El mito del héroe
por Gustavo Piñeiro

En los momentos de crisis, individuales o colectivas, muchos humanos (no me atrevo a decir que los humanoides en general) no pueden evitar el anhelo consciente o inconsciente de que aparezca un héroe, de que llegue ese ser extraordinario que nos salvará y nos devolverá otra vez a la senda buena y segura que nunca debimos haber abandonado.

Si hablamos de héroes, en ningún universo, ya sea real, ficticio, paralelo o ucrónico, nadie, absolutamente nadie, ha llevado sobre sus hombros un peso tan grande como el del doctor Hari Seldon. Creo que Seldon, el personaje creado por Isaac Asimov, no necesita mayores presentaciones, pero de todos modos hablaré un poco de su contexto social. Estamos a más de 20.000 años en el futuro y toda la Humanidad (siempre con mayúsculas cuando se trate de ciencia-ficción) vive bajo el gobierno del Imperio Galáctico; veinticinco millones de mundos, un cuatrillón de habitantes, todos bajo el gobierno del Emperador; nunca ha habido y tal vez no habrá jamás un estado tan complejo, rico, poderoso... y decadente. Porque el Imperio está en decadencia y en pocos siglos (pocos comparados con sus 12.000 años de existencia) se desmembrará y la Humanidad vivirá en un caos que durará 30.000 años.

Pero Seldon ha creado la psicohistoria, una ciencia sociomatemática que le enseña, no como evitar la Caída del Imperio (más mayúsculas por favor), porque evitarla sería imposible, pero sí le dice cómo reducir el período de caos y anarquía a «solamente» mil años. Y es así como Seldon desarrolla su Plan, el que deberá desembocar en un Segundo Imperio más estable, justo y equitativo.

Si en algo creía Asimov era en la Ciencia (otra vez con mayúsculas) y no es de extrañar, por lo tanto, que su héroe sea un matemático; tampoco debe sorprendernos que sea la psicohistoria, una ciencia creada por él (sin que se sepa si el «él» se refiere a Seldon o a Asimov) la que, como decía más arriba, devuelve a la Humanidad a la senda buena y segura.

Sin embargo, los héroes a veces fallan, y muchas veces por causas fortuitas. CIUDAD, de Clifford D. Simak es una novela del año 1955 que narra, básicamente, la historia de la extinción de la Humanidad, aunque esa extinción no se produce por una guerra global, una plaga o cualquiera de las muchas catástrofes tan familiares a los seguidores de la ciencia-ficción. La extinción en este caso es lenta, gradual, tarda literalmente milenios y está causada básicamente por una especie de cansancio racial. La causa es interna, está en la misma naturaleza humana, a diferencia de la Caída del Imperio que es causada por factores sociales corregibles (aunque corregibles con cierta dificultad).

Los humanos aparecen en CIUDAD siempre insatisfechos consigo mismos, siempre buscando nuevos caminos que nunca pueden encontrar. «Se te ve preocupado», le dice en cierto momento un perro parlante a un hombre y éste le responde «Los humanos siempre estamos preocupados».

¿Y quién es el héroe en CIUDAD? Uno de los primeros capítulos narra la historia de un filósofo que afirma haber encontrado un modo de vida revolucionario que adelantaría a la Humanidad «cien mil años en dos generaciones», pero (nada es sencillo) justo antes de revelar su descubrimiento el filósofo sufre un ataque cerebral. No muere, sino que queda inconsciente; muy grave, pero en condiciones de ser curado. Sin embargo, el único médico que puede salvarlo, el único capaz de realizar la operación que le salvaría la vida, sufre de agorafobia y demora en decidirse a dejar su casa. Esa indecisión es fatal, pues a causa de ella el filósofo muere y su idea se pierde. Pero no se pierde para siempre (como dije antes, nada es sencillo) porque muchos siglos después la idea es redescubierta, aunque ya es demasiado tarde para que pueda ser útil y de hecho, en cierto modo, acaba contribuyendo a la caída de la Humanidad.

¿Cuál es la conclusión? ¿Cuál es la visión «real»? ¿La de Asimov, que nos dice que cuando lleguen los tiempos oscuros nos conviene confiar en la Ciencia, porque es ella la que nos salvará (o, en el peor de los casos, la que salvará a nuestros tataranietos)? ¿O la de Simak en CIUDAD que nos dice que todo es inútil, que es la Humanidad misma la que lleva en su naturaleza la causa de su decadencia y que ningún héroe vendrá a rescatarnos? ¿Estoy hablando de una crisis económica, del calentamiento global, de la contaminación? ¿O estoy diciendo que los héroes no existen y que «la fuerza está en todos nosotros»? No, damas y caballeros, no estoy diciendo nada de eso. La ciencia-ficción es sólo entretenimiento, no enseña, no deja moralejas, no desata reflexiones, es sólo literatura escapista, créanme, se los aseguro como que 2 más 2 es siempre igual a 5.

© Gustavo Piñeiro
(986 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Asimovia Guinea el 13 de enero de 2013