Sobre CRÓNICAS MARCIANAS
Crónicas Marcianas, una lectura antropológica
por Omar Ferretti

Además del placer que proporciona su lectura, la célebre novela de Ray Bradbury revela una serie de reflexiones sobre el encuentro entre propios y extraños.

Ya en el siglo II de nuestra era, los universos vislumbrados a través de fabulosos viajes imaginarios alimentaba la fantasía de escritores y poetas.

Borges cita a este respecto la HISTORIA VERÍDICA de Luciano de Samosata; una obra fantástica que, entre otras maravillas, describe a los «selenitas» —supuestos habitantes de la luna— «hilando y cardando metales, y bebiendo zumo de aire fresco exprimido».

Mucho tiempo después, en pleno Renacimiento italiano, Ludovico Ariosto cuenta la travesía de un héroe que es transportado al espacio en un carro tirado por cuatro caballos de fuego.

Al llegar a la luna, encuentra allí todo lo que en la tierra se había desperdiciado: la malograda inteligencia de algunos hombres y mujeres, las ocasiones desaprovechadas, las horas perdidas, las lágrimas y suspiros de los amantes despechados.

Una fantasía inquietante

A diferencia de estos primeros viajes imaginarios por el espacio, los relatos que componen la novela de Bradbury, son el resultado de una fantasía mucho más inquietante y metafísicamente más aterradora.

Es justo reconocerlo, la inquietud y el terror que despierta la lectura de CRÓNICAS MARCIANAS se debe, en buena medida, al hecho de haberse publicado en 1950.

Es que para esta época, el desarrollo alcanzado por la ciencia y la técnica ya presagiaban que la idea de viajar a otros planetas no era el fruto de una fantasía poética e irresponsable; sino más bien una posibilidad concreta a realizarse en un futuro no tan lejano.

El género fantástico como alegoría

En una suerte de autobiografía titulada ZEN EN EL ARTE DE ESCRIBIR, Bradbury define a la ciencia-ficción como «el intento por expulsar a los viejos demonios guardados en el placard, mientras se finge mirar para otro lado».

Así, el género literario cultivado por este escritor norteamericano se convierte bajo el influjo mágico de su pluma, en una alegoría casi perfecta para hablar de los terrores más cotidianos que angustian la existencia del hombre moderno.

CRÓNICAS MARCIANAS, la novela

Bradbury comenzó a escribir sus crónicas marcianas en 1946. hacia 1950 ya había reunido una veintena de relatos que oscilaban entre la fantasía y el terror. En verdad, su idea original era editar con ellos una colección de cuentos.

Si bien no había un hilo argumental que las uniera, todas estas narraciones presentaban un común denominador: hablaban de viajes espaciales y del intento del ser humano por colonizar el planeta Marte.

Impresionado favorablemente por su lectura, el editor neoyorkino Walter Bradbury (ningún parentesco con Ray) intuyó que detrás de esos relatos dispersos se encontraba una gran novela.

Tras comunicarle esta impresión al escritor, en el lapso de una semana recibía en su despacho la obra terminada; un total de veintisiete historias ordenadas cronológicamente desde enero de 1999 hasta octubre de 2026.

CRÓNICAS MARCIANAS y su relación con la guerra fría

Derrotados el fascismo europeo y el expansionismo japonés, se inicia, tras la Segunda Guerra Mundial, la denominada Guerra Fría.

Los antiguos aliados se pelean y, como consecuencia de esta rivalidad, la geografía política mundial se va a alinear detrás de alguna de las dos grandes superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética.

En ambos bloques, el desarrollo científico y técnico se pondrá al servicio de la carrera armamentista y de la espacial. Por supuesto, la posibilidad latente de una conflagración mundial con armas nucleares, despertará la ansiedad de la gente.

No se puede pasar por alto que los viajes espaciales en cohetes, presentes como leitmotiv en CRÓNICAS MARCIANAS, guardan una natural y estrecha relación con la conquista del espacio que en ese momento llevan a cabo estas dos superpotencias mundiales.

De la Tierra a Marte, el encuentro entre civilizaciones

Los noventa millones de kilómetros que deben recorrer las expediciones humanas para cubrir la distancia que hay entre la Tierra y Marte, hace suponer en la novela que el encuentro entre civilizaciones tan distantes estará signado por el asombro.

«El asombro —comenta la antropóloga argentina María Chiriguini— estará siempre presente que se produce el encuentro o enfrentamiento entre sociedades diferentes, requiriendo cierto nivel de incomprensión, de ininteligibilidad del otro y sus actos».

Los hombres de la tierra, agosto de 1999

En este relato, una de las expediciones no sale de su asombro al comprobar que los marcianos los reciben fríamente; de manera muy descortés, le dicen que están muy ocupados con sus cosas para perder el tiempo escuchando historias de otros planetas.

Pero los humanos insisten y tratan de encontrar otro tipo de bienvenida. Buscan entonces, una autoridad más competente y dan con un edificio majestuoso que parece un ministerio del gobierno marciano.

En este lugar, les hacen llenar formularios y deben realizar toda una serie de trámites estúpidos y engorrosos. Finalmente, los conducen a una enorme habitación sin ventanas y llena de gente. Se trata de un manicomio.

Por las noches, los enfermos mentales son capaces de proyectar sus alucinaciones bajo extrañas y fantasmagóricas figuras que salen de sus bocas.

Con el transcurrir de las horas, la distinción entre lo alucinatorio y lo real comenzará a desdibujarse y los humanos ya no podrán saber muy bien qué corresponde a una cosa y a la otra.

Nuestro mundo, otros mundos

Algunas civilizaciones establecen límites para defenderse de los extraños. Uno de ellos consiste en considerar al otro como una amenaza. Es lo que el antropólogo Albert Memmi denominó como heterofobia; esto es, el rechazo agresivo hacia el extraño o diferente.

A veces, el extranjero representa para la sociedad receptora la cara de la alteridad absoluta. En tales casos, una voluntad de poder intentará silenciar, encerrar, reprimir o, directamente, eliminar al otro; y la razón de todo esto es el temor que despierta.

Al poner frente a frente lo propio con lo extraño, a nosotros con los otros, los universos vislumbrados en CRÓNICAS MARCIANAS se convierten en metáforas. Y éstas enseñan que se puede hablar de nuestro problemas, nuestras alegrías y nuestras desesperaciones, aunque en realidad, aparentemos mirar hacia otro lado.

© Omar Ferretti
(1.093 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Suite 101 el 18 de septiembre de 2011