Gracias Curtis
por Antonio Quintana Carrandi

En memoria de Juan Gallardo Muñoz

Los entusiastas de los bolsilibros estamos de luto riguroso. Hace unos días fallecía Juan Gallardo Muñoz, uno de los autores más representativos de la literatura de evasión en lengua española. La noticia de su muerte conmocionó al colectivo de aficionados que, a través de Internet y las redes sociales, tratamos de recuperar y reivindicar la obra y la memoria de aquellos forzados de la pluma que, trabajando a destajo y no siempre en las mejores condiciones profesionales, tanta alegría llevaron a nuestra infancia y juventud con sus modestos pero siempre emocionantes relatos.

La primera novela suya que leí fue, con toda seguridad, de ciencia ficción, aunque a día de hoy no recuerdo su título. Esto tal vez se deba al hecho de que, en lo que a la ciencia-ficción se refiere, Curtis Garland nunca fue uno de mis autores preferidos. Sus novelas de esta temática eran entretenidas y a menudo sorprendentes, pero, por la razón que fuese, no me enganchaban tanto como las de otros colegas suyos. En mi modesta opinión, Gallardo destacó más en los géneros policiaco y del Oeste. Pero la temática en la que demostraría ser un verdadero maestro fue, a mi juicio, la del terror. A principios de los años setenta, Bruguera lanzó su celebérrima serie Selección Terror, de la que Gallardo llegaría a ser el autor estrella, firmando habitualmente como Curtis Garland, y ocasionalmente como Donald Curtis. Todavía conservo la primera obra de horror suya que cayó en mis manos, NECROFAGIA, nº 35 de ST, aparecida en octubre de 1973. Esta fue, también, la primera novela de terror que leí, por lo que ocupa un lugar destacado en mi extensa biblioteca de bolsilibros. Se trataba de un relato absorbente, con una conseguida e inquietante atmósfera gótica, que devoré de un tirón una fría y lluviosa noche invernal de hace ya demasiados años. La obra me impresionó tanto que Garland pasó a ser mi autor de cabecera en ése género, como Lou Carrigan lo era en el policíaco, Mallorquí en el Oeste, y Enguídanos, Luis García Lecha y Ángel Torres Quesada en la ciencia-ficción. Con el paso del tiempo, fui atesorando centenares de bolsilibros de todas las temáticas, y no tardé mucho en adivinar que Curtis Garland y Donald Curtis eran la misma persona, de modo que organicé una sección aparte en mi biblioteca para él, en la que, como es natural, la ciencia-ficción y el terror ocupaban un lugar destacado. Muchos años más tarde llegaron a mis manos unos westerns editados por Astri y firmados por un tal Kent Davis. Me bastó leer uno de ellos para identificar el estilo inconfundible de Donald Curtis, seudónimo con el que Gallardo firmaba sus novelas del Oeste publicadas en las colecciones de Bruguera. Gracias a los trabajos del experto y documentadísimo José Carlos Canalda, a quien mando un saludo desde aquí, supe que Gallardo, al igual que otros muchos autores de bolsilibros, había firmado buena parte de sus obras con una colección de alias de lo más variopinta, lo que me facilitó considerablemente la tarea de buscar novelas suyas con las que enriquecer mi fondo bolsilibresco. Actualmente, la sección dedicada a este magnífico autor es la cuarta en importancia, por número de ejemplares, de mi biblioteca de bolsilibros. Y eso sin contar las obras suyas que he podido conseguir a través de la red en formatos digitales, que también son numerosas.

Aparte su vasta producción bolsilibresca, Juan Gallardo escribió un buen puñado de obras de las más diversas temáticas, siendo uno de los pocos autores que logró seguir escribiendo y publicando tras la desaparición de las editoriales especializadas en bolsilibros. Entre esas obras destaca YO, CURTIS GARLAND, una breve pero completa autobiografía, publicada por Editorial Morsa, que ha devenido en un documento imprescindible para todo aquel que desee profundizar tanto en la vida de Juan Gallardo Muñoz, como en la historia de la novela popular española.

Los bolsilibros o novelas de a duro, como cariñosamente se las conoció en España durante mucho tiempo, marcaron profundamente a varias generaciones de lectores de habla castellana en todo el mundo, mal que les pese a los adalides de la cultura elitista y snob, que tanta bilis vertieron contra ellos sólo por simple y pura envidia. Aquellos modestos e industriosos trabajadores de la pluma tan sólo aspiraban a proporcionar a sus lectores un poco de sano entretenimiento, que les permitiese evadirse, siquiera durante un par de horas, de una realidad a menudo triste y gris. Lograron su objetivo con creces, y aunque sólo fuera por eso, merecerían ser recordados con respeto. Juan Gallardo Muñoz, Curtis Garland —su seudónimo más popular— fue uno de los mejores. Así pues, gracias, Curtis, por la felicidad que trajiste a mi existencia con tus inolvidables relatos.

© Antonio Quintana Carrandi
(798 palabras)