¿Y dónde quedaron los neandertales?
por Jorge Romo

«Los neandertales han sido víctimas del prejuicio», comenta el divulgador científico mexicano Sergio de Régules. Desde el descubrimiento de los primeros fósiles de estos primos evolutivos del ser humano (ojo: ya quedó a tras la idea de que somos descendientes de ellos) a mediados del siglo XIX en el valle de Neander, cerca de Düsseldorf, Alemania, se creyó durante mucho tiempo que se trataba de seres toscos, grotescos y brutos, sobre los cuales no valía la pena poner mucha atención.

Hasta mediados del siglo pasado cambió la visión sobre estos ejemplares del género Homo. William Stuart y A. J. E. Cave, dos paleoantropólogos interesados en estos fósiles, reconstruyeron al neandertal y descubrieron que el arquetipo tosco con el que se le representaba era un mito: el Homo neanderthalensis era mucho más parecido al Homo sapiens de lo que se creía. Es un tanto famoso un párrafo que escribieron sobre este primo evolutivo: «Si pudiera reencarnarse [el neandertal] y meterse en el metro de Nueva York (limpio, bien afeitado y vestido a la moda), posiblemente no llamaría más la atención que cualquier otro de sus ocupantes».

A partir de aquel lejano año de 1856 cuando se descubrieron los primeros fósiles de neandertal, sabemos algunas cosas sobre éste. Se cree que pudo haber desarrollado alguna especie de lenguaje, esto gracias a que el Proyecto del Genoma del Neandertal ha mostrado, entre otras muchas cosas, que poseía una variante del gen FOXP2, el cual está relacionado con la adquisición y especialización del lenguaje en los seres humanos. Por otra parte, las excavaciones en zonas donde habitaron los neandertales muestran que éstos cuidaban de sus enfermos, realizaban ceremonias en recuerdo a sus muertos (incluso practicaban una especie de canibalismo ceremonial en el que arrancaban la carne de sus difuntos), adornaban su cuerpo con distintas plumas quizás para tener cierto poder o estatus, elaboraban pinturas en cuevas, eran cazadores-recolectores, utilizaban el fuego, se alimentaban de verduras e incluso tenían huertos, entre muchas otras cosas.

Pero también hay mucho que no se saben sobre estos primos evolutivos. ¿Realmente poseían una especie de pensamiento simbólico sobre las cosas? ¿Por qué fue que se extinguieron hace unos 30.000 años? ¿Fue acaso la falta de recursos lo que acabó con la población? ¿No sobrevivieron a los cambios climáticos pese a que la evidencia muestra que estaban adaptados a las bajas temperaturas? ¿Realmente tuvieron contacto con los humanos? ¿Los humanos acabaron con ellos? ¿Llegaron a aparearse con éstos?

Durante la segunda mitad del siglo XX, la comunidad científica ha optado por la convivencia entre las dos especies: Homo sapiens y Homo neanderthalensis. Se ha considerado que ambas especies cuentan con un ancestro en común del que derivaron, hace unos 500.000 años, los primeros neandertales, quienes poblaron diversas extensiones de Europa, medio oriente e incluso ciertas zonas de Rusia. Mientras tanto, en África, otra fracción de ese ancestro derivó hace 100.000 años en el hombre de Cro-Magnon, es decir, en los primeros especímenes del Homo sapiens. A partir de ahí, éste se extendió por Europa y Asia, entrando posiblemente en contacto con el hombre de neandertal, lo que derivó a su vez en posibles apareamientos y a la larga en disputas.

En 2010, un estudio internacional dirigido por Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología de la Evolución en Leipzig, Alemania, publicó un artículo en la revista Science en el que se ofreció evidencia que sugiere que realmente hubo cruzas entre humanos y neandertales. A partir de algunos fragmentos de tres hembras de neandertal, lograron reconstruir el 60% del genoma de éste y lo compararon con el genoma de cinco personas de distintas regiones de Europa y Asia. Los resultados han dado mucho de qué hablar: el Homo sapiens y el neandertal comparten entre el 1 y el 4% del DNA. «Los neandertales no están totalmente extintos. En pequeña medida, continúan existiendo en algunos de nosotros», opina Pääbo.

Pero esta interpretación del análisis se ha encontrado con algunas críticas. Un estudio publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences y dirigido por Andrea Manica, de la Universidad de Cambridge, ofrece todo su escepticismo a estas cruzas y a los híbridos que pudieron resultar de las mismas. Según Manica, el hecho de que humanos y neandertales compartan hasta el 4% del genoma no es evidencia de apareamientos, sino que refuerza la evidencia a favor de que ambas especies provengan de un ancestro en común.

Se hayan cruzado o no los humanos y sus primos neandertales, la curiosidad y el entusiasmo por estos seres se han mantenido, al grado que ha inspirado toda clase de historias en el cine y la literatura.

LOS HEREDEROS (1955), segunda novela del celebérrimo William Golding (autor de la famosísima EL SEÑOR DE LAS MOSCAS), explota con detalle el encuentro entre humanos y neandertales, aunque desde la perspectiva de los últimos. La historia, cautivante aunque exigente, describe cómo unos nuevos seres han llegado al territorio y como su habilidad y forma de pensar a la larga hará a un lado a los neandertales. La gran virtud de la novela de Golding es que se inventa toda una nueva forma de ver y describir las cosas: si uno era neandertal, seguramente conceptualizaba las cosas de una manera un tanto distinta al ser humano.

LA GUERRA DEL FUEGO (1981), es una película francesa dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Everett McGill y Ron Perlman. Basada en la novela LA CONQUISTA DEL FUEGO, de J. H. Rosny, la historia nos cuenta cómo los neandertales conservan el fuego pero no saben cómo generarlo. Una vez que un miembro de la tribu lo apaga por accidente, ésta se ve en la necesidad de salir en busca de uno nuevo. Entre algunas de las curiosidades de esta película, destaca que está hablada en un idioma gutural (creado por el gran Anthony Burgess, autor de LA NARANJA MECÁNICA) y gestual (propuesto y supervisado por el polémico Desmond Morris, autor del clásico EL MONO DESNUDO). Si bien la historia está muy atrasada en cuanto a descubrimientos científicos se refiere, e incluye no sólo a los humanos y los neandertales, sino también al Homo erectus (que existió muchísimo antes que ambas especies), resulta una curiosidad para el espectador interesado.

Y cómo olvidar el cuento clásico EL CHIQUILLO FEO, de Isaac Asimov, que sería novelizado junto con Robert Silverberg y lo conoceríamos en español como HIJO DEL TIEMPO. Pese a que la historia de la novela también explora el encuentro entre neandertales y humanos y cómo éstos hicieron a un lado a los primeros, lo novedoso de la historia sigue siendo cómo un niño neandertal es traído del pasado para estudiarlo y cómo su cuidadora, una mujer aparentemente sin muchos sentimientos, se encariña en demasía con el pequeño y es capaz de cualquier cosa con tal de permanecer a su lado.

No sabemos exactamente qué fue lo que extinguió al Homo neanderthalensis, aunque actualmente la comunidad científica se inclina por el cambio climático como el factor que diezmó a estos primos evolutivos, y, en menor medida, el papel que el Homo sapiens jugó como una especie territorial, más inteligente y agresiva que acabó con los pocos neandertales que quedaban. Habrá que estar atentos a los nuevos descubrimientos que seguramente mostrarán un poquito más acerca de estos parientes evolutivos que desaparecieron súbitamente hace unos 30.000-28.000 años.

© Jorge Romo
(1.230 palabras)