Especial Decimosexto Aniversario
Sobreviviendo a los años oscuros
Especial Decimosexto Aniversario
por Alejandro Caveda

Una de las escenas que más me llamaron en su momento la atención de la primera entrega de MATRIX (1999) era aquella en la que el agente Smith le explicaba a un cautivo Morfeo que los seres humanos habían rechazado la primera versión del programa por ser demasiado perfecta y optimista. Y ello era así porque, añadía el personaje interpretado por Hugo Weaving, la humanidad se definía a sí misma a través del dolor y el sufrimiento.

No siempre ha sido así. Muchos intelectuales y escritores decimonónicos encaraban el futuro con un entusiasmo casi ingenuo, fruto de la revolución industrial y el culto a la diosa Razón. La ciencia y el progreso tecnológico, pensaban, liberarían al ser humanos de los trabajos más duros y mecánicos para conducirle a un estado cada vez más noble y elevado. Sin embargo la llegada del siglo XX con su bagaje de guerras mundiales, civiles, frías, calientes y genocidios, provocó un cambio de perspectiva que se concretó en corrientes literarias tan oscuras y pesimistas como la ciencia-ficción catastrófica o las anti-utopías tales como UN MUNDO FELIZ (1932) de Aldous Huxley o 1984 (1949) de George Orwell.

Distopía: lo contrario de utopía. Un mundo en el que la realidad discurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. Curiosamente, muy pocos de estos primigenios profetas del Apocalipsis pensaron que el principio del fin no vendría a lomos de un caballo blanco, sino dentro de un libro de cuentas, salvo tal vez H. G. Wells que en LA MÁQUINA DEL TIEMPO (1895) imaginaba un futuro en el que la lucha de clases —tal y como la había postulado Marx — cobraba un nuevo sentido a través de la casi simbiótica relación entre los Eloi y sus sirvientes (¿o depredadores?) los Morlocks. O su discípulo más aventajado, Richard Morgan, que en LEYES DE MERCADO (2006) recrea un futuro cercano en el que la globalización ha llegado a sus últimas consecuencias. Sin olvidarnos de títulos no menos interesantes como el primer MAD MAX (1979) o la trilogía de Los juegos del hambre de Suzanne Collins, versión teen y palomitera de novelas más oscuras como LA LARGA MARCHA (1979) o EL FUGITIVO (1982) de Stephen King que resumen como pocas la premisa de la que parte este texto: y es que cuando el mundo se va al garete, resurge el individualismo más feroz y competitivo.

¿Sobreviviremos a este periodo de crisis e incertidumbre? Seguramente sí. Como diría el capitán Alatriste, de peores hemos salido, compañero. Otra cosa es como. Y es que lo que estamos viviendo no es tanto un final como un punto y aparte. Un cambio de ciclo. Claro que nadie garantiza que los cambios, cuando llegan, sean necesariamente a mejor. En cualquier caso suelen ser caldo de cultivo de buenas historias. Quién sabe, tal vez dentro de no mucho tiempo alguien escriba una crónica en clave fantástica de estos Años Oscuros que, a su manera, están resultando ser mucho más terribles que los vividos por John Connor y el resto de la resistencia humana frente a Skynet.

Una última reflexión para el camino: tal vez los mayas, después de todo, si tenían razón y fuimos nosotros los que no supimos entender que, cuando hablaban del fin del mundo no lo hacían en un sentido literal, si no que se referían al principio del fin de algo. Tal vez el de una forma de vida y de entender la sociedad. Y es que, históricamente hablando, a veces avanzamos cuatro pasos para retroceder dos a continuación. Ese parece ser nuestro aciago destino como especie.

© Alejandro Caveda
(598 palabras)
Alejandro Caveda mantiene el blog El zoco de Lakkmanda