El Eterno Retorno en la obra de Isaac Asimov
por Diego Escobedo

El gran Isaac Asimov, apodado por algunos como el Buen Doctor, se ganó a punta de excelentísimos relatos y novelas su título de uno de los tres grandes de la ciencia-ficción. Para tales efectos fue escogido uno de sus cuentos, ANOCHECER, como el mejor cuento de ciencia-ficción de todos los tiempos, decisión que él mismo consideró exagerada, pero no cambia el hecho de que efectivamente se trata de un fabuloso e inteligente relato.

El argumento era simple: un mundo gozaba de la estable y perpetua luz de seis soles, pasando por un período de oscuridad sólo cada 2049 años, cuando la órbita del planeta en cuestión atravesaba por determinado periplo y un planeta vecino eclipsaba toda luz durante un día, tiempo durante el cual los habitantes, absolutamente desconcertados por las estrellas, y temerosos de la desconocida noche, caían en la locura y el caos total, llegando a incendiar todo lo que tuvieran a su disposición para producir algo de luz con el fuego. Ya pasado el día, el pandemonio ha arrasado con toda la civilización forjada en los últimos dos mil años, lo que lleva los hombres ha comenzar de nuevo, renegando este fenómeno a sus leyendas más arcaicas y desacreditadas, lo que los deja igual de desprotegidos para la próxima noche. Repitiendo indefinidamente el ciclo.

Esto nos habla de un grupo humano que cumple un ciclo autodestructivo, similar al de la familia Buendía en 100 AÑOS DE SOLEDAD, lo que puede enlazarse directamente con la teoría filosófica del Eterno Retorno, concepción filosófica del tiempo postulada en forma escrita, por primera vez en occidente, por el estoicismo y que planteaba una repetición del mundo en donde éste se extinguía para volver a crearse. Bajo esta concepción, el mundo era vuelto a su origen por medio de la conflagración, donde todo ardía en fuego. Una vez quemado, se reconstruía para que los mismos actos ocurrieran una vez más en él.

Así, el Buen Doctor juega con esta metáfora del fuego para mostrarnos una historia enmarcada en esta tendencia cíclica e inherente al ser humano: el instinto a volver sobre nuestros orígenes, cumplir y repetir un ciclo.

Misma visión se puede apreciar, a una escala que sobrepasa lo divino, en otro de sus grandes cuentos LA ÚLTIMA PREGUNTA, donde una interrogante le devanó los sesos a la humanidad durante milenios, ¿Cómo puede revertirse la entropía? para efectos del cuento, la entropía es entendida como el desgaste energético del universo. En un futuro distante en que la humanidad depende exclusivamente del poder de los soles, y ya la última estrella acaba sus días como una enana blanca, la humanidad, en la forma de trillones de consciencias, se funde a la inteligencia artificial más grande de todas: AC, la heredera de la computadora Multivac, para crear una entidad que contestó y resolvió lo que sus antecesores no pudieron, en un universo en que no quedaban estrellas, ni galaxias, ni hombres, ni el espacio o el tiempo, ni más repuestas que contestar. Así, el cuento termina de la siguiente forma.

Y AC dijo: «¡Hágase la luz!». Y la luz fue hecha.

De esta forma, jugando con conceptos de la termodinámica y las teorías del destino final del universo, Asimov nos presenta otro gran ciclo autoconclusivo y auto-reconstructor. Un Nirvana cósmico, posterior a un período de Shuniata, que apuesta por la teoría de que todos conformaremos en algún minuto la divinidad todopoderosa, creadora y reguladora de todo lo que vendrá. Así, del Big Freeze pasamos al Big Bounce, del universo frío pasamos a un universo más de este ciclo de contracción y dilatación.

Un retorno a nuestros orígenes de la creación, relacionable con el concepto de eterno retorno, y el Teorema de la recurrencia de Henri Poincaré. En él se propone que un sistema con una cantidad finita de energía y confinado en un volumen espacial finito, retornará, tras un tiempo lo suficientemente largo, a un estado arbitrariamente próximo al inicial. Ese tiempo puede llegar a ser mucho mayor que el que se predice como tiempo total de vida del universo (1019 segundos) en algunos cálculos cosmológicos.

Postulado que encaja a la perfección con la historia de la Última pregunta.

De esta forma, el Buen Doctor nos brinda esta magnífica historia, que se presta para una multitud de interpretaciones místicas, metafísicas y termodinámicas.

Humanista y bioquímico de profesión, con sus cuentos nos deleitó con está sublime visión del conjunto de la humanidad y del universo, como agentes que cumplen con un ciclo espiritual y termodinámico. Dos posturas, religión y ciencia, conciliadas brillantemente en una sola y ecuménica visión.

© Diego Escobedo
(893 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Mundo Diego el 20 de diciembre de 2012