Generación Kindle, ¿o Kinder sorpresa?
por Antonio Santos

Veamos si logro resolver el dilema, admitiendo que debo incluirme en la Generación K, aunque mi único intento quizás no me sitúe tan en la G. K. como fuera aceptable... por sus exacerbados componentes. Pero, con vuestro permiso, haré el juego de palabras. Y la alusión al huevo Kinder... una novela puede contener una sorpresa dentro también (positiva o negativa).

Bueno, la cosa: un fantasma (nunca mejor escrito) recorre internet y es la falsa certeza de que publicar ebooks en portales como Amazon garantiza salvaje cantidad de lectores (¡e ¡¡ingresos!!!), puesto que esto, amigos, romanos, ciudadanos, no es la librería tradicional ni el mangoneo de las Editoriales con sus equipos de escritores afectos al Régimen (o, léase, el escándalo del premio Minotauro de 2009, cuando premiaron al ovnitólogo y su panda de cazafantasmas de trajín, ¿recordáis?).

Amazon proporciona libertad para escribir, publicar, enmendar, llegar a tan vasto delta de lectores que las Editoriales lo miran con pánico, pues ciertos/as autores/as han podido darle un suculento zarpazo a sus ingresos merced a las facilidades que brinda el citado portal.

...por otra parte, al punto las Editoriales contratan a estos talentos, y los afortunados desde luego no reniegan del generoso protectorado que otorga una firma editorial. El papel aún es el papel, y el sigul Editorial, firme como sentencia de Judge Dredd.

Reconozco que las facilidades que presta Amazon (en plata: la pasta a ganar) fue lo que me atrajo del asunto. La lucha por publicar es durísima, y entre tu falta de suerte y/o talento, la competición con los verdaderos buenos escritores, y luego, los lamebotas que mosconean a un Editor, matando tu oportunidad, ver tu nombre en la cubierta de un libro exige un milagro casi sin precedentes.

Así que Amazon, sí, ¿no? ¿verdad? puentea estas dificultades sugiriendo esperanza; es internet, macho, mil millones de potenciales lectores que puedan querer leer tu obra porque la trama estimula su apetito de ficción. (Como los que me pedían secuela de LAS GRAVES PLANICIES[N], por ejemplo). Cosa de ponerse ¡manos a la obra!

Internet ha generado, comprobado he, leyendas urbanas, como que la gente se comunica entre sí más y mejor. Falso: el personal sigue siendo tribal y se arracima en torno a gurús que obedecen fielmente. Se «juntan» con reducidos puñados de iguales. Se rechaza al forastero con similar virulencia que en la vida real.

No: internet no es la herramienta que une. Si alguna vez se pensó que podía hacerlo, han errado. Inducimos nuestras mañas y manías al sistema. Seguimos estando tan solos como cuando soñamos... porque nos gusta y lo queremos.

Todo esto viene a colación de que la librería Amazon no está abierta, aunque tenga sus puertas de par en par, a un billón de efectivos lectores; como mucho, a unas docenas. Hay excepciones, en efecto, pero la mayoría de los «ocupantes» de la Generación K está viendo, desolados, que sufren idénticos rigores que con los Editores usuales. No importa qué ofreces, cómo lo revistas o publicites. El imperio del papel sigue casi incólume, y los lectores creen a los voceros editoriales que les venden cualquier basura (Dan Brown) porque su libro, como válido sigul de excelencia, lleva camisas de papel satinado. El esfuerzo de pensar por sí..., discriminar, discernir... Uf, no.

Ajá; la gran masa lectora la componen seres semiinconscientes carentes del suficiente número de tics (no ya neuronas) capaces de apreciar calidad en algo. Responden gregariamente a estos estímulos: ¿Es novela premiada? ¿Viene de allende los profundos mares azules? ¿Sí-ajá? La compro. En «allende los profundos mares azules» también hay mucho manta, mas aquí, borreguitos, los ¡aclamáis! sin vacilar; y sobre las novelas premiadas... Jeje. (Minotauro 2009).

Pero aun así esto tiene una (dolorosa) virtud de la cual carece Amazon. El Editor es un filtro (permeable a las «recomendaciones» y «sugerencias») y con frecuencia nos libra de truños. Amazon no: lo ofrece todo, aun las más sucias, fétidas y sanguinolentas entretelas del organismo literario. Y por delante de un gran autor desconocido, que ve en Amazon forma de destacar ante el amiguismo y el desprecio Editorial, hay catorce inexpresables «escritores» que agotan al lector potencial con sus basuras. Te ven a ti, el decimoquinto, y pasan. Han recibido catorce palizas. No son tan masocas como para aguantar otra. Y languideces desapercibido.

Amazon satura su librería de obras deleznables entronizadas por los/las seguidores/as de... y cuya bulla te convence de estar ante El Escritor (o La Escritora) Bueno/a De Verdad. Tantos comentarios favorables... aquí debe haber médula..., piensas. Y, entonces... ¡el cagarro! ¡Y aún quedan trece! De qué mala manera miras al quince, que puede ser el Bueno De Verdad.

La muchedumbre se apunta a Kindle; creen que escribir es pulsar teclas (empezamos mal) y vomitar Vomitar Vomitar las ocurrencias que recalientan sus sesos. Sin correcciones, sin concordancia, sin estilo, ¡muerte a la ortografía y la gramática! Es Amazon, hostia, ¡Generación K por un tubo! Hasta mi mierda huele a perfume. La gente lo comprará porque es ¡ Kindle! ¡cojones, Coño, SÍ!

...o Kinder-Sorpresa. Y qué sorpresa puede ser.

Y frente a los desalentados, otros/as se han encastillado en el término y nos tirotean sin piedad con sus pobres escritos ensoberbecidos por el abyecto apoyo dado por sus serviles lamebotas, patética claque sin vida propia, o prostituas/os literarios que así esperan arrancar migajas al ídolo, grupo que replica las mañas de las cuadrillas en torno a ciertos escritores-de-papel, «mito» literario que les enfebrece.

Amazon puede ser el futuro y «artefacto» que eclipse a las Editoriales, pero su loable «oportunidad para todos» no posee control-de-calidad; muchos/as de los integrantes de la G. K. ni siquiera asumen su impericia, o arrogancia, u ocultan los correctores y «negros» que enmiendan su deficiente prosa. Esa falta de rigor y profesionalidad viciará al lector tanto que cualquier basura le parecerá aceptable, por infumable que sea, mientras sea Kindle. Y no importará, pues nadie recordará qué era lo bueno. Lo fácil, a veces, no significa lo mejor.

La G. K. puede sintetizarse así: ¿esforzarse, trabajar, mejorar? ¡Venga ya! Que lo hagan los romanos, que tenían el pecho de lata. Somos Kindle: ¡triunfadores per se!

© Antonio Santos
(1.035 palabras)
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 7 de noviembre de 2012