo que desde hace por lo menos una década estos artefactos daban servicio en industrias y laboratorios, pero desde mi punto de vista hasta que una idea no se populariza, hasta que no invade el ámbito privado, por muchos ejemplos que se pongan encima de la mesa, siguen pruebas de concepto, traslaciones al mundo real de ideas salidas de la imaginación de los escritores.

En el caso de la pistola de plástico se ha dado un nuevo paso en esa dirección. No se trata, aún, de los formidables teletransportadores de Star Trek, o las máquinas karendon de La Saga de los Aznar, pero si de artefactos capaces de crear objetos de la nada De momento se trata de objetos simples, de una sola pieza o a lo sumo unas pocas que además resulte sencillo ensamblar, pero no creo que se tarde mucho en ofrecer impresoras (¿o mejor moldeadoras?) multimaterial, capaces de generar objetos que no estén limitados a una única variedad de polímero, la principal utilidad a corto plazo que le veo a estas máquinas está en reproducir piezas de repuesto difíciles de conseguir. O no necesariamente. Para el fabricante sería tan sencillo como moldearlas bajo demanda sin necesidad de mantener un stock de repuestos, o más sencillamente, dejar a disposición de sus clientes los planos de las mismas. Y no se preocupen, no hay más que ver el mundo que nos rodea para comprender que vivimos en una jungla de plástico.

Yendo más allá, se me ocurren auténticas máquinas dispensadoras de alimentos a las que sea posible pedir suculentos platos que ellas se encargarán de sintetizar a partir de nutrientes básicos y aromas en sus cantidades precisas. Aunque siendo estrictos, quizá se trate más bien de otro tipo de máquinas, pero el principio será el mismo, a partir de unos pocos materiales base devolver productos con un grado razonable de similitud con el original. Aunque no veo uno de esos dispensadores sirviendo una buena paella o moldeando un cochinillo asado.

De momento la pistola que protegerá a América de sus enemigos no deja de ser una curiosidad que dispara, eso si, balas muy tangibles. Será muy interesante seguir la pista de estos artefactos y de los objetos que sean capaces de reproducir. Puede que sea una de esas revoluciones silenciosas que sin darnos cuenta nos cambien la vida.


Notas

Nota del editor: Un par de días después de editar este artículo me encuentro con esta noticia donde se describe como la NASA ya está tras un proyecto de impresión de comida. Curioso cuando menos.

© Luis Del Barrio
(737 palabras) Créditos