Criticando a Carl Sagan
por Jorge Romo

Carl Sagan fue uno de esos astrónomos que supo conquistar a su público. No tanto por su labor como investigador, sino por la habilidad para transmitir en sus libros la pasión por lo científico de una manera amena y atractiva. No está de más decir que junto con autores como Isaac Asimov, Stephen Jay Gould o Richard Dawkins, Sagan es reconocido por esa habilidad casi innata para la divulgación de la ciencia.

Pero también estuvo en la lente de científicos y filósofos de todo tipo y recibió una gran cantidad de críticas. Una de las más curiosas se concentra directamente hacia un ejemplo aparecido en el libro EL MUNDO Y SUS DEMONIOS. En uno de los capítulos, un supuesto contactado envía una carta al famoso astrónomo para comentarle que mantiene contacto directo con seres provenientes de otros mundos. En respuesta, Sagan, que también era un férreo escéptico, pedía evidencia contundente a su remitente. La solicitud que hizo fue la siguiente (no cito textualmente): «¿podría por favor resolver el teorema de Fermat?». El astrónomo comenta que recibía un silencio absoluto, pero cuando preguntaba sobre algún mensaje que los visitantes podían dar a la humanidad, los contactados siempre tenían alguna respuesta relacionada con la paz mundial o el deterioro del medio ambiente.

¿Es válido pedir a un contactado y a un supuesto extraterrestre que resuelvan un teorema? No del todo. Sagan siempre fue uno de los partidarios de la idea de que las civilizaciones extraterrestres (hoy llamadas civilizaciones comunicativas: SETI ha querido ahorrarse el problema al definir lo que es la inteligencia) tendrían algo en común: el lenguaje de las matemáticas; en este sentido, cualquier extraterrestre sería capaz de entender el teorema. Sin embargo, no hay garantía de que una supuesta inteligencia alienígena desarrolle ni cercanamente un sistema matemático similar al nuestro (si es que acaso esa inteligencia desarrollara algún lenguaje de este tipo) Nuestra situación, en caso de que efectivamente recibiéramos una señal de radio alienígena, sería más parecida a la de la novela LA VOZ DE SU AMO, de Stanislaw Lem, que a la de CONTACTO, del mismo Sagan.

Otra de las críticas se refiere a la manera de hablar sobre la ciencia. Utilizando un lenguaje que tendía a lo literario, este divulgador científico se refería al acontecer científico de una manera contundente y romántica. Un ejemplo aparece a la vista en la serie Cosmos: en uno de los episodios, Sagan se refiere a la ciencia no como un generador de conocimiento confiable sobre la naturaleza, sino como la «verdad». Asimismo, en varios de sus libros argumentaba que frente a una disputa entre científicos sobre la validez de sus teorías, al final éstos eran lo suficientemente abiertos como para aceptar que la nueva teoría era mejor que la anterior (o mejor que la que defendían) ¿Todo esto tiene sustento?

Para los sociólogos de la ciencia británicos Harry Collins y Trevor Pinch, las denominadas «polémicas científicas» surgen cuando hay una disputa entre los científicos para explicar un fenómeno observado. Los argumentos de cada bando son utilizados para ganar el debate y convencer al grueso de la comunidad científica de que su postura es la correcta. Así, la discusión también es una batalla por la credibilidad. Por más evidencia que algunas teorías tengan en contra, muchos científicos defenderán a muerte su propia postura antes que darle la oportunidad a los contrincantes de tener la razón.

¿Y la ciencia es la verdad? Posiblemente es parte de la verdad. Hay que recordar que la ciencia crea modelos para entender los fenómenos que estudia y que éstos pueden descartarse o incluso perfeccionarse. No hay verdades absolutas por más doctorados que presuman los científicos. Así, y como comenta el filósofo austriaco Paul Feyerabend (quien fue un férreo crítico del racionalismo en el pensamiento científico) por supuesto que la ciencia funciona y es muy útil, pero siempre habrá sesgos.

Así, muchos astrónomos y filósofos agradecen el poder de convocatoria de Sagan para atraer estudiantes a involucrarse en una carrera científica. Sin embargo, comentan que al entrar a las carreras de ciencias, éstos deben ser «desaganizados» para evitar que crean que el quehacer científico sólo consiste en una visión romántica del universo o en verdades absolutas.

Aún así, disfrutemos los libros de Carl Sagan, uno de los mejores divulgadores científicos que ha habido, y sumerjámonos en su lectura para saber un poquito más de ciencia, pero siempre hay que leerlo con cierta precaución.

© Jorge Romo
(735 palabras)