Especial Decimosexto Aniversario
Ying y Yang
Especial Decimosexto Aniversario
por Jacinto Muñoz

Yin y yang, Izquierda y derecha, positivo y negativo, bien y mal, y todos los ejemplos que se os ocurran. La vida es creación y destrucción, tales son los dos grandes principios que gobiernan el devenir del mundo.

Puede que sea así, puede que no. Según nuestro modelo físico del universo, sólo una de las cuatro fuerzas fundamentales se ajusta a este esquema dual, pero a mi me viene bien para comenzar esté artículo y hablar de crisis, de ciencia-ficción y de las visiones que en su día se tuvieron del futuro, con otra dicotomía: pesimismo y optimismo. Lo del justo medio, quede para otra ocasión.

Una visión optimista y otra pesimista. La ciencia y la técnica, llevaran al hombre a nuevas cotas de felicidad, libertad y poder o por el contrarió lo arrastrarán a nuevas formas de esclavitud y explotación hasta su anulación y destrucción. Dos perspectivas que están presentes desde el origen, si lo situamos en Verne y Wells, y que nos han acompañado según la propia historia de la humanidad, marcaba uno u otro camino. Porque, salvo preclaras excepciones, las «profecías» no suelen sustraerse con facilidad de los signos de los tiempos.

Me dejaré muchas cosas en el tintero, como la «new age» o el eterno debate sobre la inclusión en el género de Huxley y Orwell, visiones negativas ambas, dicho sea de paso, pero sirva lo que sigue como muy resumido resumen.

Hubo unos años, edad de oro para algunos, en que el hombre y su poder, pondrían fin al pecado original. La humanidad —al menos una gran parte de ella, una minoría, por más lista o despiadada, se ha venido librando desde hace siglos del yugo del trabajo— ya no tendría que seguir sudando para ganarse el pan. El futuro se pintaba claro y el universo sería conquistado a la vuelta de la esquina. Eran los tiempos de optimismo tecnológico y aventuras espaciales. Habría crisis y guerras, grandes imperios y grandes decadencias, pero con buenos y malos. El porvenir iba a ser a ser como el pasado, eso sí, con muchas máquinas y con el bien, al final, triunfando.

Más tarde, las cosas cambiaron, llegaron los setenta y los buenos se volvieron malos y los malos buenos o todos se volvieron malos. Las guerras ya no eran guerras contra los poderes oscuros, el espacio más allá de la luna siguió estando demasiado lejos y la revolución tecnológica se inventó otro más cercano y virtual. Surgieron nuevos términos que terminaban en punk y los años venideros, se decoraron de oscuro. Los grandes imperios fueron grandes corporaciones, las conflictos, económicos, las crisis, endémicas y la humanidad un desecho de la gran maquinaria productiva.

Después la crisis también alcanzó a la ciencia-ficción, el siglo terminó, resurgió la fantasía —de lo que habría algo que decir, por lo que supone de retorno a las soluciones mágicas— y con el fin del milenio y el avance de otras ramas del conocimiento, llegaron los desastres climáticos y la liquidación de los problemas por la vía rápida.

No es que sea algo nuevo, de hecho, con causas distintas, ya tuvo su momento en los años de la guerra fría. Más aún, la tentación de borrón y cuenta nueva, es tan antigua como la humanidad y no cabe duda, destruir el mundo, tiene su punto.

No me malinterpretéis, no me he vuelto tan loco como para desear la pronta llegada del Apocalipsis, quiero decir que lo de no dejar piedra sobre piedra es uno de esos deseos oscuros que funciona muy bien como reclamo. Lo hemos visto hace nada con lo de los Mayas o la proliferación de «preparacionistas» por todas partes y en cierta medida, se le puede encontrar una explicación lógica. Cuando el túnel se alarga y nunca se vislumbra la luz del final, empezar de nuevo, limpiar a fondo, aplanar y reconstruir desde la nada, sin repetir los errores del pasado, puede presentarse como la mejor solución. Dejar el trabajo, dejar la ciudad, a la mujer o al marido, es una seducción clásica a nivel personal en todas las crisis estándar, la de los cuarenta cincuenta o sesenta y por supuesto en las imprevistas. Su traslación a lo colectivo es inevitable.

Los medios para lograrlo han sido muchos: catástrofes naturales, invasiones extraterrestres, guerras nucleares, plagas, meteoritos, agujeros negros, ordenadores descontrolados o indeterminados; y en la ciencia-ficción, abundan los ejemplos.

Si como piensan algunos, no es mi caso, incluimos los textos religiosos dentro del género, entre los primeros estaría el diluvio o mas localizado, por la extensión de la zona cauterizada, Sodoma y Gomorra, pero el siglo XX se lleva la palma. Contando La guerra de los mundos que es del 1898, entre cine, series y relatos, ahora mismo se me ocurren: CÁNTICO POR LEIBOWITZ, MAD MAX, LA CARRETERA, 12 MONOS, WATERWORLD, EL MARTILLO DE DIOS, EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO, CALLEJÓN INFERNAL, MENSAJERO DEL FUTURO, LA FUGA DE LOGAN, EL PLANETA DE LOS SIMIOS, El Barco, Revolution, Falling Skies, The walking Dead, Fin, DEUS IRAE, EL FIN DE LA INFANCIA, TERMINATOR...

Una listas con muy distintas calidades y pretensiones, pero con algo en común: puestos a terminar, con crisis o sin ella, lo mejor es terminar con todo.

© Jacinto Muñoz
(870 palabras)
Jacinto Muñoz es colaborador habitual del Sitio de Ciencia-Ficción