Especial Decimosexto Aniversario Francisco José Súñer Iglesias
Futuro negro
Especial Decimosexto Aniversario
por Francisco José Súñer Iglesias

Siempre he sostenido que los autores de ciencia-ficción, por mucho que profundicen en el futuro que nos espera, nunca deben ser considerados como profetas de ese futuro. Ellos se limitan a ver su presente y, asombrados o consternados por lo que les rodea, imaginarse donde puede acabar la humanidad de persistir en los errores y excesos que día a día nos envuelven.

Con todo, y exceptuando los hallazgos felices de turno, resulta difícil que «acierten» (obsérvese el entrecomillado) de pleno previendo ese porvenir que, por definición, siempre será inasible. O bien se desvían muchos grados de la realidad en la que se acaba por vivir o tienden a maximizar los males posibles, hasta un punto que resulta del todo exagerado.

La crisis monetaria, de confianza, de valores, la famosa crisis sistémica que atenaza a la vieja Europa, y por contagio a la mayoría del mundo, resulta en términos globales demasiado sutil como para ser atractiva como escenario en el que narrar un nuevo fin del mundo. No digo que no sea apasionante, una vez destapados todos los entresijos de la ingeniería financiera que nos ha hecho acabar en el fondo del pozo, pero si que se puede hacer ligeramente aburrida si se quiere convertir en aventura atractiva. Son mucho mejores, indiscutiblemente, los efectos devastadores de un cambio climático. Todo pudiera deberse, como creo haber comentado en alguna ocasión, a que no hay muchos economistas que escriban ciencia-ficción, y que mezclar dos disciplinas que se empeñan en describir el futuro resulte más complicado de lo que se podría suponer.

Pero que no cunda el desánimo, ejemplos ha habido de autores que se han preocupado por lo que podría ocurrir si el capitalismo salvaje, en su vertiente darwinista-egoista, se adueñara del poder. No hace falta recordar MERCADERES DEL ESPACIO o EL REBAÑO CIEGO, son ejemplos que están en la mente de todo el mundo.

Lo que siempre me ha resultado desconcertante es que al autor de ciencia-ficción le interesan más las consecuencias que las causas. Como en el par de obras citadas es una sociedad quebrada o alienada la que enmarca la obra, pero como se ha llegado a ese punto es todo un misterio para el lector. Puede que se comente muy de pasada que tal o cual mala decisión provocó que tal o cual mala idea se llevara a cabo con las nefastas consecuencias que se relatan, y generalmente para desarrollar la aventura del protagonista que también en demasiadas ocasiones apenas tiene que ver con el marco en el que se desarrollan. Tramas policiales en las que abundan, clones huidos, adictos a extrañas drogas, hackers sabihondos, fracasados sin remisión, los despojos, en definitiva, de esas sociedades que están tocando fondo. Puede que por su perfil ese tipo de personajes representen de forma esquemática pero amplia la degeneración social, pero tampoco explican como es esa sociedad, apenas como malviven los menos favorecidos en un sistema que se ha convertido en un hormigonado y salvaje remedo de la jungla.

Aunque la crítica es clara y la denuncia de según que abusos evidente, todo ese tipo de novelas de futuro negro no dejan de ser la proyección de todo lo negro que hay en el presente. Al centrar su atención en los perdedores, los marginados de una sociedad podrida no analizan las causas, ni ahondan en las consecuencias, solo se quedan en la anécdota truculenta y grandilocuente.

Hay que analizar bien que se nos cuenta, en demasiadas ocasiones al rascar la mugre lo que se descubre es, en realidad, la aventura de toda la vida, y toda la aparente y cuidada reflexión que parece ser el trasfondo no deja de ser un escenario impostado.

© Francisco José Súñer Iglesias
(615 palabras)